13 Jun 2021 - 2:05 a. m.

Perú se convirtió en el centro de la disputa geopolítica latinoamericana

El analista Gonzalo Banda explica cómo su país está en un estado de histeria colectiva, en donde priman la desconfianza y el desencanto. Este es el escenario que viven los peruanos.

El jueves de la semana pasada, mientras la selección de Colombia goleaba al combinado del Perú en Lima, los peruanos no estaban tristes ni enojados, algunos incluso celebraban los goles de los colombianos. Este episodio lo cuenta con asombro el analista político peruano Gonzalo Banda. Y es que considerando que hasta hace poco el combinado nacional era el símbolo de la unión de los peruanos —caso similar al de los colombianos—, el festejo del triunfo de Colombia sorprende. ¿La razón? La campaña política en el país durante estas elecciones generó una histeria colectiva y una desilusión que Banda nunca había visto. En conversación con El Espectador, el experto reflexiona sobre los comicios en su país y los retos que se vienen para el nuevo presidente.

¿Cuándo se conocerá el resultado final de las elecciones?

Lo que pasa es que hay un montón de actas en observación, porque tienen algún error material o la suma no coincide. Entonces esas pasan a los jurados electorales especiales para que resuelvan las dudas. Cuando se termine todo eso ya habremos llegado al 100 % de las actas totales, que podría ser un plazo máximo hasta este domingo, calculo. Pero Keiko Fujimori anunció una ofensiva legal para impugnar cerca de 800 actas. Este es el proceso de impugnación más grande en la historia de las elecciones en el Perú. Perú Libre también ha respondido impugnando poco más de 100 actas en la región de Loreto, pero no es el volumen de lo que hace Fujimori. Esos votos ya han sido contabilizados, ya están dentro del conteo de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), pero la candidatura de Fujimori está pidiendo que desaparezcan porque dicen que hay irregularidad.

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¿Cuándo podríamos decir que hay un presidente?

Fujimori puede recurrir al Jurado Nacional de Elecciones, que tiene que analizar caso a caso para resolver quién es el ganador. Y el jurado, que es un colegiado que cuenta con cinco personas, se va a demorar. Nunca habíamos visto un proceso con casi 200.000 votos impugnados. Es inédito. El mensaje que estamos dando es preocupante. Y somos víctimas incluso de la polarización de América Latina: tienes, por ejemplo, a Evo Morales felicitando a Pedro Castillo ya, a Alberto Fernández, que es el primer presidente de toda América que lo felicita, está Lula, y algunos senadores españoles, venezolanos y colombianos. Andrés Pastrana, por ejemplo, respondió con un comunicado, firmado con varios expresidentes como Uribe, Macri y Aznar, que piden que no se declare nada hasta que se resuelvan las impugnaciones de Fujimori. Esta es una clara movida de Vargas Llosa, que ha contactado a estas personas porque Perú se ha convertido en el centro de la disputa geopolítica entre la izquierda y la derecha latinoamericana.

¿Qué escenarios se abren tras los comicios?

Hay todo un aparato gigantesco, sin precedentes en nuestra historia republicana, por impugnar los resultados y cambiar el curso de las elecciones. Ahora la ley es muy severa: para que tú puedas anular una votación tiene que haber una manifiesta evidencia de que ha habido una concertación de voluntades para embaucar la elección en una mesa. No es tan sencillo. Hay argumentos muy ridículos, por ahora. Todo esto nos trae incertidumbre, que es lo que campea en el Perú, una campaña de fake news sin fundamento, que alimenta la polarización. Y eso está llegando a demencias colectivas que nunca había visto. Aquí en Perú, por ejemplo, había muchos que querían que perdiera la selección en el partido contra Colombia. Y cuando los cafeteros metían gol muchos peruanos celebraban y gritaban. Ese tipo de histeria colectiva nunca la había visto y tiene que ver con la campaña que algunos seleccionados hicieron por Fujimori.

Usted dijo que en estas elecciones el perdedor seguro era Perú. También se dijo que el que ganara iba a ser rechazado de seguro. Con este resultado tan apretado, ¿El nuevo gobierno llega sin legitimidad?

