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El 15 de junio, la selección de Irán debería debutar contra la de Nueva Zelanda en el Mundial 2026 de la FIFA, en Los Angeles. ¿Se hará ese partido, después de la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra el país de los ayatolas? Y hay más encuentros en duda: los duelos de repechaje que se deben jugar del 23 al 31 de marzo en Monterrey y Guadalajara, México, donde no hay garantías de seguridad después de la caída de “El Mencho”, el líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
En este clima de incertidumbre, plagado de violencia, ruptura del orden internacional y guerra abierta, corre la cuenta regresiva para el máximo torneo futbolístico que organizan por primera vez tres países: Estados Unidos, Canadá y México. Comenzará –o al menos así está programado– en 100 días: el 11 de junio en el Estadio Azteca de la capital mexicana, con el partido entre la selección local y Sudáfrica.
“No hay ningún riesgo”, declaró la presidenta Claudia Sheimbaum, que intentó llevar tranquilidad en medio de la violencia desatada por los narcos tras el operativo que terminó con la muerte del máximo líder criminal del país. “Tenemos confianza total en México”, agregó el presidente de la FIFA, Gianni Infantino: “Las autoridades van a asegurar el orden y la seguridad. Y el Mundial va a ser una fiesta increíble”, cerró con esa sonrisa diplomática que el dirigente suizo suele desplegar. Un torneo que, por primera vez en medio siglo, enfrenta la posibilidad de un boicot, o directamente de suspensión.
Conversé por llamada telefónica con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino; seguimos trabajando como hasta ahora para realizar con éxito la Copa Mundial de Fútbol 2026.
— Claudia Sheinbaum Pardo (@Claudiashein) February 27, 2026
Confirmamos la confianza en el país. pic.twitter.com/CCPAkfWp4T
Hay que remontarse a Argentina ‘78 para encontrar un contexto similar. Aquel campeonato se disputó en un país gobernado por una dictadura militar que torturaba y asesinaba a opositores a pocas cuadras del estadio donde se jugó la final. La FIFA, como ahora, hizo oídos sordos a los reclamos para cambiar la sede del torneo. Era la misma FIFA que había realizado un Mundial en la Italia de Mussolini (1934). Y es también la que llevó el campeonato a la Rusia de Putin (2018) que acababa de anexarse Crimea; y lo hará en 2034 en la Arabia Saudita del príncipe Mohammed bin Salman, que maneja el país con mano de hierro.
Entre el estallido de la violencia en México por la muerte de El Mencho y el polvorín que explotó en Irán tras el bombardeo de Trump y Netanyahu, Infantino cumplió 10 años como presidente de la FIFA. El mandamás suizo tiene muchas razones para que la fiesta continúe: millones de razones. Se calcula que la entidad que preside ingresará unos 11.000 millones de dólares por la organización del torneo. De los 104 partidos, 78 se jugarán en Estados Unidos, por lo que este país recibirá los mayores beneficios: “unos 30.000 millones de dólares en términos de turismo, restauración, seguridad e inversiones”, estimaron desde la Casa Blanca.
Como explica a CONNECTAS el periodista argentino Ezequiel Fernández Moores, “la relación carnal de Infantino con Trump se debe a que el Mundial se juega básicamente en Estados Unidos. Y aunque Trump obliga a ese tipo de relaciones de amigos o enemigos, Infantino está absolutamente seducido y fascinado con el juego de la política. Y porque la FIFA ganará en este Mundial más dinero que en toda su historia”. Para el columnista del diario La Nación, la FIFA de Infantino busca equilibrar “ese viejo y central poder europeo” al consolidar la expansión del fútbol a otros lugares, como Estados Unidos y el Golfo Arábigo.
Trump no ahorró adjetivos al felicitar a Infantino por sus 10 años en la FIFA. “¡Qué gran líder ha sido! Espero que esté allí otros 10, 20 o 30 años”. Convenientemente, el dirigente deportivo ha permanecido en silencio ante las redadas antinmigratorias del republicano que ponen en peligro la seguridad de los entre 20 y 30 millones de turistas extranjeros que viajarán al Mundial; y no dudó en premiar a su aliado estadounidense con el inédito Premio FIFA de la Paz luego de que el Comité Nobel de Noruega le negó su galardón.
🇺🇸⚽️ | AHORA: Trump: "Felicitaciones a Gianni Infantino por sus 10 años como Presidente de la FIFA. ¡Qué GRAN líder ha sido!
