Una serie de eventos en Latinoamérica parece estar reavivando el debate sobre uno de los problemas más complejos de la región: el narcotráfico. Algunos gobiernos han virado hacia la derecha, alineándose con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su lucha contra los carteles, a los que el republicano ha declarado como su máximo enemigo.
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En menos de un año, países como Ecuador, Bolivia, Honduras, Chile y Costa Rica han elegido líderes conservadores, impulsados por preocupaciones sobre crimen y economía. Estos gobiernos priorizan la seguridad y el combate al narcotráfico, con figuras como Daniel Noboa en Ecuador y José Antonio Kast, quien se posesiona este miércoles en Chile, promoviendo “mano dura” y alianzas con EE.UU.
Trump ha calificado a los carteles como organizaciones terroristas, amenazando con ataques terrestres en México y proponiendo una política de “tolerancia cero” con uso autorizado de fuerza letal. Bajo su administración, Estados Unidos ha ejecutado al menos 45 ataques contra supuestas narcolanchas en el Pacífico y el Caribe desde septiembre de 2025, los cuales han matado a unas 150 personas acusadas de narcotraficantes.
En este contexto, Trump impulsó la cumbre “Escudo de las Américas” contra el narcotráfico, la minería ilegal y la corrupción, con líderes como Daniel Noboa de Ecuador, Javier Milei de Argentina, Nayib Bukele de El Salvador, Santiago Peña de Paraguay, Luis Abinader de República Dominicana, José Raúl Mulino de Panamá y Nasry “Tito” Asfura de Honduras, además del presidente electo José Antonio Kast de Chile.
Sin embargo, la ausencia de países con líderes progresistas como México y Brasil fue notoria, al igual que la de Colombia, lo que generó críticas del presidente Gustavo Petro. Durante su intervención en la Comisión de Estupefacientes de la ONU, Petro reprochó la exclusión y afirmó que su país es “esencial” en cualquier estrategia internacional contra las drogas.
“Mientras Gustavo Petro siga en el poder, la cooperación con Colombia será limitada, debido a la desconfianza ya la ideologización de la relación bilateral y de la lucha contra las drogas”, afirmó Víctor Mijares, profesor de la Universidad de los Andes.
La Casa Blanca fue clara en sus razones para no invitar al presidente, argumentando que aún no ve “el nivel de cooperación” necesario por parte del Gobierno colombiano. Washington, de hecho, descertificó a Colombia en la lucha contra las drogas en 2025, al considerar que el país no estaba cumpliendo adecuadamente con sus compromisos internacionales para combatir el narcotráfico.
Colombia celebrará elecciones presidenciales en mayo de 2026. Un punto clave en la contienda será la agenda internacional, especialmente la relación con el presidente Trump y la postura del país frente a la ofensiva contra los carteles en la lucha antidrogas.
Sin embargo, por el momento, la puerta con Washington no parece del todo cerrada. El senador republicano Bernie Moreno extendió un llamado directo a Colombia a través de una carta enviada a través de la embajada. En el documento, Moreno reconoce los lazos históricos entre ambos países, pero urge a Bogotá a intensificar esfuerzos contra el narcotráfico, la migración irregular y las pandillas que afectan a EE. UU., proponiendo una “alianza renovada” condicionada a resultados concretos en estos frentes.
“Colombia es un socio vital, pero debemos actuar con decisión para proteger nuestras fronteras compartidas”, afirma el senador, abriendo así una ventana a diálogos futuros pese a las tensiones recientes.
Según el profesor Mijares, el acercamiento y las decisiones recientes de Estados Unidos en la región deben entenderse, en primer lugar, dentro de una reorganización geopolítica más amplia en el hemisferio. A su juicio, existe un interés claro de Washington por reconfigurar su influencia en América Latina y el Caribe, en un contexto de competencia estratégica y de redefinición de alianzas. Este proceso no responde únicamente a factores de seguridad, sino a una estrategia más amplia de reposicionamiento regional.
