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“En los debates, la gente tendrá la oportunidad de ver a la verdadera Sarah Palin, desde el principio al final”, había dicho un ex senador republicano hace unos días. Y anoche, a las ocho en punto, en el auditorio de la Universidad de Washington, en Saint Louis, Missouri, hasta su contendor, el senador demócrata Joe Biden pareció darle la razón.
A Biden le tomó unos buenos minutos reponerse a la entrada de una arrolladora Palin, a la que ni siquiera supo si saludar de beso. La fórmula vicepresidencial de Barack Obama, que no podía lucir ni muy machista, ni muy condescendiente, se inclinó varias veces con timidez hacia una Palin férrea, que no cedió un centímetro. No hubo beso. Y la jornada arrancó.
A Biden se le vio un poco suave durante las primeras preguntas lanzadas con vehemencia por la presentadora afroamericana Gwen Ifill. Como sucediera en el debate entre los candidatos a la presidencia, el viernes pasado, la crisis financiera abrió la jornada. Ahí, la audiencia vio a un Biden que repitió, como si la hubiera calcado, la misma respuesta que diera Obama frente a McCain: “Lo que estamos viendo hoy, es sólo producto de ocho años de política económica del gobierno republicano”.
Cuando el turno fue de Palin, la gobernadora de Alaska, tal vez por su lejanía con Washington, fue igual de dura con el gobierno federal, cuidándose, sin embargo, de nunca nombrar ni a su partido, ni al presidente Bush. Detalló cómo su fórmula, el senador John McCain, criticó en múltiples ocasiones la postura oficial y atacó sin descanso a Barack Obama, a quien acusó de votar en el Senado por el incremento impositivo de gravámenes para la clase media y el alivio en impuestos para empresas petroleras.
“No, eso no es cierto”, respondió envarias ocasiones Biden, así como lo hiciera hace una semana su compañero de fórmula ante las supuestas calumnias de su contendor. Pero algo, sinembargo, era distinto. Biden lo decía con sonrisa de recién enamorado, mirando a Palin. Esta, sin embargo, no parecía concederle nada. Lo miró pocas veces, y el resto del tiempo se encargó de fijar sus ojos en la cámara, ante los millones de personas que se habían dado cita ayer, como nunca antes, para verla fracasar.
Pronósticos reservados
Esta semana, todos los republicanos pusieron sus esperanzas en Palin, cuya imagen ha sufrido un rápido desgaste. Un mes después de haber sido elegida como fórmula de McCain, Palin no aparece confiable para los estadounidenses. Según una encuesta de la AP y Gfk, sólo un 25% de los votantes creía que la gobernadora de Alaska tiene la experiencia necesaria para ser presidenta. Cuando fue elegida, el 41% de los votantes creía que podría ser una buena vicepresidenta.
En el National Review Online, la columnista Kathleen Parker declaró la carrera a la Casa Blanca “fuera del alcance” de Palin y la instó a retirarse. “El efecto Palin se convirtió en el problema Palin”, aseguró.
Su entrada estelar en la campaña dio paso a una caída a tierra, tras su mediocre actuación en las únicas tres entrevistas de televisión que ha concedido hasta el momento. En la última, no supo citar ninguna decisión del Tribunal Supremo, —órgano clave en el sistema político estadounidense— aparte de la que, en 1973, dio pie a la legalización del aborto en E.U.
Pese a lagunas como ésta, Palin es aún una heroína para la mayoría de los conservadores antiaborto, antimatrimonio homosexual y proarmas, que se identifican perfectamente con ella.
El jueves en la noche, mientras que Biden no sorprendió, pero tampoco defraudó, Palin pudo haber ganado un poco de ventaja. Todos los pronosticos catastroficos parecieron borrados ante una candidata dueña del discurso de McCain y con una presencia que cautivó a la audiencia.
Históricamente, la figura de los vicepresidentes no ha sido definitiva a la hora de la votación. Muchos estadounidenses se fijan en el primer nombre de la boleta —el del presidente—, cuando toman su decisión. Sin embargo, esta tendencia podría cambiar en esta elección gracias a la atención que acapara Sarah Palin.
Por eso, lo de anoche pudo haber sido definitivo, de haber tenido Palin -en los electores- el mismo efecto que tuvo en Biden.