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El comisario encargado de la lucha contra el cannabis en Holanda, Max Daniel, habla de “profesionales” detrás de estas cifras, frente a la imagen, aún extendida, del “pequeño productor que cultiva algunas plantas en su terraza para pagarse unas vacaciones en Benidorm”.
Por el contrario, en una entrevista en el periódico NRC Handelsblad, el comisario alerta de que el negocio del cannabis está relacionado con muertes violentas, tráfico de armas y de droga.
Además, las investigaciones policiales han demostrado vínculos de las mafias productoras con bancos que les conceden préstamos, y con laboratorios relacionados con universidades, que les ayudan en el proceso, añade.
La policía estima que por lo menos el 80 por ciento de la producción holandesa se destina a la exportación, sobre todo a Inglaterra, Bélgica, Alemania, Francia, los países escandinavos y los bálticos.
“En Holanda hay unos 400 mil consumidores de hierba, si sólo fueran ellos el problema sería totalmente manejable”, afirma Daniel.
En la actualidad, el parlamento holandés evalúa la actual política de tolerancia con las drogas blandas, con el objetivo de investigar las consecuencias sobre la salud de consumidores cada vez más jóvenes.