La protesta social y la resistencia no son conceptos ajenos para los estadounidenses, mucho menos ahora que se ven envueltos en una coyuntura que los ha llevado de nuevo a las calles. El detonante fue la muerte de dos civiles a manos de agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en Minneapolis, en enero. Estas muertes, sumadas a las violentas redadas migratorias y la constante represión de las fuerzas federales, han encendido un nuevo movimiento social.
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“Las protestas mantienen los abusos de poder de las autoridades en la frente del debate nacional y muestran el coraje de la ciudadanía regular para enfrentarse a la ocupación de su ciudad y estado”, afirmó la Dra. Jennifer Piscopo, profesora titular de género y política en la Universidad de Londres, sede Royal Holloway.
La historia de las protestas en Estados Unidos demuestra el poder de la ciudadanía para transformar su realidad, capaz de convertir carteles de denuncia en movimientos de cambio sistémico. En 2020, también en Minnesota, un agente de policía asesinó en plena calle a George Floyd, un hombre negro de 47 años. Su muerte detonó una ola de protestas bajo el lema de Black Lives Matter (las vidas negras importan), un movimiento nacido en 2012 que, tras ese episodio, cobró una fuerza inédita en todo el país. A través de consignas antirracistas, las movilizaciones denunciaron el abuso policial y la persistencia de la supremacía blanca.
Black Lives Matter transformó la opinión pública sobre el racismo y la violencia policial, abrió la puerta a reformas en las fuerzas de seguridad y el sistema de justicia, impulsó mayor supervisión y mejor recopilación de datos, visibilizó el alto costo de la brutalidad policial y movilizó a una nueva generación de líderes políticos, dejando además un fuerte impacto simbólico en el espacio público, según la revista Brookings.
“Los movimientos sociales como Black Lives Matter se caracterizan por su amplia coalición de sectores progresistas —feministas, sindicatos, grupos religiosos y más—, más allá de los directamente implicados. Su impacto global radica en demostrar una base diversa que refleja a toda la sociedad”, explicó la Dra. Piscopo.
Otro movimiento contemporáneo que se destacó por su fuerza y por diferenciarse de otros fue el #MeToo, que reconfiguró las lógicas de la protesta social al trasladarlas al ámbito digital. El movimiento surgió a partir de denuncias públicas sobre hombres con poder y dinero que abusaron de las mujeres en la industria cinematográfica y que durante años no enfrentaron consecuencias por sus actos. Sin embargo, esto cambió con un numeral que permitió visibilizar lo que durante décadas fueron secretos a voces en Hollywood y destapó los abusos sistemáticos contra las mujeres en la industria.
Un año después del estallido de #MeToo —que se convirtió en herramienta de denuncia no solo para estrellas de cine, sino para mujeres de todo Estados Unidos—, la Corte Suprema redefinió el contacto sexual no consentido como abuso grave, en lugar de una falta menor, lo que implicó sanciones más severas. Varios estados prohibieron además los acuerdos de confidencialidad usados para encubrir casos de acoso, según Human Rights Watch.
Pero si ha habido una gran conquista en materia de derechos en Estados Unidos esa fue resultado de la lucha por los derechos civiles. Surgido en la década de 1950, el Movimiento por los Derechos Civiles se convirtió en uno de los procesos sociales más influyentes del siglo XX, liderado por figuras como Martin Luther King Jr., Rosa Parks y Malcolm X. Su objetivo de poner fin a la discriminación racial y garantizar la igualdad de derechos transformó profundamente a la sociedad estadounidense e inspiró a numerosos movimientos sociales en el mundo.
Todos estos movimientos —y muchos otros— han provocado una constante recomposición y transformación del sistema político y social en Estados Unidos. Sin embargo, pese a las lecciones que dejaron, las movilizaciones que hoy se observan en Minneapolis y en el resto del país durante la administración de Donald Trump son completamente inéditas.
Trump ha cuestionado abiertamente los límites de la Constitución al afirmar que su poder no tiene restricciones y declararse inmune a responsabilidades legales, una postura que ha avivado las críticas por autoritarismo y alimentado las protestas en Minneapolis contra ICE y la represión federal, como ha reportado The New York Times.
“Hasta ahora, el gobierno federal nunca se ha declarado inmune a la ley ni a la Constitución, ni siquiera negando explícitamente la protección a opositores pacíficos”, aseguró el periodista George Packer en The Atlantic.
En la situación actual, se ha denunciado abuso de poder por parte de agentes de ICE, y se ha criticado que las autoridades han protegido más a los agentes que a las personas afectadas. La secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, han calificado a los manifestantes con términos como “agitadores profesionales”, “insurrectos” y personas que buscan “perpetuar la violencia”.
Incluso tildaron a las dos víctimas fatales de ICE, Renee Nicole Good y Alex Pretti, de ser “terroristas domésticos”, justificando su abatimiento con que representaban un peligro para los agentes.
“No son los ciudadanos que están protestando los que están aumentando la violencia en las protestas, a pesar de lo que dice el gobierno y los voceros oficiales. El coraje de los ciudadanos y las ciudadanas frente a fuerzas violentas demuestra la voluntad de la ciudadanía a defender la democracia frente al aumento autoritario del gobierno”, aseguró la Dra. Piscopo.
Las protestas en Minneapolis han sido hasta ahora autogestionadas, sin representar a ningún partido político ni contar con un líder concreto, lo que demuestra la pasión y urgencia genuinas de los manifestantes. Sin embargo, corren el riesgo de escalar violentamente ante las acciones cada vez más contundentes de ICE, justificadas por el gobierno, según señala Packer en The Atlantic.
“La lucha no violenta (por parte de los manifestantes) conlleva graves riesgos. Puede conducir al ostracismo social, al acoso legal, a la intimidación estatal, a la prisión, a lesiones y, como hemos visto en Minneapolis, a la muerte”, según el reportero.
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