28 Apr 2021 - 3:03 p. m.

La crónica desde las entrañas de una Venezuela herida

En su libro Los restos de la revolución, Catalina Lobo-Guerrero hace un retrato político y social de Venezuela, y responde una de las preguntas más frecuentes sobre una recesión que parece eterna: ¿Cómo uno de los países más ricos termina en ese nivel de deterioro?

Redacción Mundo

Internacional

La periodista colombiana Catalina Lobo-Guerrero dice que ayudar a entender la compleja crisis que vive Venezuela, que se desató mucho antes de la muerte de Hugo Chávez, es una herramienta que permite facilitar la convivencia con más de cinco millones de venezolanos que salieron de su país huyendo de una crisis sin precedentes. En su libro Los restos de la revolución: crónica desde las entrañas de una Venezuela herida, la autora hace un retrato político y social de Venezuela, y responde una de las preguntas más frecuentes sobre una recesión que parece eterna: ¿Cómo uno de los países más ricos termina en ese nivel de deterioro?

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Lobo-Guerrero recorrió hospitales, habló con los venezolanos de a pie, y vivió momentos claves en la historia reciente del país: llegó poco antes de la muerte de Hugo Chávez, estuvo en Venezuela cuatro años y se fue en 2015 cuando la oposición en Venezuela obtuvo una histórica victoria en las elecciones parlamentarias. En diálogo con El Espectador, Lobo-Guerrero habló sobre la desintegración de un país que ya arrastraba varios males antes de la muerte Chávez.

¿Qué cambió en Venezuela con la muerte de Hugo Chávez?

El día de su muerte todo fue muy extraño. Yo no he visto nada similar en ningún otro país. Tal vez en Cuba con la muerte de Fidel, pero allá no ocurrió el proceso de desintegración que sí vi en Venezuela, y fue porque todo se empezó a desintegrar desde mucho antes. Cuando hablo de restos, me refiero a otro tipo de sectores de la sociedad venezolana. En el libro me enfoco en cuatro grandes áreas:

- La justicia: cómo se va politizando y modificando todo el aparato de justicia. Esto genera que la gente no cuente con árbitros, y que sienta que no hay garantías de un proceso justo en Venezuela.

- Las fuerzas armadas: en el libro hablo de lo que pasó al interior con los militares, de esa politización, de la pintada de rojo de los cuarteles, de la forma como van adaptando ciertas consignas, y cómo la influencia cubana empieza a transformar una fuerza armada que estaba construida sobre otro tipo de valores.

- La economía: cuando uno menciona la economía venezolana, hay que hablar de economía petrolera porque es básicamente un país que depende en más del 98 % de sus ingresos del petróleo. Cuando eso se empieza a caer, tienes un derrumbe generalizado que afecta otro tipo de cosas. Ahí hablo en especial de lo que sucede con el sector de la salud; hice reportería en 2014 y 2015 sobre la situación al interior del Hospital Universitario, el hospital público más importante de Caracas. Menciono lo que sucede con los pacientes, especialmente los que están esperando por una cirugía y no hay válvulas para operarlos, o no hay hilos para coser. En realidad es un proceso de derrumbe del sistema de salud público.

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- Los medios de comunicación: en este campo también hay una crisis profunda, y hay una cantidad de leyes que empiezan a torpedear el ejercicio del periodismo libre e independiente en Venezuela. También las sanciones económicas que el gobierno empieza implementar para quebrar a los medios que son opositores a ellos. Y luego viene otra estrategia que es el proceso de venta de medios de comunicación a empresarios que son aliados del chavismo. En ese punto cambia por completo la línea editorial y la manera como se ejerce el oficio en Venezuela.

¿Cómo se vivió esa transición de gobierno en el día a día de los venezolanos? ¿Qué decía la gente?

Las transiciones son procesos que suceden paulatinamente. Pero, por ejemplo, el día de la muerte de Chávez la reacción de la gente en la calle, de los comerciantes, e incluso de los vendedores ambulantes fue decir “aquí va pasar algo terrible y tenemos que cerrar todo ya”. Las personas cerraron sus almacenes, las tiendas de barrio, e incluso los vendedores ambulantes se fueron de las esquinas donde normalmente trabajaban. La gente salió desesperada a refugiarse en su casa. Era esa sensación de que iba pasar algo muy grave, era angustia colectiva.

Luego ocurrieron otros momentos con reacciones de este tipo. Otro ejemplo que menciono en el libro fue el día de lo que se llamó el “Dakazo”, eso ocurrió a finales de 2013. Maduro anunció por la televisión que iban a intervenir unos almacenes de electrodomésticos llamados “Daka”, y dijo que la gente podía ir a comprar a estos almacenes a un precio justo porque supuestamente los empresarios compraron mercancías con sobre precios. Recuerdo que él da la orden y dice “que no quede nada de los almacenes”. La gente se fue en masa a comprar a este y a otros establecimientos porque con la nueva ley de precios justos iban a obtener unos descuentos importantes. Eso generó pánico colectivo porque hubo saqueos. Tiempo después, me pasó en un centro comercial en Caracas, alguien gritó la palabra “saqueo” y la gente se paralizaba, los comerciantes cerraban las rejas metálicas y todo el mundo quedaba frío.

