“Dólar por dólar”. Esa fue la respuesta que dio el primer ministro de Canadá, Mark Carney, cuando fallaron las negociaciones con Estados Unidos y, en respuesta, el presidente Donald Trump impuso el sábado aranceles del 50 %. Ottawa responderá con gravámenes del 15 % al 50 % sobre diferentes bienes estadounidenses, pero la disputa no termina ahí. En medio están el idioma francés y, más recientemente, la idea de rebautizar el lago Ontario, como alguna vez lo propuso hacer el jefe de la Casa Blanca con el golfo de México. Con unos picos máximos de tensión entre ambos, la postura del republicano reaviva la presión por hacer de Canadá el estado 51, mientras que sus líderes locales resienten sus decisiones y pronunciamientos, además de que defienden sus principios e identidades, sobre todo en la provincia de Quebec.
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Trump no se tomó mucho tiempo, tras conocer el anuncio de los aranceles canadienses, para decir: “Estados Unidos está considerando seriamente cambiar el nombre del lago Ontario a lago América, dado que no esperamos seguir haciendo muchos negocios”. Mostró, entonces, un mapa con el nuevo nombre sobre uno de los cinco grandes lagos situados en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, con un letrero en tipografía dorada. Toronto, la ciudad canadiense más grande, está en la orilla noroeste. Esto se ha convertido en reflejo de algo mayor: la de una disputa personal del primer ministro de Ontario, Doug Ford, quien el lunes mandó “al diablo” al presidente estadounidense y amenazó con aplicar un recargo a la electricidad que exporta la provincia, resumió la agencia AFP.
“Trump quiere tomarse Groenlandia y Canadá, en su defensa del Ártico, con una forma también burlona y simplista de hacer las cosas. Su base votante es el inglés, lo que, a su parecer, es lo que debería estar imperando en la zona”, argumentó el docente Alejandro Bohórquez-Keeney. Y es que el tema de identidad salió a relucir en medio de la disputa, y lo hizo en boca de Carney: si bien los negociadores estadounidenses veían el idioma francés en Canadá como una “molestia (...), en Quebec esos son derechos”. Según dijo, su país “no podía aceptar” un acuerdo comercial que debilitara la protección del francés. La pelea con su principal socio comercial, entonces, no se limita a las exigencias arancelarias, sino que también incluye lo que él considera “amenazas” inaceptables para el idioma y la “cultura quebequense”.
Eso fue aplaudido por los habitantes de esa provincia, que ha tenido ánimos de independencia desde hace años. Una encuesta publicada el domingo por el Instituto Angus Reid reveló que el 85 % de las personas respaldó la medida adoptada por el jefe de Gobierno, lo que se convirtió en el índice de aprobación más alto entre las 10 provincias canadienses, informó France24. Al respecto, la primera ministra de Quebec, Christine Fréchette, escribió en sus redes sociales: “Nuestra identidad no es negociable”. Ella, de hecho, aspira a reelegirse en octubre y está por detrás en las encuestas del candidato separatista de Quebec. A su parecer, la cultura no debe estar en medio de las discusiones; es una línea roja, a pesar de la amenaza de los aranceles.
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Según los medios canadienses, Frechette afirmó que Washington quería concesiones en las normas de Quebec sobre electrodomésticos y manuales de instrucciones, así como en su ley que promueve el contenido cultural en francés. Montreal Gazette resumió que una legislación reciente de la provincia le permite regular la cantidad de contenido en dicho idioma que ofrecen las plataformas digitales y la visibilidad que tiene sobre él, lo que puede aumentar el costo de operar para las empresas estadounidenses.
Washington, por su parte, ha hablado de obstáculos comerciales. El proyecto de ley 96, por ejemplo, exige que los productos vendidos en Quebec tengan una descripción en francés y que las marcas comerciales que utilizan términos genéricos se traduzcan a esa misma lengua, mientras que el proyecto de ley 109 obliga a los servicios de medios como Netflix, Spotify y Apple a promover y priorizar el contenido en francés para los usuarios de la provincia. Ahora bien, en medio de la reciente disputa, la Federación de Cámaras de Comercio de Quebec elevó las alertas y ya calificó los aranceles como el “peor escenario posible” para las empresas de la provincia.
Del lado estadounidense, Jamieson Greer, principal representante comercial de Trump, declaró ante CNBC el lunes que es una “historia falsa y ridícula” el informe que indica que las protecciones al francés están en el centro del debate: “Eso no es cierto (...). Me gustan los quebequenses y me gusta que hablen francés”. Dijo que la cuestión era que a ellos no les gustaba que Canadá “obligara” a los gigantes del streaming en Estados Unidos a destinar parte de sus ganancias a financiar el contenido canadiense. Sin embargo, como se lee en el medio The Guardian, Ottawa se alejó de esa postura tras eliminar algunos aspectos del impuesto a los servicios digitales.
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