
Todo comenzó muy bien para ella. Kimberly Guilfoyle, era embajadora de Estados Unidos en Grecia hasta el martes que fue prácticamente despedida en televisión en vivo, cuando la nueva secretaria de prensa de la Casa Blanca anunció que el presidente Donald Trump le había pedido la renuncia, estuvo comprometida con Donald Trump Jr., el hijo mayor del mandatario. La pareja era dueña de una casa de 9,7 millones de dólares en Florida, aparecía junta en los mítines de Trump y se enviaba publicaciones de adoración en Instagram.
“Enamorándome cada día más de mi prometido”, publicó Guilfoyle en Instagram el Día de San Valentín de 2022. ”@donaldjtrumpjr, eres mi mejor amigo, mi sistema de apoyo y mi chico para siempre”.
“Gracias por estar siempre ahí sin importar lo que nos lancen los que nos odian”, publicó él en 2024. “Te amo”.
Hoy, el hijo de Trump está casado con una modelo y miembro de la alta sociedad de Florida. Y Guilfoyle, quien fue nominada como embajadora en Grecia por el presidente poco después de que el compromiso con su hijo se rompiera hace dos años, se ha quedado sin trabajo tras una serie de reportajes demoledores en The Wall Street Journal, incluido uno que reveló que le pidió a un donante republicano que pagara 100.000 dólares de su tarjeta de crédito American Express justo antes de su audiencia de confirmación en el Senado en julio de 2025.
El ascenso y la caída de Guilfoyle, de 57 años, no fue sorpresa en la Casa Blanca, donde muchos la veían como una extravagante aficionada a las fiestas de dudoso criterio.
Sus partidarios dijeron que, de hecho, ella era una persona con sustancia debajo del glamur. Guilfoyle, exconductora de Fox News y exfiscal en San Francisco y Los Ángeles, estuvo casada alguna vez con Gavin Newsom, quien llegaría a ser gobernador de California y uno de los críticos más abiertos de Trump en el Partido Demócrata.
De cualquier forma, Guilfoyle era parte del círculo íntimo de Trump, con un papel prominente en la familia y en su operación política. La rapidez del presidente para despedirla mostró su disposición a cortar lazos con cualquiera que se convierta en un lastre y una vergüenza. Pero también la dejó a ella con pocos motivos para permanecer leal al presidente y a su familia en un momento en que la autoridad política de Trump está disminuyendo.
Al anunciar su renuncia, ella denunció lo que llamó acusaciones falsas y dijo que defendería con vehemencia su reputación. Al hablar con los periodistas afuera de la Casa Blanca, Trump hizo poco para dar a entender que seguiría manteniéndola cerca.
“Ella no era parte de mi familia”, dijo él. “Ella, creo, salió con mi hijo hace mucho tiempo”.
Guilfoyle, quien llegó a Grecia hace menos de un año, fue, para empezar, una elección muy inusual para el cargo.
En cierto sentido, fue Donald Jr. quien le consiguió el trabajo, aunque de manera indirecta. En diciembre de 2024, él y la modelo y miembro de la alta sociedad, Bettina Anderson, fueron vistos tomados de la mano mientras salían de un restaurante en Palm Beach. Al día siguiente, el presidente electo Trump anunció que Guilfoyle era su elección para ser embajadora en Grecia.
El momento daba a entender que el presidente la quería fuera del país en un momento incómodo para Don Jr., quien se casó con Anderson este año. Los aliados de Guilfoyle dijeron que ese no era el caso, aunque los griegos en ese momento se preguntaban si simplemente estaban recibiendo a la mujer que había sido abandonada por el hijo del presidente.
En Atenas, Guilfoyle causó sensación tan pronto como llegó, en el jet privado de un multimillonario empresario grecoestadounidense. Ella usó un vestido de noche negro parcialmente transparente en una cena de la semana de Acción de Gracias, bromeó con el presidente griego cuando presentó sus credenciales diciendo que estaba trabajando en encontrar un nuevo esposo y se quedó hasta altas horas de la madrugada en las discotecas de Atenas.
“Ay, no llegué tarde, fue como antes de las 3″, dijo Guilfoyle en una entrevista con The New York Times el año pasado, en referencia a cómo había llegado a una discoteca para el espectáculo de estreno de la 1:30 a. m. de su amigo, uno de los cantantes de pop más famosos del país, Konstantinos Argiros.
Los paparazzi la seguían a todas partes, pero los griegos en ese momento dijeron que Guilfoyle trabajaba tan duro como se divertía. Por la naturaleza de su cargo y lo que veían como su acceso a la Casa Blanca, la consideraban una de las personas más importantes del país. Sus palabras en Fox durante la crisis financiera griega en 2015, cuando llamó a los griegos “aprovechados” que debían ser castigados como un perro que “orina en la alfombra”, quedaron mayormente olvidadas.
Al principio, Guilfoyle anunció dos importantes acuerdos comerciales: el desarrollo de un puerto respaldado por Estados Unidos cerca de Atenas y la exploración de gas natural frente a la isla de Corfú. Ambos estaban en marcha mucho antes de que ella llegara a Atenas, pero los funcionarios griegos dijeron que se había involucrado en los planes meses antes y quería que se anunciaran durante su gestión.
Adonis Georgiadis, el ministro de salud de Grecia y vicepresidente del partido conservador gobernante, estaba entre las personas impresionadas. “Cuando fue nombrada por primera vez, la gente decía: ‘¿Y esa quién es?’”, dijo él. Pero si ella da resultados, dijo, “¿a quién le importa si lleva un vestido transparente?”.
Su caída comenzó el mes pasado, luego de que The Journal informara sobre Guilfoyle y sus posibles conflictos de intereses en torno a acuerdos energéticos en los Balcanes.
No está claro qué hará Guilfoyle ahora. Alguna vez fue analista legal para CNN y ABC en Nueva York, y su carrera en Fox terminó en 2018, cuando dos personas con conocimiento de su salida dijeron al Times, bajo condición de anonimato, que había sido obligada a irse debido a acusaciones de conducta inapropiada en el lugar de trabajo.
The New Yorker informó dos años después que Guilfoyle había sido obligada a irse debido a acusaciones de acoso sexual presentadas por una asistente, entre las que se incluía que le había mostrado a la asistente fotografías de los genitales de hombres con los que Guilfoyle había tenido relaciones sexuales.
La revista informó que la asistente había recibido un acuerdo conciliatorio de más de 4 millones de dólares. Guilfoyle negó las acusaciones a través de su abogado en ese momento, y declinó hacer comentarios en la entrevista con el Times el año pasado.
Ella estaba inmensamente orgullosa de su cargo de embajadora. Al final de la entrevista, señaló un documento enmarcado cerca de la entrada a su residencia oficial, Jefferson House, que enumeraba a todos los embajadores estadounidenses en Grecia desde 1948. Hasta la llegada de Guilfoyle, todos habían sido hombres.
“Aquí estoy”, dijo ella y señaló su nombre. “Casi lloro”.
Edward Wong colaboró con la reportería.
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