7 Mar 2017 - 3:21 a. m.

¿Por qué Irak queda fuera del veto migratorio?

Desde la lucha contra Al Qaeda, el gobierno iraquí ha sido esencial para fungir como tapón contra los terroristas en Oriente Medio. Hoy, junto con los kurdos en el norte del país, es uno de los principales rivales del Estado Islámico y un centro militar importante para Estados Unidos.

redacción internacional

¿Por qué Irak queda fuera del veto migratorio?
Foto: ALI ABBAS

Donald Trump no se da por vencido en su objetivo de bloquear la entrada a ciertas nacionalidades para, según él, prevenir la llegada de terroristas a su país. Ayer firmó un nuevo veto migratorio que prohíbe el ingreso, en principio por 90 días, de nacionales de Irán, Somalia, Yemen, Libia, Siria y Sudán. El decreto es una renovación del que emitió hace un mes y que, además de un caos general en los aeropuertos y de la expulsión injusta de numerosos ciudadanos, fue detenido por un juez federal a causa de la violación de ciertos derechos constitucionales. En la práctica, el decreto quedó casi igual al anterior, con una diferencia: los ciudadanos de Irak, que estaban incluidos en el listado anterior, podrán entrar al país.

¿Por qué? Desde la invasión de Irak en 2003, Estados Unidos se ha ocupado en parte de la transición de ese país hacia una democracia estable, con yerros y éxitos. Después de que las tropas estadounidenses salieron de allí, tras un proceso de cuatro años entre 2007 y 2011, sus lazos militares pervivieron de cara a una nueva amenaza: el Estado Islámico.

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Los años de la invasión dejaron un ejército iraquí débil que fue incapaz de resistir la captura de parte de su territorio por parte de ese grupo extremista. Estados Unidos, entonces, como corolario de su estrategia para detener a aquellos terroristas (compuestos por personal de Al Qaeda y también de los talibanes), proveyó ayuda militar, entrenamiento y armas. Cuando el Estado Islámico entraba en las ciudades iraquíes, como Mosul o Ramadi, el ejército iraquí no tenía cómo defenderse porque le faltaba estrategia y personal. A mediados de 2014, en el período más fuerte de invasión del Estado Islámico, que llegó a tener el 30 % de Irak (en zonas muy cercanas a Bagdad, la capital) y el 70 % de Siria, los kurdos iraquíes comenzaron a tener un protagonismo esencial. Estados Unidos, con el permiso del gobierno iraquí, les proveyó armas, puesto que se habían convertido en la resistencia más efectiva contra el grupo yihadista en el norte del país.

Estas consideraciones estuvieron en la agenda de Trump a la hora de tomar la decisión de sacar a los iraquíes de la lista. El gobierno iraquí, tras conversaciones con el gobierno de Trump y sus representantes del Departamento de Defensa, se comprometió a colaborar con la investigación de sus nacionales. Es decir, a servir de filtro para saber quiénes van a Estados Unidos y quiénes, por razones de seguridad, no pueden cruzar las fronteras. Por otro lado, para Estados Unidos resulta importante tener a Irak de su parte, dado que una de las promesas de campaña de Trump fue derrotar al Estado Islámico. Aunque nunca especificó su plan de batalla, se presume que la rebatiña tiene como centro la retirada del Estado Islámico de dos de sus centros urbanos más grandes: Raqqa, en Siria, y Mosul, en el norte de Irak. En esta última ciudad se libra, desde octubre del año pasado, una guerra cruenta para expulsar al grupo yihadista. Más de mil civiles han muerto en el fuego cruzado.

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La estrategia no sólo le permite a Estados Unidos tener de lado a su socio principal, el gobierno iraquí, sino también a los kurdos, que tienen en sus manos un plan de ataque en el norte de Siria, donde defienden su territorio ancestral. Sin tener un acceso adecuado a Irak, el gobierno estadounidense no podrá combatir la célula principal del Estado Islámico: el territorio ocupado en Irak. Las desavenencias que han ocurrido en las últimas semanas en Ginebra (Suiza), durante los diálogos entre la oposición siria y el gobierno de Bashar al Asad, permiten observar que Estados Unidos ha perdido un territorio precioso que, en cambio, Rusia ha capturado. Un territorio político y diplomático importante. Y está claro, con el proyecto de Trump de aumentar el gasto en defensa (que ahora debe pasar por las manos de los senadores), que Estados Unidos quiere volver a tener la primera palabra en la lucha contra el terrorismo por fuera de sus fronteras.

Una de las consecuencias de la exclusión de Irak es, quizá, evidente: los países vecinos, como Irán y Siria, podrían cerrarse al florecimiento de los lazos diplomáticos y militares. Libia, que es un país partido en dos, es también la cuna de numerosos terroristas y punto de tránsito esencial para la migración por motivos de conflicto. Por cuidar el jardín, Trump podría descuidar la casa entera.

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