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Los archivos de Epstein y su peso en la industria de los videojuegos: ¿qué influencia tuvo?

Los correos de Jeffrey Epstein exponen el lado más oscuro de Activision y la “ingeniería de adicción” infantil en los videojuegos.

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Camilo Gómez Forero
18 de febrero de 2026 - 06:40 p. m.
Franquicias como Call of Duty, de Activision Blizzard, fueron las pioneras en implementar los sistemas de micropagos teorizados en las comunicaciones entre el exdirector de la compañía, Bobby Kotick, y Jeffrey Epstein en 2013.
Franquicias como Call of Duty, de Activision Blizzard, fueron las pioneras en implementar los sistemas de micropagos teorizados en las comunicaciones entre el exdirector de la compañía, Bobby Kotick, y Jeffrey Epstein en 2013.
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Las comunicaciones hasta ahora secretas entre el difunto pederasta Jeffrey Epstein y distintas figuras de poder en todo el mundo han salpicado a decenas de industrias y también han puesto bajo la lupa las maneras en la que se han hecho negocios en las últimas décadas. La industria de los videojuegos no ha sido la excepción.

Según los documentos liberados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ), Epstein entró en contacto con Bobby Kotick, exdirector de uno de los gigantes de esta industria: Activision Blizzard, responsable de títulos como Call of Duty, la saga de videojuegos de disparos más vendida de toda la historia. Para quienes no están familiarizados con esta industria, este es el equivalente a Disney en el área de entretenimiento.

Los intercambios de correos han sido escandalosos no solo por las graves acusaciones que involucran a ambos personajes (Kotick fue denunciado en 2021 por ocultar casos de agresión sexual y violaciones dentro de la empresa, según un reportaje de The Wall Street Journal), sino por cómo parecían discutir sobre una nueva formulación para la composición del mercado que es la que rige actualmente la industria.

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“Ingeniería de adicción infantil”

En mayo de 2013, mientras la industria de los videojuegos buscaba nuevas formas de rentabilidad, Kotick y Epstein intercambiaron correos con el inventor Pablos Holman, hacker estadounidense de renombre en el mundo de la tecnología. El tema central de las comunicaciones era cómo vincular los logros de los niños en los videojuegos con recompensas digitales para que gastaran má dinero.

Epstein, quien estaba obsesionado con lo que llamaba el “Sistema de Posicionamiento de Estatus”, consideraba que los mundos virtuales eran el lugar perfecto para estudiar cómo los humanos buscan dominar a otros. Él creía que los humanos tienen un impulso evolutivo por dominar y ser reconocidos, y que este impulso podía ser explotado mediante la tecnología. Para sus tesis, se apoyaba en intercambios de idea con científicos de Stanford y expertos en inteligencia artificial.

Bajo esta lógica, el diseño de juegos como World of Warcraft o el mismo Call of Duty evolucionó para que el jugador no solo buscara diversión, sino estatus. Si el usuario quería “ser alguien” en el mundo virtual, tenía que pagar.

“Estoy totalmente a favor de adoctrinar a los niños en una economía”, escribió Holman a Epstein y Kotick en el archivo EFTA01762201.

Este ciclo de dopamina y competencia social se convirtió en la “mina de oro” que Kotick explotó en Activision, creando una dependencia psicológica que obligaba a los usuarios a gastar dinero real para mantener su relevancia digital, luego de comprar el videojuego.

Call of Duty lanzó su estructura de “micropagos” con el estreno de Black Ops 2 y, posteriormente, Ghosts, títulos que marcaron un antes y un después al normalizar la compra de paquetes de voces, camuflajes y objetos virtuales.

“Creo que el impulso subyacente se manifiesta de diferentes maneras para diferentes personas, pero es el mismo impulso subyacente”, escribió Epstein al analizar por qué alguien se obsesionaría con fabricar “una mejor hacha de piedra” o, en este caso, comprar una armadura o piel (skin, como se le conoce en los videojuegos) de lujo en un entorno virtual.

Esta arquitectura de la adicción encontró su rostro más irónico en 2014 con Call of Duty: Advanced Warfare. En un giro que hoy resulta profético, el juego fue protagonizado por Kevin Spacey, quien interpretaba a un magnate militar que cuestionaba la democracia mientras vendía seguridad privada. Años después, Spacey sería expulsado de Hollywood tras múltiples acusaciones de acoso sexual, sumándose a la lista de figuras vinculadas a esta era de impunidad en Activision.

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Lo que estos documentos revelan es que el modelo de “juego como servicio” (pagar constantemente por contenido extra) llegó a teorizarse o compartir sus ideas de funcionamiento con Epstein incluso en mansiones de Bel Air, donde se gestaron algunos de los capítulos más oscuros de la historia reciente.

Una relación cercana con Epstein

Los documentos también confirman que la relación entre Kotick y Epstein era estrecha y logística. Kotick llegó a ofrecer su helicóptero personal para los traslados de Epstein en California. Además, coordinaban encuentros en la mansión de Kotick en Bel Air para tomar “tragos”.

En estos correos, Epstein confirmaba su asistencia avisando que llevaría a “tres o cuatro” acompañante, posiblemente mujeres de su red de explotación. Esta normalización de la presencia de Epstein en el corazón de la industria tecnológica sugiere que sus ideas sobre economía conductual eran escuchadas y valoradas al más alto nivel corporativo.

La salida de Kotick de Activision Blizzard en diciembre de 2023, tras la compra por parte de Microsoft y luego de las denuncias en su contra, cerró formalmente su mandato de tres décadas. Sin embargo, su legado persiste en cada mecánica de “caja de botín” o pase de batalla que hoy consumen millones de menores.

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