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Nate Morris dice que Colombia saldrá de la Nueva Ruta de la Seda: ¿qué implica eso?

El nominado de Trump para ser embajador en Bogotá dijo que Colombia, como los demás países, debe elegir entre hacer negocios con Estados Unidos o con China, y se refirió a la iniciativa de la Franja y la Ruta. Con la expectativa de la llegada del nuevo Gobierno, su perfil apunta a que ayudaría a la consolidación de negocios.

Redacción Mundo

05 de agosto de 2026 - 06:07 p. m.
Nathaniel Morris abandonó su aspiración al Senado en el estado de Kentucky para unirse a la administración de Donald Trump.
Foto: Ross D. Franklin - Agencia AP
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Estuvo acompañado por Carolina Barco, su suegra, quien fue canciller y embajadora en Washington en los gobiernos de Álvaro Uribe. Le agradeció al senador Bernie Moreno, además de al presidente Donald Trump, al vicepresidente J. D. Vance y al secretario Marco Rubio, y ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense expuso este miércoles sus argumentos de por qué debe llegar como embajador a Bogotá. Nathaniel Morris, emprendedor y político, se jugó sus cartas ante los legisladores y en medio de ello develó lo que sería su hoja de ruta como representante diplomático de la administración republicana, dejando entrever unos ultimátums al Gobierno colombiano, que está a pocos días de ser presidido por Abelardo de la Espriella y su equipo.

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“El futuro de la política exterior estadounidense descansa en la predominancia de Estados Unidos en el hemisferio occidental. Este es nuestro vecindario, y estoy orgulloso de que el presidente Trump lo esté tratando así otra vez”, dijo durante la audiencia: “La inauguración de la nueva administración colombiana, prevista para el 7 de agosto, será un momento importante en nuestra relación con este aliado clave”. Reafirmó, entonces, que los asuntos prioritarios entre Washington y Bogotá serán frenar el flujo de drogas y de “migración ilegal”, sobre lo cual habrá tolerancia cero, y expandir las oportunidades económicas.

Pero quizás una de sus afirmaciones más fuertes se escuchó cuando dijo que “Colombia es todavía uno de los pocos países suramericanos que sigue teniendo a Estados Unidos como su principal socio comercial, y me aseguraré de que eso siga siendo así (...). Los negocios y las inversiones estadounidenses serán siempre la primera opción, por encima de China o de cualquier otro competidor”. Y con referencia a ello, luego de que se le preguntó cómo se podría reversar la adhesión de Colombia a la iniciativa de la Franja y la Ruta, agregó: “El presidente electo me ha hecho saber su compromiso de salirse del memorando de entendimiento. Creo que, obviamente, todas las naciones deben decidir si hacen negocios con nosotros o con China”.

Una decisión así no solo pondría en riesgo lo que se firmó en Beijing el año pasado alrededor de 11 áreas de cooperación, como conectividad en infraestructura, comercio e inversiones con transferencia tecnológica, reindustrialización en sectores estratégicos y descarbonización económica, sino que se perdería continuidad y memoria institucional de lo que se ha trabajado con el gigante asiático. Así lo expresó Camilo Defelipe, docente de estudios de Asia en la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana: “¿Hasta qué punto lo avanzado se puede perder? ¿Qué implica sacar a China de la agenda o reducirla a su mínima expresión? Eso es lo que toca ver (...), además de que nos están sometiendo a una subordinación con Washington también en la agenda en el Asia-Pacífico”.

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Eso podría tener repercusiones considerables para Colombia con relación a China, las cuales no necesariamente se verían compensadas por el mayor acercamiento con Estados Unidos, aseguró, por su parte, Arlene Tickner, analista internacional y exembajadora: “Exigirle a un país como Colombia escoger entre tener relaciones comerciales con Washington o con Pekín es absurdo en un contexto regional en el que los flujos comerciales y de inversión con China han aumentado notablemente”. A su parecer, el Gobierno debe “apalancar el hecho de que Colombia sigue teniendo al país del norte como principal socio económico en función de beneficios propios, sin dejar de avanzar en el fortalecimiento de vínculos con China y otras contrapartes internacionales”.

El perfil de Morris, con trayectoria empresarial y experiencia en creación, transformación y expansión de compañías, puede aportar una visión orientada a la ejecución, la inversión y la identificación de las barreras que limitan los negocios entre Colombia y Estados Unidos, expresó María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara Colombo Americana (AmCham), quien también señaló que, en los 14 años de vigencia del Tratado de Libre Comercio, más del 60 % de las exportaciones hacia Estados Unidos corresponde a bienes no minero-energéticos, como productos agroindustriales, manufacturas y confecciones, lo que demuestra una creciente diversificación de nuestra canasta exportadora. No dejó de mencionar que Washington es una fuente fundamental de turismo y remesas, además de ser uno de los mayores inversionistas.

Ahora bien, y partiendo de la base de que las decisiones en política comercial le corresponden al Gobierno, Lacouture recordó que hay ventajas en la relación con el país norteamericano, como la cercanía geográfica y la existencia de una amplia red institucional y empresarial, pero que eso no significa que Colombia tenga que renunciar a ampliar su presencia en otros mercados: “Diversificar es conveniente, pero no implica reemplazar ni debilitar una relación estratégica que ofrece beneficios para los colombianos”.

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Morris carece de experiencia diplomática y de política exterior, y esas capacidades son muy distintas a las empleadas en el mundo de los negocios, comentó Lawrence Gumbiner, exdiplomático estadounidense y consultor internacional: “Los embajadores en esta administración tienen muy poco espacio para hacer su diplomacia. Su gran ventaja es su cercanía con Trump, de quien no hay que olvidar que es más transaccional que ideológico. Él tendría que formar un equipo con experiencia y tener la fortaleza de ayudarle a Washington a entender por qué Colombia piensa distinto, así como tratar de mantener las relaciones bilaterales productivas, no de venganza ni de castigo”.

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