Este tipo de momentos demuestran una sensación de angustia que está latente en el día a día, y que en ciertos episodios se exacerba. En ese momento, era un temor a que en cualquier momento ocurriera un golpe de estado o un estallido. Eso habla de un país muy inestable.

En plena crisis, ¿qué piensa ahora la gente de Chávez?

El carisma de Chávez era innegable. Lo vi en plaza pública y en eventos callejeros, y era impresionante ver el fervor y la emoción que él despertaba. La política es un asunto emocional y hubo mucha gente que se sintió muy identificada con él. Pero su discurso era doble porque prometía cambiar todo lo que estaba mal y Venezuela venía de una crisis económica, pero también institucional y de los partidos políticos tradicionales. También había una falta de confianza en los organismos de control y de justicia.

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Entonces Chávez aparece en ese momento como alguien que va a cambiarlo todo, y de eso se trata una revolución. También prometió una cierta venganza que a mucha gente le gustó. Pero yo creo que los venezolanos no sabían lo que eso significaba cuando lo eligieron. Después conocí mucha gente que se sintió traicionada por él; decían que votaron por un cambio en el país, pero no para que cambiara de esa manera. Eso sucede con las crisis, es una oportunidad para estos líderes carismáticos que pintan maravillas, pero que al final puede que no termine siendo de esa forma.

¿Conoció a Nicolás Maduro? Es un líder muy cuestionado desde que llegó al poder...

No lo conocí. En algún momento pude hablar con algunos de los exministros, pero es muy difícil. No es como en Colombia donde los periodistas tienen fácil acceso a los ministros de gobierno. Lo vi en algunas ruedas de prensa o en eventos que convocaron, pero ellos son muy celosos de la prensa y mantienen muchísima distancia. No es fácil acceder a información a pesar de que tú la pidas de manera oficial.

Nicolás Maduro ha sorprendido a mucha gente, incluso dentro del mismo chavismo, porque la elección de él como presidente no era tan obvia, y algunos sectores decían que Chávez iba a elegir a otro. Pero lo cierto es que Maduro era uno de los cuadros más leales a Chávez y eso fue clave a la hora de decidir. Maduro ha hecho algunas maniobras políticas para posicionarse porque su legitimidad estuvo en duda desde el primer día. Él ha sabido apoyarse en muchos sectores y ha sacado del área de influencia a otras figuras del chavismo que en algún momento tuvieron mucho más poder que él. A Maduro lo han subestimado muchísimo en Venezuela y en el exterior.

¿Cómo uno de los países más ricos termina en ese nivel de deterioro?

Esta es una historia de largo aliento. Es un proceso que empezó incluso antes de que Chávez llegara al poder. En el libro hago este recordatorio de para atrás. Hablo sobre cómo esa bonanza petrolera crea una situación artificial porque es una bonanza que no es duradera y hay un derroche de dinero cuando los precios del petróleo están disparados. Hay plata por montones y los venezolanos hablan de ese ambiente de fiesta, de gasto desbordado. Eso pasó en los setentas y cae en los ochentas cuando el país entró en una primera crisis económica. Hay una devaluación del bolívar desde esa época, incluso el bolívar nunca vuelve a recuperar el valor que tuvo como moneda. De hecho, Chávez es, en parte, producto de esa situación de crisis y él surge como una figura que despierta la posibilidad de soñar un país distinto y muchas personas lo apoyan con esa idea.

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Chávez tuvo suerte porque justo en el peor momento, cuando le hacen el golpe de Estado en 2002, los precios del petróleo todavía no habían subido, pero después del golpe los precios se disparan; Venezuela llega a tener más plata que nunca. En ese momento llegan todas las misiones sociales y viene un gasto desbordado del Estado. Eran unas misiones muy sobrecargadas en PDVSA, la compañía petrolera que financia todo este tipo de actividades. Al final todo esto no termina siendo sostenible porque con la crisis económica de 2008 viene un golpe, el gobierno no toma medidas adecuadas y sigue endeudándose.

Lo que estamos viendo ahora tras la muerte de Chávez, es que a Maduro también se le caen los precios del petróleo y el país no ha podido levantar cabeza desde entonces. Los niveles de pobreza están mucho peor que cuando Chávez llegó al poder.

Usted menciona que la crisis venezolana no se soluciona solo con sacar a Maduro del poder...

Un país que tiene una crisis de tantos años y que tiene un nivel de destrucción en varios sectores, no va a tener un cambio de la noche a la mañana así haya un cambio político. Es decir, la reconstrucción toma mucho más tiempo y va a necesitar recursos, apoyo internacional, e incluso una capacidad de volver a tener un mejor entendimiento entre los mismos venezolanos; esta destrucción y deterioro también tocó las fibras de los seres humanos, hay relaciones rotas y una profunda desconfianza. Para recomponer todo esto se necesita mucho más que una inyección gigante de recursos y que cambiar al presidente.

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