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En lugar de ello, el muchacho y su chofer aparecieron muertos en el baúl de un vehículo. Días más tarde, fiscales dijeron que detectives de la policía fueron actores claves en el secuestro. Los asesinatos y las sospechas de la participación policial han indignado a una nación en la cual los secuestros se han vuelto algo común por cuenta de la cruel guerra entre carteles de la droga. Masivas protestas están siendo planeadas y algunos legisladores están cambiando de parecer acerca de la oposición a la pena de muerte para secuestradores y policías cómplices.
“Deberían sacarles los ojos, para que no puedan cometer más delitos”, dijo Ignacio Noriega, un estudiante universitario de 26 años que afirma ya no sentirse seguro en ninguna parte. “La cárcel ya no es una solución. Ellos simplemente forman sus pandillas dentro de la prisión y salen más fuertes”.
México tiene una de las tasas más altas de secuestros en el mundo, de acuerdo con el grupo antiviolencia Pax Christi, y el problema está empeorando. Los secuestros han subido 9,1% este año, promediando 65 por mes en todo el país, dice la Procuraduría General de Justicia, que responsabiliza a la creciente red de carteles, policías, ex policías e informantes que apuntan a potenciales víctimas lucrativas.
Las cifras oficiales subestiman ampliamente el problema, porque la mayoría de los secuestros no son reportados por temor a la policía.
El Instituto de Ciudadanos para Estudios del Crimen determinó que la tasa real de secuestros es de más de 500 por mes, luego de encuestar a mexicanos acerca de delitos no reportados. Cerca del 86% de los entrevistados en el 2006 dijeron que tienen muy poca o ninguna confianza en la policía local. La furia contra esta institución se desató esta semana, cuando un grupo de mexicanos rodeó a unos secuestradores que resultaron ser policías. Los uniformados secuestradores enfrentarán 50 años de cárcel.