
Los romances en las fotos siempre parecen más felices de lo que en realidad son, y el de Canadá y la Unión Europea no es la excepción. El jueves, el primer ministro canadiense, Mark Carney, fue recibido en el Parlamento Europeo entre aplausos, besos y hasta con una camiseta de hockey de regalo, como si fuera una estrella pop. Ambos, Ottawa y Bruselas, estaban anunciando una nueva etapa en su relación: Canadá sería un “miembro asociado” de la UE.
“Buscamos alianzas que sean complementarias, que refuercen nuestra soberanía”, dijo Carney justificando la búsqueda de una relación más estrecha con Bruselas, algo que ha enfurecido a su vecino estadounidense, Donald Trump, un socio histórico con el que atraviesa un momento complejo lleno de atropellos en el área comercial.
El coqueteo entre Ottawa y Bruselas tuvo un primer clímax en 2024, cuando Canadá se unió a Horizon Europe, el fondo de investigación del bloque europeo. Pero todo se tornó más serio en enero de este año, cuando Carney advirtió en el Foro Económico de Davos que el orden mundial basado en reglas había entrado en “ruptura”, sin mencionar propiamente a Trump, y llamó a las potencias medias a unirse frente a las grandes potencias.
Después de esto, Canadá se convirtió en el primer país no europeo en entrar al Security Action For Europe (SAFE), el mecanismo que financia con 150.000 millones de euros el gasto en defensa del bloque. En julio se dio otro paso: Ottawa anunció su participación en el Festival Eurovisión de 2027, lo que para muchos afianzaba el interés de “ser algo más”.
El gran anuncio llegó finalmente este miércoles, luego de meses cocinándose, cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ofreció durante su discurso del Estado de la Unión convertir a Canadá en el primer “miembro asociado” de la UE, una categoría que no existe en los tratados europeos.
Ahora, Carney viajará el fin de semana a Saint-Pierre y Miquelon, un territorio francés a solo 25 kilómetros de las costas de la isla canadiense de Terranova, donde se retratará con el presidente francés Emmanuel Macron, demostrándole al mundo que hay un pedazo de la UE literalmente tocando la puerta de Canadá. Es la primera vez que un líder canadiense pisará este territorio.
Para James Batchik, subdirector del Centro de Europa del Atlantic Council, esta cercanía solo tiene como responsable a Trump: “La retórica en torno a convertir a Canadá en el estado 51, y las amenazas contra Groenlandia, que aún son sumamente controvertidas y se recuerdan en Bruselas, son en realidad recordatorios para ambas partes de que Estados Unidos no es necesariamente ese aliado de confianza que alguna vez fue”, le dijo a The New York Times.
La integración es muy popular en Canadá, con el 80 % del público apoyando más cooperación. Pero lejos de la parafernalia, las ovaciones, y estos avances, la renovada alianza entre Canadá y el bloque europeo enfrenta muchos retos que no han sido explicados. Si esto es un nuevo matrimonio, puede ser de los que se anuncian en redes sociales antes de que la pareja se haya puesto de acuerdo en dónde van a vivir.
¿Qué tan seria puede ser la relación que pintan?
Lo primero es la vaguedad del término. “Miembro asociado”, como lo presentaron los líderes esta semana, no existe en los tratados de la UE. El Artículo 49 solo permite que “cualquier Estado europeo” solicite la membresía plena, lo que deja a Canadá fuera por definición geográfica, aunque la foto en Saint-Pierre y Miquelon intente demostrar que esto es debatible.
La otra vía, el Artículo 217, permite acuerdos de asociación, como el que ya tiene la UE con Ucrania, pero no está claro si eso le daría a Canadá algún tipo de voz en las decisiones del bloque. Conscientes de esto, los políticos de la alianza empezaron a bajarle el tono al anuncio. El embajador entrante de Canadá ante la UE, Jonathan Wilkinson, dijo que es una “cuestión de nomenclatura” y Carney, en la misma línea, agregó que “la sustancia importa más que la etiqueta”.
Más allá del nombre, tampoco está claro si hay una unanimidad para integrar a Canadá a la UE. Si bien Carney recibió una ovación amplia, también se escucharon abucheos de parte de la ultraderecha, que coreó el nombre “Estados Unidos” cuando el canadiense se presentó ante el Parlamento. Esto tiene un precedente importante.
Canadá y la UE firmaron en 2016 el CETA, un acuerdo comercial que solo se aplica “provisionalmente” desde 2017 porque diez países todavía no lo han ratificado por completo, incluida Irlanda. Von der Leyen, apropósito de esto, habló de dejar atrás el CETA para construir una “Alianza para el Futuro”, con cooperación en manufactura, tecnología, industria de defensa, el Ártico, energía, minerales críticos, inteligencia artificial, computación cuántica y ciberseguridad.