— Alerta News 24 (@AlertaNews24) February 25, 2026
¡Espero que esté allí otros 10, 20 o 30 años!" pic.twitter.com/h8BxCoIRyy
Ante semejante adulación a Trump, la ONG FairSquare acusó a Infantino ante el Comité de Etica de la FIFA por violar sus propios estatutos de neutralidad política. Y lo hizo a fines de 2025, antes de los ataques ordenados por Trump en Caracas y en Teherán. Infantino también se sumó a fines de febrero a la llamada Junta de la Paz, el polémico comité de líderes internacionales convocado por Trump, una especie de ONU paralela manejada a su entera arbitrariedad. De esta alianza FIFA-MAGA alertó en un artículo el columnista deportivo británico Simon Kuper, que sentenció: “En lugar de cancelar la Copa del Mundo, deberíamos eliminar al señor Trump de ella”.
¿Un Mundial en riesgo?
El clima de guerra se vive incluso dentro de Estados Unidos, donde el ICE no deja de perseguir a quienes percibe como inmigrantes ilegales. En efecto, entre el 20 de enero y el 15 de octubre de 2025, detuvo a 92.392 personas en las ciudades donde se disputarán los partidos de la Copa del Mundo, según informó Human Rights Watch. “Tenemos graves preocupaciones por los riesgos para las personas y las familias que van a asistir a los eventos, por posibles detenciones violentas e incluso también deportaciones a sus países de origen”, alerta Katherine de la Puente, quien coordina el trabajo de HRW sobre el deporte y los derechos humanos.
“Nos preocupan los abusos que pueden haber sobre la libertad de prensa y la libertad de expresión también. La FIFA debe comprometerse a garantizar una protección eficaz contra la discriminación racial y contra los abusos de derechos humanos. Incluso instando al gobierno estadounidense a que detenga estas políticas abusivas contra los inmigrantes, contra la prensa, y cumpla sus compromisos con su propia política de derechos humanos”, completa De la Puente.
El reclamo de HRW no encuentra mucho eco en la máxima entidad del fútbol. Infantino ha respaldado la militarización de las 11 ciudades sedes del Mundial en Estados Unidos, y asegura que no tiene “ninguna preocupación” sobre este tema y que el torneo será “una gran fiesta”.
Pero a esa fiesta del fútbol podría faltarle una de las 48 selecciones clasificadas. Las autoridades de la federación de Irán ya anticiparon que tienen dudas sobre participar, mientras caen bombas estadounidenses e israelíes sobre su país, mientras las iraníes explotan en respuesta en Tel Aviv y otras zonas de Medio Oriente. Mientras tanto, el secretario general de la FIFA, Mattias Grafstrom, afirma que “nuestro objetivo es celebrar un Mundial seguro en el que todos puedan participar”.
Como afirmó a la BBC Nick McGeehan, del grupo de defensa de los derechos humanos FairSquare, “nos encontramos en territorio desconocido, ya que faltan poco más de tres meses para el inicio del Mundial y el país anfitrión acaba de lanzar una guerra de agresión contra uno de los países participantes”. Y agregó que “si Irán retira a su equipo, un resultado que parece totalmente plausible, es probable que la FIFA dé un suspiro de alivio, dado el alcance de las protestas y los disturbios”.
Ante lo anterior, parecería imponerse el principio de “el show debe seguir”. Pero la retórica bélica trumpista llegó incluso hasta Andrew Giuliani, jefe del grupo de trabajo de la Casa Blanca para la Copa del Mundo. El funcionario elogió los ataques contra Irán en las redes sociales asegurando que “harán del mundo un lugar más seguro”. Y completó: “Mañana nos ocuparemos de los partidos de fútbol. Esta noche celebramos la oportunidad de libertad [del pueblo iraní]”.
Mientras tanto, en Guadalajara, México —otra de las sedes mundialistas—, ya no reina El Mencho, pero sí sus sicarios y la violencia del CJNG. Y en un país signado por los asesinatos, las familias que buscan los más de 137 mil desaparecidos por la violencia del narco han convocado a rodear con sus fotos el estadio Azteca el día de la inauguración. Buscan generar presión internacional sobre un problema minimizado y hasta ignorado por las autoridades nacionales.
En Guadalajara se jugarán cuatro partidos de la fase de grupos, entre los que destaca el choque entre Uruguay y España el 26 de junio. También habrá otros tantos en Canadá, cuyo primer ministro se ha convertido en “enemigo íntimo” de Trump.
Pero el verdadero anfitrión del Mundial, con casi el 80% de los partidos programados en su territorio, será Estados Unidos. Allí, la final tendrá lugar en New Jersey el 19 de julio. ¿Estará el presidente Trump entregando la Copa al ganador y robándose todos los flashes, como ya lo hizo en el encuentro decisivo del Mundial de Clubes 2025? Así como la FIFA se ha politizado, ¿los espectadores harán acciones políticas en las gradas? ¿Quizás algún jugador iraní ensaye una protesta? ¿Se sumarán Claudia Sheimbaum y Mark Carney al palco MAGA en los estadios? ¿Hay riesgos críticos de violencia narco o de terrorismo islámico durante el torneo? En los últimos 90 años, nunca un Mundial había estado sumido en tanta incertidumbre.
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