En la opinión pública ya no se escuchan las voces. La gente prefiere megáfonos que amplifiquen su opinión. Ya no buscan informarse. Los medios, cabe destacar, hicieron campaña por Keiko Fujimori, lo que causó el despido de directores de televisión y de los mejores investigadores de la televisión peruana. Con esto trato de decir que cuando Keiko sembró la duda de fraude, echó un manto de duda no sobre una mesa sino sobre todo el proceso electoral. Hay histeria colectiva por eso. El miércoles hubo una marcha de clase media alta similar a la de los trumpistas en Estados Unidos. ¡Qué cosa más rara! Y siempre enalteciendo el discurso anticomunista, que ha pegado en las élites limeñas. No sé si nos vamos a recuperar pronto. El presidente que salga elegido, que podría ser en teoría Castillo, va a tener muchos problemas por una oposición voraz.

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¿Qué le espera a Castillo?

No me lo imagino asumiendo en un ambiente de gran concertación y diálogo. Y aunque un sector pide concertación, hay otro tratando incluso de justificar una intervención de las fuerzas armadas. A mí me habían dicho que era la izquierda la que iba a instalar un totalitarismo dictatorial, pero ya ves que los discursos de ese tipo han venido del otro lado. Lo cual refleja que no se defienden convicciones democráticas sino intereses particulares. No sé a qué extremos lleguemos, pero serán bien ridículos.

¿Hay posibilidad de una intervención del Ejército, como se decía en foros públicos?

No, el Ministerio de Defensa descartó la intervención de las fuerzas armadas porque estas no tienen un carácter deliberante. Pero yo me temo que este discurso lo van a seguir entonando los fanáticos de que hay que hacer todo lo posible para que el comunismo no llegue al poder. Con certeza no van a cesar. Veo un mayor radicalismo que nunca había visto en mi vida. Gente con discursos de odio de derecha, de gente que solo se miran el ombligo. En este momento no se está escuchando. Los dos lados se están gritando, y en el medio hay un mausoleo de 180.000 muertos producto de la pandemia. Esa es la metáfora del Perú: la gran tristeza es que en los momentos de miseria que hemos vivido como nación, como la pandemia o la Guerra del Pacífico, los peruanos nos encargamos de sumar una miseria más: la división de la dirigencia política. Ni siquiera con muertos y enemigos exteriores, o con una pandemia y una crisis económica, los actores políticos son capaces de madurar y escuchar. Entonces, si ese cementerio de 180.000 peruanos no te lleva a la reflexión como partido y no te merece algún tipo de responsabilidad, en el fondo a ti no te interesa el Perú, sino que te interesas tú.

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Castillo ha venido relajando su discurso. Se le ve más conciliador. ¿A qué se debe ese cambio y cómo podría hacer para gobernar un país dividido en dos?

Lo que más me preocupaba de Castillo era su improvisación, no tanto el radicalismo. Lo único que podíamos haber visto de Castillo, y él debe ser consciente de eso, es que ha desperdiciado un capital político de veinte puntos de diferencia y que va a terminar ganando por un poquito. Esa victoria se da por el apoyo en las áreas rurales que consiguió y porque Fujimori es la política más impopular de los últimos diez años, casi como Alan García. Sin esa impopularidad de Keiko, Castillo no sería presidente. Entonces en el discurso Castillo tiene que ser consciente de eso, antes de plantear cualquier reforma tendrá una gran oposición en el Congreso, y a él no le quedará otra que concertar. En ese primer balconazo, cuando lo vimos hablar, estaba con Pedro Francke y Hernando Ceballos, que son de una izquierda más moderada, y con eso da un mensaje que lo pone como más presidenciable. A diferencia de Keiko, que se queja del fraude en mesa. Castillo está tratando de dirigirse en un tono de ya soy presidente.

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Algunos dirán que eso es irresponsable, porque no puede declararse presidente todavía, pero lo que queda claro es que intenta ya enviar un mensaje de calma, sobre todo a los sectores económicos, que son los que reaccionan con más temor. Él sabe que su capital político no es sólido, entonces su supervivencia —ya vimos que es difícil sobrevivir en la política peruana—, dependerá de su capacidad de negociación. Y si algo ha sido es un gran negociador.

¿Este es el final político de Keiko Fujimori?

