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La Conferencia de Seguridad de Múnich y el camino hacia un nuevo orden global

La Conferencia de Seguridad de Múnich 2026 evidenció un giro estratégico de Estados Unidos hacia una redefinición de su relación con Europa que obligaría al Viejo Continente a asumir mayor responsabilidad en su propia defensa.

Diego Cardona Cardona*

18 de febrero de 2026 - 11:21 a. m.
MUNICH (Germany), 14/02/2026.- US Secretary of State Marco Rubio speaks during the 62nd Munich Security Conference (MSC) at the hotel 'Bayerischer Hof', in Munich, Germany, 14 February 2026. The 62nd Munich Security Conference, running from 13 to 15 February 2026, is expected to host around 50 world leaders. (Alemania) EFE/EPA/RONALD WITTEK
Foto: EFE - RONALD WITTEK
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En febrero de cada año, desde los años 60, se realiza en Múnich una importante Conferencia de Seguridad. El énfasis es seguridad internacional e incluye los temas de la defensa. Se invita a jefes de Estado, ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa y personalidades de los países. En lo fundamental, prima la visión europea sobre los temas.

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En la reunión de 2025, el presidente colombiano había sido invitado. Desistió a última hora, estando ya en Europa, cuando un examen del programa previsto mostró que la preocupación central del foro iba a ser el apoyo a Ucrania en la guerra con Rusia. La reunión de 2026, que acaba de terminar (tuvo lugar entre el 13 y el 15 de febrero), mostró las mismas preocupaciones para los europeos. Pero hubo una innovación: el estatus de la relación transatlántica, vale decir, con EE. UU.

Europa y los Estados Unidos

Normalmente, pese a la invitación excepcional de ministros y jefes de Estado de países de Asia, Medio Oriente o África, la Conferencia de Múnich expresa sin duda algunas de las preocupaciones por lo que se ha percibido como amenazas no occidentales a la seguridad europea.

Desde hace más de 20 años, en múltiples foros, el gobierno de EE. UU. ha expresado su inconformidad por el hecho de que el país tenga que asumir el costo de la seguridad global de los países europeos (salvo Reino Unido). Como se sabe, EE. UU. fue inducido luego de la segunda guerra a permanecer con numerosas bases y tropas en territorios de los países europeos, como una garantía de que, en caso de conflicto con Rusia, EE. UU. estaría en la práctica (y no solo en las declaraciones diplomáticas), al lado de Europa.

Así, los países europeos podían dedicar un porcentaje mínimo de su presupuesto a la Defensa, lo cual les permitía tener fondos amplios para infraestructura, desarrollo económico, políticas sociales, e incluso una rica vida cultural.

Pero llegó el segundo periodo de Trump y con él la política de que es indispensable cambiar el viejo orden internacional de la posguerra. En las relaciones con los países europeos y con la Unión Europea en su conjunto, el gobierno de EE. UU. está abandonando la vieja visión estratégica que consideraba a Rusia como el enemigo y a China como un aliado. La posición de la administración Trump es la contraria: acercar a Rusia, para neutralizar a China, su verdadera preocupación.

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De Vance a Rubio

El vicepresidente de EE. UU, J. D. Vance, había planteado en 2025 una posición confrontando a los dirigentes europeos, para obligarlos a elevar sus gastos de defensa (pese al costo social). Las posiciones frente al tema de Groenlandia llevaron las relaciones de EE. UU. con Europa casi al límite. Incluso se pensaba que una ruptura de la OTAN parecía irreversible, y que la amenaza de EE. UU. de eventualmente abandonar la Organización y terminar la mayor parte de sus bases militares en Europa era solo cuestión de meses, no de años. Al mismo tiempo, se expresaron diferencias sustanciales en el tratamiento al tema de Ucrania.

El discurso de Rubio en Múnich en 2026 es claro al respecto: moviéndose en términos “civilizacionales” cercanos a Huntington y a la derecha tradicional del Partido Republicano, hijo de emigrantes cubanos como es, no podía hablar en los términos de Vance el año pasado (una especie de “We the WASP”, para contraponerla al “We the people” de la ONU).

