El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX de Bad Bunny, el primero casi íntegramente en español, continúa despertando críticas entre los republicanos estadounidenses. Ahora, un sector del ala republicana que califica la presentación como “ilegal” y “pornografía pura” podría escalar la controversia al Capitolio en Washington, pues exige una investigación formal que podría poner en jaque a la NFL y a la cadena NBC.
La principal acusación proviene de legisladores republicanos como Randy Fine y Andy Ogles, quienes sostienen que la barrera del idioma fue utilizada como un “caballo de Troya” para transmitir contenido indecente.
Según Ogles, el espectáculo incluyó letras que “glorificaban abiertamente la sodomía” y coreografías que describió como “sucias”, incluyendo simulaciones de actos sexuales y gestos provocativos.
“Si hubiera dicho estas letras en inglés en televisión en vivo, la transmisión se habría cortado y las multas habrían sido enormes”, sentenció el representante Fine, quien ya solicitó a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) que revise las licencias de transmisión de los involucrados.
“Este obstáculo lingüístico (el que Bad Bunny hablara en español) no mitigó la naturaleza explícita del material. Al contrario, aumentó la obligación de la emisora de ejercer una diligencia razonable al revisar, traducir y evaluar el contenido antes de salir al aire”, dijo Ogles, según USA Today, sugiriendo un estándar de mayor atención al contenido publicado en español.
Incluso el presidente Donald Trump se sumó a las críticas en su red Truth Social, calificando el espectáculo como “un insulto a la grandeza de Estados Unidos” y afirmando que “nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo”.
A pesar de la indignación, un análisis de los hechos revela una brecha entre la queja y lo que realmente ocurrió en el escenario de Santa Clara. Aunque Bad Bunny interpretó parte de la canción “Safaera”, las palabras más explícitas fueron silenciadas con un pitido durante la transmisión.
Muchas de esas letras “pornográficas” citadas por los críticos corresponden a versiones originales de las canciones, pero no fueron cantadas durante el espectáculo del pasado 8 de febrero.
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¿Pueden realmente sancionarlo?
Legalmente, la FCC tiene la autoridad para multar a las emisoras por contenido “indecente” o “profano” entre las 6:00 a. m. y las 10:00 p. m. Sin embargo, el estándar legal es muy alto.
Para que algo sea ilegal, debe carecer de valor literario, artístico o político serio, algo difícil de probar en un espectáculo que incluyó referencias culturales profundas y hasta una boda real en el escenario.
Algunos republicanos, como Mark Alford, comparan esto con el famoso incidente de vestuario de Janet Jackson en el espectáculo de 2004. Pero, a diferencia de aquel entonces, Bad Bunny no tuvo incidentes de desnudez ni pronunció insultos directos, como la palabra “fuck” (joder, en español) que Fine alega haber escuchado.
El intento de investigación parece ser, por ahora, una maniobra de presión política en un año electoral. Con la FCC bajo la mirada del aliado de Trump, Brendan Carr, la industria del entretenimiento ha estado en constante en alerta. Pero ¿por qué pasa todo esto? Cabe destacar que, en años electorales como este, las investigaciones sobre temas culturales, como el concepto de la defensa de la “decencia”, suelen utilizarse para movilizar a la base votante conservadora.
El debate sobre Bad Bunny recuerda a la ofensiva republicana contra Disney en Florida durante 2024, cuando se dieron las elecciones generales en las que ganó Trump un segundo mandato. En aquel entonces, bajo el argumento de “proteger a los niños” de contenidos progresistas, se impulsaron investigaciones y leyes que eliminaron privilegios fiscales de la empresa. Las acusaciones movilizaron a la base conservadora en Internet y en las urnas contra la idea de una “agenda progresista”.
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