Además, Mijares destaca el liderazgo de Marco Rubio, actual secretario de Estado, quien ha tenido un papel central en las estrategias impulsadas por Washington contra el narcotráfico en la región. Los resultados políticos que ha obtenido dentro de esta agenda han fortalecido su posición dentro del círculo cercano a Trump.
Ya se ha materializado esta estrategia en Venezuela, donde la intervención estadounidense se inició con el argumento de combatir el narcotráfico, por lo que Nicolás Maduro, líder del régimen, fue capturado. Detenido en Nueva York, comparecerá ante un juez el 26 de marzo. Desde entonces, EE. UU. ha asumido un control casi total del país.
“Creo que ya queda muy claro que Venezuela se ha convertido en una especie de protectorado de Estados Unidos, por lo que, en la práctica, están ejerciendo un cierto control sobre su soberanía. No hay ningún tipo de capacidad de represalia por parte de Venezuela, ni tampoco interés en hacerlo”, explicó Mijares a propósito de los sobrevuelos que han realizado las fuerzas militares estadounidenses cerca de las costas venezolanas.
El papel de Ecuador
Daniel Noboa ha comenzado a ganar protagonismo en la lucha contra el narcotráfico desde que se hicieron públicas sus alianzas con Estados Unidos para combatirlo. Este acercamiento ocurre en medio del distanciamiento que ha tomado Colombia respecto a las políticas antinarcóticos de la era Trump.
La semana pasada, Noboa anunció un ataque a un campamento de las disidencias de las FARC en la frontera con Colombia, asegurando que se trataba de una operación conjunta con Estados Unidos. El Departamento de Estado (o de Defensa, según la fuente) aseguró que, a petición del gobierno ecuatoriano, se adoptarán “acciones específicas” para combatir las redes “narcoterroristas”.
“Todo esto ocurre en uno de los peores momentos para Ecuador frente a la expansión del crimen organizado. Hoy es el sexto país más violento del mundo y, si comparamos las tasas de homicidio de 2023, 2024 y 2025, queda claro que la militarización no ha logrado reducir la violencia”, afirmó Fredy Rivera-Vélez, profesor principal en la Universidad FLACSO en Ecuador.
Ecuador se ha convertido en una ruta clave para el 70 % de la droga que parte de sus vecinos Colombia —al norte— y Perú —al sur—, los mayores productores mundiales de cocaína. Esto ha desatado una guerra brutal entre bandas criminales, disparando la tasa de homicidios a niveles históricos en el país.
El experto asegura que dentro de esta alianza existen intereses que van mucho más allá, relacionados incluso con China: “Hay un alineamiento claro con los intereses geopolíticos de Estados Unidos. Aunque el narcotráfico es una preocupación real, los objetivos son estratégicos en el Pacífico; la creciente relación de Ecuador con China genera preocupación en Washington”.
Por otro lado, Noboa acusó recientemente a Cuba de injerencia en actividades políticas, de disidencia y violentas relacionadas con el narcotráfico. Justificó la expulsión del embajador cubano y su equipo señalando evidencia de “bastante injerencia por parte de Cuba en actividades políticas, de disidencia y violentas en algunos casos”.
Sin embargo, el profesor califica estas acusaciones de “absurdas”, argumentando que los diplomáticos cubanos ni siquiera reciben salarios acordes a su puesto y que, según él, “no representan ningún riesgo para el Estado ecuatoriano”.
“Más que una amenaza real, lo que se observa es un alineamiento geopolítico de Ecuador con Estados Unidos vinculado a iniciativas de seguridad regional. Este posicionamiento también está influenciado por factores como la incertidumbre política en Colombia, la situación en Perú y la creciente importancia estratégica del puerto de Chancay en un contexto de mayor relación comercial con China”, concluyó Rivera-Vélez.
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