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Rubio ha acudido a lo que podríamos denominar una relación entre los orígenes institucionales y culturales, en su relación con la geoestrategia contemporánea. Sin decirlo expresamente, o quizás sí, ha hablado en nombre de una visión de la cultura occidental como eje de la relación.

Los vínculos entre Europa y EE. UU. estarían dados por la importancia crucial de la inicial migración europea, por la visión judeocristiana del mundo (sin expresarlo así), por los valores compartidos, y paradójicamente por el peso de la historia, incluyendo quizás el sueño monárquico e imperial en algunos sectores.

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Pero lo importante de Rubio es que, primero, para sorpresa de los europeos, no tuvo ni una mención a Ucrania en todo su discurso. Existe claramente un punto de vista muy diferente al europeo. Tampoco mencionó a Rusia como una amenaza para la seguridad.

Segundo, cuando habló de la importancia de las migraciones europeas en la formación de los EE. UU., no mencionó otra migración, esta vez muy importante, la de la forzada diáspora africana que es parte integral no solo de EE. UU., sino de buena parte del Gran Caribe, e incluso de otros países.

Tercero, hizo una referencia altamente compatible con el pensamiento de la derecha europea, asumiendo que el mayor peligro para la seguridad es identitario (no es solo la lucha contra la delincuencia, como algunos creen).  En ese sentido, las migraciones provenientes del Medio Oriente o de África, por ejemplo, serían para él el mayor peligro que afronta Europa.

Cuarto, estaría insinuando que la migración italiana o española en EE. UU. (directa o indirecta) fue tan fundamental como la inglesa, la escocesa, o la alemana del noreste. Pero queda en el aire el aporte latinoamericano.

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Quinto, los europeos presentes en la sala aplaudieron a Rubio con una ovación de pie. Al moverse en términos civilizacionales envió un mensaje de continuidad, pero al mismo tiempo de ruptura frente al mensaje de Vance: ya no es en términos internacionales “We the Wasp”, sino “We the Western people”.

¿Qué sigue? Al mismo tiempo que puede parecer que luego del discurso de Rubio probablemente no se produzca la salida de EE. UU. de la OTAN, también es clarísimo que EE. UU. quiere forzar:

  1. Una solución al tema ucraniano, que implicaría probablemente un reajuste de fronteras (como condición de lo posible, para la supervivencia de Ucrania como país).
  2. Un realineamiento a nivel global de la política exterior de EE. UU., acercándose a Rusia e India, al mismo tiempo que tiende a ser hegemónica en las Américas. El continente americano y el Indo-Pacifico serían sus preocupaciones centrales.
  3. Una reestructuración de la OTAN, saliendo de la mayor parte de las bases europeas en las cuales existen tropas de EE. UU., pero manteniendo el “paraguas nuclear”
  4. Un alejamiento de las posiciones de Europa, que tendría la obligación y la oportunidad de proveer por sí misma a sus requerimientos de seguridad y defensa, salvo en caso estratégico de invasión por alguna potencia extranjera.
  5. Se muestra además que un secretario de Estado que tiene acceso permanente al presidente (también es el asesor de Seguridad Nacional y, por ende, tiene su despacho a pocos metros de la Oficina Oval) termina teniendo un rango enorme de influencia en el Gobierno, al punto de neutralizar al vicepresidente. Además, el equipo es inmenso: cuenta con los más de 9000 funcionarios del Departamento de Estado y con los más de 50 de la Consejería de Seguridad Nacional. Mientras, el vicepresidente no cuenta sino con una treintena de personas a su disposición.  Muestra, además, a un Marco Rubio estratégico y audaz, en su posicionamiento futuro por la Presidencia de los EE. UU.  

*Diego Cardona es Ph. D. en Relaciones Internacionales. Experto en Estudios Globales y exviceministro de Relaciones Exteriores de Colombia. dcardonac@gmail.com

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