Había mucha campaña del antifujimorismo diciendo que un voto por Keiko es un voto por salvarla a ella de la cárcel, no por salvar a Perú. Ella tiene un proceso de lavado de activos y de financiamiento ilícito por el que la reclama la Fiscalía. El fiscal pidió prisión preventiva para ella de nuevo. Eso nos pone en un escenario de demencia: que el fiscal pida que metan a la candidata a la cárcel. Creo que ella está cometiendo un grave error con esta campaña sobre fraude, con negarse a aceptar su derrota; conduce al mismo espiral de violencia política que tuvimos en 2016, que terminó con cuatro presidentes y un Congreso disuelto. No aprendió de sus errores del pasado; debería asumir sus derrotas políticas. Pero sobre si es el final de ella, es difícil decirlo. En este país decíamos que Alan García nunca iba a volver a ser presidente tras su gobierno desastroso, y mira, volvió a ser presidente. El fujimorismo ha resistido. Hay que reconocerle eso, que resistió hasta cuando su lideresa estaba en la cárcel. Si fuera cualquier otro país que pierde tres segundas vueltas, seguramente se retiraría de la política. Pero en este caso no lo veo así.

El capítulo del fujimorismo entonces no se ha cerrado...

Yo creo que no. Nunca podemos descartarlo, porque es de los pocos partidos políticos que tiene organización y estructura todavía, tal vez con Acción Popular, que sobreviven. Hay partidos nuevos como el de Verónica Mendoza o Julio Guzmán, pero su supervivencia depende también del comportamiento de Keiko, que le puede pasar una gran factura. Hay quienes dicen que las derrotas son culpa de que el discurso se ha centrado en ella.

¿Y qué pasa con el otro gran partido del Perú, el antifujimorismo? También quiero saber, con tanta apatía electoral y desilusión de los peruanos por el sistema y todo este sentimiento antipartidos. ¿Cómo están los peruanos frente al sistema político?

Estamos hechos despojos. Lo que queda del Perú son vestigios de proyectos que alguna vez existieron, por el rifirrafe entre Vizcarra y el Congreso, que terminó en la disolución de uno y la vacancia del otro. La clase política está diezmada por el “vacunagate”, por el “lava jato”, entonces no hay actores políticos en los que confiar en el Perú. Vizcarra, por ejemplo, que prometía ser la figura anticorrupción, terminó ensuciado también con el mismo problema. La gente no tiene esperanzas en sus políticos, no hay confianza. En ese caldo de cultivo, después de una crisis política, económica y sanitaria como la que vivimos, es fácil que los candidatos antisistema tengan oportunidad. Por eso un candidato como Castillo iba a tener más oportunidad, porque no corren por las líneas oficiales de la política.

Este ambiente también da lugar a la aparición de populismos y caudillismos...

Sí, claro. Y cada vez con mayores estruendos. Tenemos candidatos populistas como Castillo, pero también populismos de derecha como el de Hernando de Soto. Son propuestas que ya buscan los márgenes de la política, que buscan no identificarse como políticos tradicionales. Es increíble, por ejemplo, que la misma camiseta de la selección se volvió un símbolo de populismo. Ese fue el uniforme de campaña de Keiko... Es tan demencial. Los peruanos no tenemos muchos elementos que nos unan. Somos muy desconfiados del otro. Ese pequeño hilo que nos unía era la camiseta nacional, el Mundial Rusia 2018, y si hasta ese punto se politiza todo, te quedas en una situación de orfandad, de símbolos que puedan tener puentes. Hoy que se está dudando del sistema electoral, por ejemplo. Si comenzamos a dudar de todo será un desastre.

¿Qué puede hacer el presidente para recuperar la confianza?

Creo que hay que partir de las cosas buenas que está dejando el gobierno de transición: un proceso de vacunación bien encaminado, que funciona, que tiene buen ritmo, que habla de una reforma y sobre el que Perú tiene confianza. Haría bien el que sea presidente en continuar con esos procesos. No descabezar esas instituciones que están funcionando bien. Continuidad en las buenas cosas, como la reactivación económica y el manejo de la transparencia de la información pública. Tenemos cosas que hacen que el sistema sea débil, como la figura de la vacancia por incapacidad moral, que le da la capacidad al Congreso la potestad para, cuando llegue la situación, sacar al presidente. Las figuras de disolución del Congreso también. Tienes reformas políticas que, si puedes interpretar y resolver esos grandes candados que tiene la institucionalidad peruana, podrías anticiparte a esos escenarios catastróficos; pero todo eso parte de la concertación. El pacto que debería tomar el próximo gobierno sería: no disolveré, no vacaré. Eso para calmar los ánimos de provocación entre el Congreso y el Ejecutivo. La gran reforma política es que los actores políticos entiendan que Perú está en medio de una crisis sanitaria y económica y que eso es lo que hay que resolver

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