A principios de este mes se supo que Ryan Routh, de 59 años, fue condenado a cadena perpetua luego de que en septiembre de 2024 planeara asesinar a Donald Trump, en ese entonces candidato presidencial de Estados Unidos, en su campo de golf en Florida. Este domingo, un suceso en Mar-a-Lago, en Palm Beach, revivió las imágenes de ese día. El Servicio Secreto dio a conocer que agentes de seguridad mataron a un hombre que entró armado a la residencia del presidente republicano, que al momento del incidente estaba en Washington. Este hecho está bajo investigación e hizo recordar que en tan solo dos años el magnate ha sido blanco de varios intentos de asesinato. Trump ahora se prepara para el discurso del Estado de la Unión, en un momento crítico de desaprobación de su gestión y en medio de una disputa con el poder judicial por su política comercial, por la cual impuso este fin de semana aranceles globales del 15 %, situaciones que pueden afectarlo de cara a las elecciones de medio término de este año.
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Es cierto: la violencia política no es algo exclusivo de este gobierno, y eso lo muestra la lista de mandatarios y de figuras políticas asesinadas a lo largo de la historia. La sociedad estadounidense siempre ha estado fragmentada, pero el estilo confrontacional de Trump le ha creado animosidades dentro de un país en el cual las armas circulan con facilidad y eso ha incentivado aún más la división. Como consecuencia, se ha creado un ambiente volátil y controversial en el que el riesgo se ha vuelto más patente, y si bien Trump ha sabido en el pasado aprovechar esos hechos a su favor y escenas como la de ayer sirven para poder posicionar un discurso de mártir y de héroe, la percepción de la gente, tras un año de su segunda administración, no es muy alentadora: las personas están disgustadas por su desempeño y la mayoría desaprueba su manejo de iniciativas prioritarias, además de que creen que Trump ha excedido la autoridad de su cargo, según lo reveló una encuesta de Washington Post-ABC News-Ipsos.
El índice de aprobación del presidente se sitúa en un 39 % positivo y un 60 % negativo, el cual incluye un 47 % que lo desaprueba rotundamente. La última vez que el descontento frente a Trump alcanzó el 60 % fue poco después del ataque al Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero de 2021, cuando simpatizantes suyos irrumpieron en el Legislativo para impedir la certificación de la victoria de Joe Biden, luego de que Trump argumentó fraude electoral. La desaprobación tiene que ver con la gestión de la economía, los aranceles, la inflación y las relaciones con otros países. “Trump viene de unas malas semanas, primero con el caso Jeffrey Epstein y ahora con los gravámenes y la decisión de la Corte Suprema de rechazar su idea de imponer aranceles a su voluntad”, aseguró Lawrence Gumbiner, exdiplomático estadounidense y consultor político: “Está pasando un tiempo difícil”.
Y es que la decisión del alto tribunal no fue la única mala noticia que tuvo en los últimos días: la Oficina del Censo publicó las cifras del déficit comercial estadounidense para 2025 y, aunque el déficit comercial general de Estados Unidos con el resto del mundo se redujo ligeramente, los aranceles de Trump no han propiciado un resurgimiento de la industria manufacturera del país. Además, el Departamento de Comercio estimó el viernes que la economía creció a una tasa anual de tan solo el 1,4 % durante el cuarto trimestre, debido a la desaceleración del gasto en medio de un cierre gubernamental sin precedentes. El cierre de 43 días eliminó un punto porcentual del PIB, gran parte del cual probablemente se recuperará con el tiempo.
Se espera que el mandatario se dedique en la sesión conjunta del Congreso este martes a defender sus políticas, revertir la caída de sus cifras en las encuestas y reunir a los votantes republicanos en preparación para las elecciones intermedias de noviembre. Será algo incómodo porque, tradicionalmente, los nueve jueces de la Corte Suprema asisten al discurso del Estado de la Unión y se sientan en primera fila mientras el presidente habla. “Hay desconfianza”, comentó Alejandro Bohórquez-Keeney, docente de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales en la Universidad Externado, “pero el sistema aún funciona, a pesar de la mayoría conservadora en el alto tribunal”.
A pesar de los asesinatos de Charlie Kirk, activista político conservador y aliado de Trump, y del director ejecutivo de la aseguradora UnitedHealthcare, Brian Thompson, dos casos que conmocionaron a Estados Unidos, es poco probable que desde la Casa Blanca se baje el tono del discurso. En lugar de haber servido de incentivos para desescalar la violencia, se ve a un Trump que, lejos de la conciliación, se mantiene en un estilo combativo y de ofensiva, que incluso viene desde su época de hombre de negocios.
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