Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Tras las victorias electorales de la ultraderecha en Alemania y en países de las Américas, incluyendo a los Estados Unidos y Colombia, con niveles importantes de apoyo entre las clases trabajadoras, la pregunta en boca de todos es si el voto de dichas clases está perdido para la causa progresista.
Un reciente experimento y encuesta realizados en los Estados Unidos por el Center for Working-Class Politics parece demostrar lo contrario. El experimento puso a más de cuarenta mil encuestados en un puesto de votación virtual, solicitándoles que evaluaran los perfiles hipotéticos de cerca de ochocientos mil candidatos a las próximas elecciones en ese país. En ese universo de encuestados, que incluía tanto a trabajadores rasos como a votantes con educación universitaria, cada uno debía proceder a través de una serie de enfrentamientos cara a cara entre dichos perfiles y elegir por cual votaría y cual no. Demografía, retórica e imagen, posición socioeconómica y otros atributos eran asignados al azar en dicho experimento, lo que permitía a los investigadores aislar cada una de tales características y determinar hasta qué punto podía motivar la decisión de los electores en uno u otro sentido. Pero al contrario de lo que ocurre con la mayoría de las encuestas, en este caso cada enfrentamiento ponía frente a frente a un candidato del partido Republicano contra uno Demócrata. Dado que identificarse como “conservador”, “liberal” de centro o “de izquierda” es lo que suele motivar la decisión de la mayoría de los electores, “incluir el partidismo en el experimento permite que las estimaciones sean más realistas y conservadoras aquí que en otros estudios de este tipo,” observa la revista Jacobin.
El resultado es una suerte de mapa para recuperar el voto de las clases medias y bajas trabajadoras junto a una herramienta en línea que permite análisis muy precisos de los resultados obtenidos en nuestras contiendas electorales. De acuerdo con dicho mapa, poner los asuntos económicos que preocupan a quienes trabajan en el primer lugar de los discursos y campañas electorales aumenta de manera considerable el apoyo y los votos mucho más que otros tópicos como la llamada “guerra cultural” o la distopía del cambio climático, sobre todo, entre los votantes indecisos o que estarían dispuestos a cambiar su voto, que son los que en últimas suelen necesitar las corrientes progresistas.
Sin embargo, llama la atención, de acuerdo con este estudio, que mientras los votantes con educación universitaria tienden a enfatizar temas como la inflación o el comportamiento de los precios, los votantes de clase trabajadora (pero también los votantes de color con educación universitaria) se preocupan tanto o más por el aumento real de sus salarios y la ampliación de oportunidades económicas. Este resultado puede resultar interesante no solo para el caso de los Estados Unidos.
También puede iluminar otros casos, como el argentino. Como se sabe, el ultraderechista Javier Milei llegó al poder en Argentina hace tres años prometiendo aplicar recortes profundos al gasto público, domesticar la inflación, y “liberar” la economía, algo muy parecido a lo que promete el actual gobierno colombiano. Si bien la inflación anual ha descendido hasta el 34 % en julio y la economía crece, dicho crecimiento es muy desigual y lento, los empleos formales disminuyen y los salarios reales permanecen bajos. En ese contexto, la preocupación por la baja salarial y el empleo ha desplazado a la inflación como temas clave para buena parte de la población argentina. Ello parece resonar con los resultados del estudio estadounidense. Mas aún, la respuesta de Milei frente al dilema que enfrenta en época preelectoral ha sido mantener su agresiva retórica en la que toda apelación a la equidad, el igualitarismo, o una forma de socialismo basada en instituciones legales y políticas democráticas es “zurda” y por lo tanto absurda y todos los zurdos son moralmente estúpidos, que, dicho sea, no es algo tan distinto a lo que tienen en mente quienes dicen “¿Por qué hablas de socialismo en 2026? Ya se ha intentado, y es un fracaso. Mira a la Unión Soviética. Mira a Cuba. Mira a Venezuela. ¿Si tanto te gusta por qué no te vas allí? Aquí ya pasamos la página”.
Y no importa si uno acepta que el modelo soviético estaba abocado al fracaso, como hizo Ernesto Guevara en una famosa carta hoy olvidada. No es argentino de verdad, ni parte de la historia. Hay que pasar la página. Borrarlo. Como hay que borrar “niñas” o “campesinos” del vocabulario.
Hablar de cosas como el socialismo en 2026 bien puede significar algo diferente: de una parte, que el nivel de desigualdad y por tanto falta de libertad vital cocinado en el interior del capitalismo actual es moralmente inaceptable. Y de la otra, que esto es cierto, aun si aceptamos que no sabemos cómo dibujar los planos de una sociedad futura sin mercado, al menos no todavía.
El estudio estadounidense parece indicar que el lenguaje agresivo o fascis-nacionalista de destripar “zurdos” o “nos vamos a tomar las Malvinas” (si Trump nos deja) da menos réditos que aquel otro que considera inaceptable y acepta enfrentar la desigualdad y falta de oportunidades que viven hoy quienes trabajan y luchan día a día. Hasta The Economist ha castigado al presidente argentino en un editorial reciente: "Pan y manteca, menos fanfarronadas".
