11 Jul 2017 - 3:03 a. m.

Rusia: la piedra en el zapato de Trump

Aunque no existen pruebas sobre los vínculos de su campaña con Rusia, la intervención del Kremlin en las elecciones sigue acechando a Trump.

El Espectador

 Según el New York Times, Donald Trump Jr. se reunió con una abogada vinculada con el Kremlin  / AP.
Según el New York Times, Donald Trump Jr. se reunió con una abogada vinculada con el Kremlin / AP.

El papel de Rusia en las pasadas elecciones estadounidenses dejó de ser un rumor hace tiempo. En enero, un informe de inteligencia hizo público que altos oficiales rusos estaban detrás de una serie de ciberataques contra la campaña de la demócrata Hillary Clinton. El informe iba un poco más allá y aseguraba que las filtraciones que el Gobierno ruso había hecho en el portal Wikileaks tenían como fin explícito favorecer la candidatura de Donald Trump.

En el documento, el robo de correos electrónicos que sufrieron Clinton y sus asesores durante la carrera a la presidencia era descrito como una “importante escalada” en los intentos rusos de “socavar el orden democrático estadounidense”.

Que el Kremlin quisiera favorecer la llegada de Trump al poder hizo que las reuniones entre sus asesores y personas cercanas al Gobierno ruso se empezaran a revisar con lupa. En el momento, un fiscal especial, el exdirector del FBI Robert Mueller y varios comités del Congreso de EE. UU. están investigando hasta dónde llegó la influencia de Rusia en las elecciones de noviembre.

Como fruto de esas pesquisas, en marzo, el FBI interrogó, durante diez horas, a Carter Page, quien fue asesor de la campaña de Trump y se convirtió en una de las primeras personas cercanas al presidente en ser investigada por sus vínculos con Rusia.

También se sabe que Michael Flynn, quien fue consejero de seguridad nacional por apenas 24 días, renunció cuando se dio a conocer que mintió sobre sus conversaciones con el embajador ruso Sergey Kislyak. Otro funcionario del gobierno Trump que tuvo varios encuentros con el embajador ruso es Jeff Sessions, uno de los primeros miembros en expresar su apoyo por la campaña de Trump en el Partido Republicano y cuya temprana muestra de lealtad lo llevó al cargo de fiscal general.

En los últimos meses, el círculo se ha ido cerrando cada vez más cerca del presidente. En mayo, Jared Kushner, el yerno de Trump, fue declarado persona de interés para la investigación del FBI y este domingo se supo que él, junto con el hijo mayor del presidente, Donald Trump Jr., se había reunido con Natalia Vaselnitskaya, una abogada con vínculos estrechos con el Gobierno ruso.

En un principio, Trump Jr. dijo que la reunión se había llevado a cabo para discutir el “Magnistsky act”, un paquete de sanciones que EE. UU. le impuso a Rusia en 2012 y que impide que los ciudadanos estadounidenses adopten niños de ese país. Sin embargo, en un comunicado, Trump Jr. amplió un poco más esa versión y dijo que Vaselnitskaya le había ofrecido información sobre el supuesto apoyo financiero que el Gobierno ruso le habría dado a la Clinton. “Rápidamente se hizo evidente que no tenía información significativa. Ella cambió de tema y empezó a discutir la adopción de niños”.

A las explicaciones de Trump Jr. se añadieron las del Kremlin, que afirmó a través de Dmitri Peskov, portavoz de la Presidencia rusa, que no conoce a Veselnitskaya y que no puede “estar al tanto de las reuniones que celebran todos los abogados rusos dentro y fuera del país”.

Hasta el momento no existen pruebas de que la campaña de Trump haya conspirado con las autoridades rusas. Sin embargo, la larga lista de encuentros entre empleados asociados al presidente con personas vinculadas al Gobierno ruso ha hecho imposible que Trump deje atrás las sospechas que pesan en su contra.

En la pasada reunión del G20, Trump tuvo su primer encuentro oficial con Vladimir Putin. El mandatario ruso le dijo que no ha hecho nada para interferir en las elecciones y sus explicaciones, aunque contradicen los informes de inteligencia, parecen haber dejado satisfecho a Trump, quien trinó: “Ahora es tiempo de seguir adelante para trabajar constructivamente con Rusia”, tal vez tratando de pasar la hoja y disipar la atención que ha creado el papel de Rusia en su elección.

Lo cierto es que, por lo pronto, la relación entre sus asociados y el Gobierno ruso seguirá siendo la piedra en el zapato del mandatario y pronto puede pasar factura. Este lunes, Trump les reprochó a los legisladores estadounidenses que no hubieran votado la reforma de salud que propone su gobierno. La medida no solamente es muy impopular entre la gente, también ha provocado el disenso de algunos republicanos, quienes, a pesar de tener las mayorías en el Congreso, temen que votar a favor de la medida afecte su capital político.

Al desorden en las filas de su propio partido se añade, por un lado, la presión que tiene encima por las investigaciones sobre Rusia y, por otro, la torpeza que ha tenido para manejar el caso. Hace unos meses, cuando la noticia de que Trump le había sugerido al entonces director del FBI, James Comey, que renunciara a investigar los vínculos de Michael Flynn con Rusia, un congresista republicano le dijo al portal Político que lo más probable era que el vicepresidente Mike Pence ya estuviera ensayando para reemplazarlo.

 

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