Carney, por su parte, propuso que Canadá se sume a Erasmus+, el programa educativo del bloque, y amplíe su participación en Horizon Europe, además de explorar un mercado financiero integrado. Son listas largas, pero ninguna de las dos partes ha dicho qué tan lejos está dispuesta a llegar.
Para el politólogo Frank Schimmelfennig, de ETH Zúrich, cualquier cosa que vaya más allá de acuerdos sectoriales adicionales significaría replicar el modelo del Espacio Económico Europeo (EEA, por sus siglas en inglés), que hoy comparten países como Noruega e Islandia: acceso al mercado interno de la UE a cambio de adoptar buena parte de su regulación.
“Noruega e incluso Islandia tienen cierta proximidad geográfica con Europa. Canadá está muy lejos, y eso hace que cualquier ventaja comercial se vea, por lo menos, obstaculizada por la distancia. Además, Canadá solo tiene frontera terrestre con Estados Unidos; su única cercanía con Europa es marítima, a través de Groenlandia y Dinamarca”, explica el internacionalista Alejandro Bohórquez-Keeney.
Eso implicaría una integración legal mucho más profunda que la que existe hoy bajo el CETA, y los países que se opusieron en su momento al CETA tampoco han dado señales de aprobar esta integración. Sin embargo, Bohórquez-Keeney añade que, una década después del CETA, es poco probable que algún Estado europeo se oponga abiertamente a Canadá: “Ha sido un socio cercano dentro de la OTAN, se muestra amable, amistoso, y históricamente ha tratado de diferenciarse de Estados Unidos mostrándose más europeo”.
Sin embargo, Ottawa tampoco ha dado señales de querer pagar el precio que esto representa: adoptar buena parte de la regulación europea en sectores enteros, sin tener asiento ni voto en las instituciones que las escriben, algo que Noruega e Islandia sí aceptaron a cambio de acceso pleno al mercado único. Esto choca con la urgencia de independencia de Canadá por la que precisamente se ha alejado de EE. UU.
Y finalmente está Trump, quien el mismo día del anuncio, calificó la idea de “ridícula” y amenazó a la UE con “aranceles muy serios” si sella un acuerdo con Canadá “con malas intenciones”. No son amenazas vacías. Cabe recordar que Washington ya subió aranceles contra Canadá después de que las negociaciones comerciales entre ambos países colapsaran el mes pasado, y el 72,5 % de las exportaciones canadienses todavía dependen del mercado estadounidense, lo que le da a Trump un margen de presión real sobre Ottawa.
Con la UE, podría recurrir a la misma táctica que ya usó contra Dinamarca por Groenlandia: usar la amenaza arancelaria como palanca para frenar un acuerdo que no le convenga geopolíticamente. Así que ambos enfrentan la amenaza de un socio común, inconforme con una relación más abierta.
La historia seguirá a finales de octubre, cuando Montreal sea la sede de la próxima cumbre EU-Canadá, el primer momento en que ambas partes tendrán que poner nombres y compromisos concretos sobre la mesa. Hasta entonces, la alianza seguirá proyectando su luna de miel, pero la parte cruda del matrimonio está apenas por verse.
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Enrique(19139)•Hace 3 horasCanadá cree y respalda a Mr Carney y eso es importante.
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Tayrona(31467)•Hace 4 horasCopia del New York Times. Canadá y la Unión Europea han tomado el mejor camino posible frente al matón anaranjado Trump. Y hay que felicitar y exaltar esta acción. En el camino se arreglan las cargas. Y este es solo el comienzo. Lo demás está más adelante y será un excelente acuerdo.
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Mario Giraldo(196)•Hace 4 horasBuena noticia para el mundo la integración económica que da estabilidad y trae crecimiento. Los Rusos, Ingleses y a ahora los americanos han ensayado una línea opuesta, y hoy sus países sufren de altas inflaciones, altas tasas de interés, alto endeudamiento, alto deficit y finalmente indices de pobreza. Paises donde la ruina fue causada por sus propios lideres. Ejemplo que ABE quiere traer a Colombia.
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Eduardo Sáenz Rovner(7668)•Hace 4 horasEl daño que Trump le ha hecho al mundo y a su propio país…
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Tayrona(31467)•Hace 4 horasY también Satanyahu y sus secuaces sionistas y genocidas.
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Álamo(88990)•Hace 6 horasY el mundo con los brazos cruzados, viendo su demolición a manos de un poder macabro: acá la ayuda a ese hecho es ominosa, en todos los frentes.