El estudio al que me he referido más arriba muestra, además, que cuando se trata de lo económico, los candidatos progresistas pueden ser bastante más ambiciosos. En lo que hace a empleo, mejores salarios, sindicalización, expansión de la educación y el entrenamiento, o políticas industriales, las versiones más ambiciosas triunfan sobre las muy cautelosas, menguadas o neutrales. Por ejemplo, crear o proteger programas existentes como las asistencias para atender la universidad pública o los centros de educación comunitarios, de nutrición, de seguridad social, y el derecho a organizarse en sindicatos y asambleas ciudadanas.
Los estadounidenses quizás no sean tan distintos del resto en este sentido: hablar de redistribución en abstracto les genera sospechas hasta cuando un programa se institucionaliza. Entonces, “se vuelve intocable”. Si las posiciones sobre cultura y cambio climático resuenan con este tipo de valores de las clases trabajadoras –orgullo por el trabajo en y por la ciudad y en el campo, respeto por las instituciones y el jugar de acuerdo con las reglas, antielitismo– tanto mejor.
Puede que “abolir la policía” no sea popular en abstracto, pero en el estudio realizado en los Estados Unidos un 70 % de las personas de clase trabajadora que respondieron apoya una vía institucional abierta para que los inmigrantes que han trabajado y pagado impuestos, lejos de constituir una amenaza, obtengan su ciudadanía.
Así las cosas, ni “moverse al centro”, ni la moderación en abstracto, garantizan mayores réditos políticos. Tal y como lo habría demostrado en Colombia el fracaso del Centro Democrático en las últimas elecciones. En cambio, las posiciones sociales progresistas enmarcadas en valores de clase trabajadora, como las del feminismo y el antirracismo no identitario, funcionan tan bien como las moderadas. Quizás mejor. Le llaman “el efecto Mamdani”. Hay que liderar con progresismo económico que favorezca a las clases medias y bajas, y conectar con los valores de la clase trabajadora. ¿Será esta la fórmula para detener a la ultraderecha?
👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? Invitamos a verlas en El Espectador.
El Espectador, comprometido con ofrecer la mejor experiencia a sus lectores, ha forjado una alianza estratégica con The New York Times con el 30 % de descuento.
Este plan ofrece una experiencia informativa completa, combinando el mejor periodismo colombiano con la cobertura internacional de The New York Times. No pierda la oportunidad de acceder a todos estos beneficios y más. ¡Suscríbase aquí a El Espectador hoy y viva el periodismo desde una perspectiva global!
📧 📬 🌍 Si le interesa recibir un resumen semanal de las noticias y análisis de la sección Internacional de El Espectador, puede ingresar a nuestro portafolio de newsletters, buscar “No es el fin del mundo” e inscribirse a nuestro boletín. Si desea contactar al equipo, puede hacerlo escribiendo a mmedina@elespectador.com
-
Alamo(88990)•Hace 1 horaDon Óscar, ¿olvida usted que la estupidez, como la ambición, no tiene límite? Luego es algo estúpido pensar que se puede detener la estupidez. Ella, como el gusto por el fútbol, del que hablaba Borges, anida en la raíz de la irracionalidad que embarga a medio mundo. Aquí, en ‘caliente’, ya tomamos una "muestra de laboratorio". El resultado: en vez de pensar, para ‘aplomar’ "¡plomo es lo que hay!".
-
Carlos Eduardo(19865)•Hace 1 horaLa izquierda colombiana requiere una condición clave no solo para su supervivencia sino para su proyección hacia el poder: AUTOCRÍTICA. Si sus cuadros directivos no son hombres y mujeres cultos e impolutos sino envilecidos y demagogos no habrá futuro. Creo que está de más mencionar nombres para evitar herir susceptibilidades.
-
Carlos Eduardo(19865)•Hace 2 horasLa izquierda no puede usar las mismas herramientas propagandísticas abusivas y pasajeras de la ultraderecha. Su tarea, segura y auspiciosa pero a largo plazo, consiste en educar a las masas para que adquieran conciencia superior sobre sus derechos, obligaciones, historia y posibilidades. Un pueblo culto jamás optará por el fascismo. Un pueblo ignorante siempre será manipulable y podrá escoger bajo presión lo peor.
-
Carlos Eduardo(19865)•Hace 2 horasLa ultraderecha se detiene gobernando bien, con seriedad, con programas, con continuidad, sin corrupción ni escándalos. Los pequeños cambios inteligentes introducidos al sistema pueden programarlo hacia una evolución imparable en el largo plazo, crear conciencia entre las capas populares y conducir a las mayorías a preferir las opciones políticas progresistas. El populismo y el caudillismo siempre son salidas equivocadas.
-
Jennifer(ku9hb)•Hace 2 horas"distopia del cambio climático"??? Hasta ahí pude llegar… Espero haya sido un error de redacción.
-
Atenas(06773)•Hace 5 horasLargo y tedioso vino Guardió….la razón, y por querer decir mucho, esto suyo es simple barullo. Sí, vino cual otro frondío opinadorcito de EE en estos días y de cuyo nombre no me acuerdo pese a q’ soy de muy buena memoria, pero igual sé q’ de babosos no me acuerdo, y ambos coinciden en irrelevante pregunta “Cómo contener a la ultraderecha”….claro, pa abrirle paso al pobresismo, o al petrismo como aquí q’ dejaron al país hecho mierda.Por eso es q’ Guardió..la razón vive afuera. Atenas
-
usucapion1000(15667)•Hace 9 horasEso y evitar que se sigan trampeando las elecciones.