Las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al régimen iraní se intensificaron esta semana con las publicaciones en redes sociales del mandatario. En ellas, aseguró que una imponente flota estadounidense avanzaba a gran velocidad hacia el país, cargada de “inmenso poder, fervor y determinación”.
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El despliegue militar más reciente de EE. UU. en Irán está encabezado por el portaaviones USS Abraham Lincoln, uno de los buques de guerra más grandes del mundo. Esta formidable fuerza naval, valorada en unos USD 33.000 millones, proyectaría poderío militar a cientos de kilómetros sin pisar tierra firme, analiza The HuffPost.
“Ojalá Irán se siente pronto a la mesa de negociaciones y negocie un acuerdo justo y equitativo —sin armas nucleares— que beneficie a todas las partes. El tiempo se acaba, ¡es realmente esencial!“, afirmó Trump en Truth Social.
La amenaza militar de Estados Unidos contra Irán se produce en medio de intensas protestas de activistas iraníes contra el régimen, que ha respondido con una represión brutal, causando al menos 3.400 muertes y miles de detenciones confirmadas por medios iraníes.
La posibilidad de una intervención militar en Irán domina las discusiones internacionales, especialmente tras el ataque estadounidense del 3 de enero de 2026 en Caracas, Venezuela. Esa operación culminó con la captura del líder chavista Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes ahora están detenidos en una prisión federal de Nueva York.
“Luego de las operaciones en el Caribe —y muy especialmente de la operación de extracción de Maduro—, junto con las acciones llevadas a cabo respecto de Irán, en particular durante el primer semestre del año pasado, quedó en evidencia de que existía una voluntad real por parte de la administración Trump de avanzar con acciones militares concretas, y no limitarse únicamente al envío de señales”, aseguró Víctor Mijares, profesor de Estudios Globales de la Universidad de los Andes.
Hay que recordar que Estados Unidos atacó Irán en junio de 2025, dañando gravemente su programa nuclear y elevando las tensiones antes de las protestas de diciembre. Desde ese ataque conjunto israelí-estadounidense, que dejó alrededor de 1.000 víctimas mortales y destruyó instalaciones nucleares clave, el país se enfrenta a una mayor debilidad interna, marcada por la fuerte devaluación de su moneda y una hiperinflación rampante.
Según el profesor, este tipo de despliegue busca principalmente ejercer presión estratégica, más que desembocar de manera inmediata en una intervención militar directa. El objetivo es construir una amenaza creíble que incite a Irán a ajustar su comportamiento.
Paralelamente, existe la intención de erosionar la estabilidad del régimen y explorar la posibilidad de un proceso inicial de transición, en un contexto en el que Estados Unidos actúa con mayor confianza tras los resultados obtenidos recientemente en Venezuela.
“En cualquiera de los escenarios posibles —por ejemplo, uno similar al de Venezuela— una transición gradual y paulatina podría ser percibida como una traición, ya que dejaría al régimen en su lugar. Aunque sería el escenario menos caótico, no resulta necesariamente aceptable para la oposición, que no está dispuesta a cambiar un turbante por otro“, afirmó Marty Mazhari, politóloga colombo-iraní.
Donald Trump afirmó que mantendría abierta la opción de un ataque preventivo “defensivo” contra Irán si detecta señales de una inminente agresión hacia tropas estadounidenses. “Sin duda tienen la capacidad, pues han acumulado millas de misiles balísticos fabricados en masa”, subrayó Mijares.
Ali Shamkhani, principal asesor del líder supremo iraní, Ali Jamenei, publicó en redes sociales: “Cualquier acción militar estadounidense, sin importar su origen o escalada, se interpretará como el inicio de una guerra. La respuesta será inmediata, total e inédita, dirigida contra el agresor, el corazón de Tel Aviv y todos sus aliados”.
Desde los ojos del derecho internacional
“Desde el punto de vista del derecho internacional, aunque aún existen debates al respecto, podría justificarse algún tipo de acción orientada a la protección de la población civil. De hecho, ese principio ya fue establecido en una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas durante la intervención aérea contra Muammar Gaddafi en el contexto de la rebelión de Bengasi, en 2011”, explicó el profesor.
Mijares habla de antecedentes de una intervención con objetivos de ayuda humanitaria dentro del derecho internacional. Según él, existen argumentos legales y estratégicos que respaldarían este tipo de operaciones militares, los cuales EE. UU. podría emplear como base para su justificación.
En contraste, Marty Mazhari afirma que el movimiento de protesta se encuentra en una encrucijada: podría salir fortalecido, pero también enfrenta el riesgo de ser neutralizado ante un escenario de creciente militarización y represión. Según advierte, el conflicto podría quedar sofocado en un enfrentamiento directo o incluso escalar hacia una crisis de mayor alcance, con implicaciones regionales y la posible intervención futura de potencias aliadas de ambos bandos.
En todo caso, aún existe la posibilidad de una salida negociada a las tensiones entre naciones. Trump exige que Irán elimine su programa de enriquecimiento nuclear, readmita inspectores de la ONU y transfiera sus reservas de uranio enriquecido a un tercero, como Rusia. Teherán rechaza ceder su capacidad nuclear soberana, aunque acepta límites estrictos en sus existencias, según The Guardian.
Un régimen débil
Para Mazhari, las comunidades han sufrido una ruptura profunda en el tejido social por la represión continua del régimen. Sin embargo, esto ha infundido mayor fuerza a las consignas de protesta y avivado una resistencia cada vez más férrea. “Hemos llegado —no, ya estamos— en un punto de no retorno”, afirma.
“La dimensión, aún desconocida, de lo ocurrido en el mes de enero es tan grande que evidencia una ruptura definitiva. La realidad actual es que estamos lejos de cualquier retorno a la normalidad”, aseguró la politóloga .
Marco Rubio, secretario del Estado de Estados Unidos, aseguró el miércoles ante el Senado que miles de personas han perdido la vida en las protestas iraníes. Según él, el régimen de Teherán se encuentra en su punto más débil desde la Revolución Islámica de 1979.
“Los debilitamientos de manera significativa, no solo en el plano político, sino incluso en el ámbito militar. La situación económica es sumamente dramática, pero también lo es la situación social, y la represión ha provocado una profunda caída de la moral nacional. Esto, desde luego, reduce cualquier disposición de la población a sacrificarse en nombre del régimen político”, afirmó, por su parte, el profesor Mijares.
¿Es una distracción del gobierno estadounidense?
Aunque en sus mensajes iniciales Donald Trump exhortaba a los iraníes a persistir en las protestas asegurando que “la ayuda ya venía en camino”, sus publicaciones recientes sobre un potencial ataque militar omiten por completo la brutal represión del régimen.
Estos contundentes mensajes al régimen iraní llegan en un momento delicado para Estados Unidos, marcado también por protestas internas. En enero, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) mataron a dos civiles en Minneapolis: Renée Nicole Good, de 32 años, durante una redada, y Alex Preti, enfermero de 37 años, mientras protestaba contra el organismo.
Esto ha llevado a miles de personas a manifestarse alrededor del país, no solo en contra de los agentes que dispararon, sino de la administración de Trump y sus políticas migratorias que se han vuelto cada vez más agresivas, lo que ha llevado a muchos expertos a pensar que estas amenazas y esta injerencia internacional es solo una distracción de todo lo que esta sucediendo dentro del país, según The Guardian.
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