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La cocaína superó al petróleo: las claves del reportaje de The Economist sobre Colombia

La revista siguió la ruta de la coca desde Cali hasta Europa y se refirió a las promesas de De la Espriella frente al narcotráfico.

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31 de agosto de 2026 - 04:28 p. m.
Foto de referencia. Ejército de Colombia encontró tres piscinas subterráneas con 32.580 galones de cocaína en Nariño.
Foto de referencia. Ejército de Colombia encontró tres piscinas subterráneas con 32.580 galones de cocaína en Nariño.
Foto: Ejército N
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La prestigiosa revista The Economist publicó el fin de semana un ensayo fotográfico del galardonado fotoreportero danés Mads Nissen con el que recorre la cadena completa del narcotráfico en Colombia, desde los barrios periféricos de Cali hasta los laboratorios en la selva y los puertos del Pacífico.

El reportaje calcula el valor global del narcotráfico en USD 15.000 millones y resalta que “la cocaína ha superado al petróleo como la principal exportación de Colombia” siendo “el país el mayor productor de la droga, responsable de aproximadamente el 70 % de lo que se vende a nivel mundial”.

Sin embargo, lo novedoso del reportaje no es esta cifra ni la conclusión sobre las exportaciones colombianas, pues un estudio del centro Valor Público de la Universidad Eafit ya lo había revelado en junio. La publicación de Nissen destaca por documentar cómo esa cifra atraviesa cada capa de la sociedad colombiana, desde los pandilleros de barrio hasta las estructuras armadas que controlan territorios enteros.

Su tesis central es que el narcotráfico ya no puede entenderse como un fenómeno marginal o exclusivamente rural, ya que se ha convertido en una economía paralela que sostiene comunidades enteras donde el Estado no llega con empleo ni con oportunidades reales. También hay que destacar que conecta la cadena con el consumidor europeo. Estas son las claves.

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Potrero Grande, el punto de partida

La historia inicia en Potrero Grande, un barrio de Cali a orillas del río Cauca. Ahí vive Brian, quien carga un arma desde los 15 años. “Así es la vida aquí: guerra, guerra y más guerra”, cuenta.

Según el testimonio recogido por Nissen, muchos habitantes llegaron huyendo de los cárteles rurales y terminan reclutados por esas mismas estructuras ante la falta de empleo formal.

Dejas tu currículum, pero nadie te llama", y luego llega alguien que ofrece dinero fácil a cambio de un encargo violento, cuenta el joven.

El primer eslabón: los cultivos y los laboratorios

Nissen ha seguido el rastro de la coca desde 2016, desde las fincas andinas donde se cultiva la planta hasta los laboratorios clandestinos donde se procesa entre el olor a gasolina y los turnos improvisados de los cocineros.

“He fotografiado a cabecillas y traficantes en laboratorios clandestinos en la selva,entre la bruma de la gasolina, y ha viajado a las remotas fincas en las laderas de los Andes donde se cultiva la planta de coca”, cuenta en la revista.

El reportaje señala que los agricultores muchas veces siembran coca bajo coacción de los grupos armados, que usan el despojo de tierras y el asesinato como herramienta de disuasión. Así, la siembra se vuelve más un asunto de supervivencia en zonas donde el Estado tiene una presencia mínima.

The Economist atribuye precisamente la posición dominante de Colombia a su geografía: sus fronteras terrestres con cinco países y salida a tres cuerpos de agua distintos convierten al país en un cruce natural de rutas de contrabando.

A eso se suma un factor histórico, el legado de la guerra interna, que dejó estructuras armadas listas para controlar rutas y territorios, muchas veces con la complicidad de autoridades locales.

“De día vienen de uniforme, de noche sin él”, escribe el reportero refiriéndose a los vínculos entre policías y cárteles.

La ruta hacia Europa

Buena parte de la producción sale por Tumaco y Buenaventura, los principales puertos colombianos sobre el Pacífico. De ahí viaja en buques de carga o en narcosubmarinos hasta el mercado europeo, un trayecto que el reportaje describe llegando finalmente a “las salas de juntas, bares, baños y centros de negociación de Europa”.

La ONU estima que unos 25 millones de personas consumen cocaína en el mundo, y que cerca de 22 % de ellas están en Europa. Nissen insiste en que ese consumo ya no se limita a un nicho marginal, sino que se ha extendido a sectores amplios de la sociedad, lo que él llama la “democratización de la droga”.

El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) registró que un estimado de 331 millones de personas consumieron alguna droga en 2024, equivalente al 6,2 % de la población mundial entre 15 y 64 años, frente al 5,2 % de una década atrás. Para la cocaína específicamente, la producción de cocaína pura se cuadruplicó hasta superar las 4.000 toneladas en 2024, y el número de consumidores aumentó en más de un tercio en la última década, expandiéndose hacia mercados nuevos en regiones como África.

¿Un cambio?

El reportaje menciona que la alcaldía de Cali planea renombrar Potrero Grande como Nuevo Amanecer, un gesto simbólico de renovación urbana. Pero Brian cuenta que esto es solo un relato.

“Los políticos quieren mostrarle al mundo que hay paz, pero aquí, entre nosotros, seguimos matándonos, todo es una mentira, no hay paz”, dice.

Con la llegada al poder de Abelardo de la Espriella, quien antes de ser presidente defendió como abogado a clientes vinculados a estructuras paramilitares y narcotraficantes, se ha prometido una “guerra total” contra los cárteles, respaldada por un paquete de seguridad de USD 1.000 millones de Estados Unidos.

El artículo advierte, sin embargo, que los intentos previos de este tipo han fracasado, y recuerda que el primer día de gobierno de Espriella dos atentados de grupos guerrilleros dejaron un policía muerto y varios heridos, un episodio que el periodista lee como una señal temprana de lo que costará esta renovada guerra contra el narcotráfico.

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