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“El abuelo y papá habrán muerto por nada”: los ucranianos que se niegan a ceder territorio

El Donbás es uno de los puntos de tensión más fuertes en las negociaciones de paz para terminar con cuatro años de guerra.

Antoinette Garzón Gil | Especial para El Espectador

24 de febrero de 2026 - 12:50 p. m.
Cifras marcan las tumbas de residentes locales no identificados que murieron durante los combates, en un cementerio de Mariupol, Ucrania, el 10 de diciembre de 2022 (reeditado el 17 de febrero de 2026).
Foto: EFE - SERGEI ILNITSKY
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“El abuelo y papá habrán muerto por nada, todo esto ha sido por nada”, le decía Nataliia, desesperada, por teléfono a su hermana Galya en medio de un ataque de pánico tras escuchar el anuncio sobre un posible acuerdo de paz. Aquel 25 de noviembre de 2025, Nataliia lloró toda la noche, se le entumieron las manos y, entre el dolor y la rabia, le preguntaba a su hermana cómo era posible que nunca más pisarían el suelo de su tierra. “Cuentan en las noticias que el acuerdo va a ceder territorio para que se acabe la guerra, no vamos a volver a nuestra casa nunca más”, le decía Nataliia a su hermana entre lágrimas. Como ellas, más de 10 millones de personas han sido desplazadas y perseguidas por fuerzas rusas desde 2014, mucho antes de la invasión a gran escala. Hoy, con el eco de negociaciones entre Donald Trump y Vladimir Putin, opacado por el sonido de las sirenas seguidas por bombardeos, la posibilidad de un acuerdo les genera incredulidad y desconcierto a muchos ucranianos.

Nataliia y Galya nacieron en Lysychansk, una ciudad pequeña en el oriente de Ucrania y que queda a 140 km de la frontera con Rusia. Vivían en apartamentos uno al frente del otro, de donde se vieron forzadas a huir mucho antes de la invasión a gran escala en el 2022. Para ellas, la guerra comenzó hace más de 10 años, en mayo de 2014 cuando oficiales rusos llegaron armados al colegio donde Galya enseñaba historia: venían con la intención de matarla, a ella y a cualquiera que propagara el más mínimo indicio de cultura ucraniana. Poco después de haberse ido, las fuerzas rusas tomaron el control de toda la ciudad por la fuerza.

La ciudad de Lysychansk, como parte de la administración de la región de Luhansk, se encuentra en el crítico territorio conocido comúnmente como Donbás, el cual es uno de los puntos de tensión más fuertes en las negociaciones del acuerdo en el que intermedia Estados Unidos. Entre las propuestas, Rusia ha manifestado abiertamente que quiere el control total sobre la región antes de considerar un cese al fuego. Desde las negociaciones que tuvieron lugar el pasado 23 y 24 de enero en los Emiratos Árabes Unidos, no se han dado a conocer detalles concretos de avances más allá de un intercambio de prisioneros de guerra. Sin embargo, hasta ahora la propuesta trilateral continúa discutiendo los obstáculos más grandes para lograr un posible acuerdo: el futuro que le depara al territorio del este de Ucrania, del cual Rusia quiere obtener control total, y las garantías de seguridad que tendría el país frente a posibles futuros ataques por parte de Rusia.

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Frente a este tema, varios ciudadanos ucranianos comparten incertidumbre y miedo de lo que depara un futuro, incluso después de la guerra. Olga Dubyna, una migrante ucraniana proveniente del este del país, comenta que sigue a diario los reportes políticos desde su trabajo como servidora pública en la oficina de pasaportes en Irlanda. Al preguntarle qué piensa sobre las negociaciones, Olga dice que, aunque tiene esperanzas, no cree que algún día haya un cese al fuego. “Trump dice que quiere acabar con la guerra, pero a todos se les olvida preguntarle a Putin si él sí quiere acabar la guerra”. Olga, quien también nació en una de las regiones ahora ocupadas por Rusia, sueña con volver a su ciudad algún día. Dice que al irse de Ucrania nunca se imaginó que no volvería a ver su apartamento o la casa de campo de su papá en la que creció cultivando papas, repollo y frutas. Cuenta que cuando ella, su familia y amigas escucharon por primera vez la posibilidad de un acuerdo, hubo una ola de esperanza y emoción por volver a sus casas. Sin embargo, la esperanza no duró mucho cuando se aclaró la postura de la Federación Rusa de negociar el control sobre las áreas de Luhansk y Donetsk.

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Desde una mirada militar, Demyan, quien pidió que se cambiara su nombre para proteger su identidad, lleva cuatro años sirviendo como oficial del ejército ucraniano y asegura que la importancia de incluir este territorio en negociaciones hace que la conversación se vuelva un instrumento de manipulación política. “Rusia está avanzando muy lentamente, y hacen sacrificios muy grandes para obtener muy poca tierra. La parte que Ucrania aún controla es muy fuerte porque allí se construyeron fortificaciones militares. La pregunta del Donbás es crucial, y lo que quiere Rusia es que Ucrania deje ese territorio sin lucha. Hay 12 años de trabajo construyendo estas fortificaciones. Los norteamericanos tienen que entenderlo. Cuando Trump habla de Donbás, tiene que recordar la historia”.

Demyan también advierte que los rusos han demostrado antes que no quieren la paz: “Sabemos que aún después de firmar la paz van a continuar los ataques, así como pasó hace años. Ya tuvimos un cese al fuego con Rusia y sus proxis entre 2014 y 2022, cuando la guerra estaba limitada al Donbás. Cada mes violaban la tregua y bombardeaban nuestras posiciones; los militares ucranianos seguían muriendo a pesar de que formalmente existía una ‘paz’”. Desde un punto de vista de defensa, el ejército ucraniano dice estarse preparando para seguir luchando por años, incluso si se firma un acuerdo de paz. Según explica Demyan, él cree que tras cualquier nueva congelación del conflicto ocurrirá lo mismo, con la diferencia de que la línea del frente será mucho más extensa y obligará al ejército a mantener fuerzas de defensa por mucho más tiempo.

Desde el pasado noviembre de 2025, las negociaciones han avanzado hasta llegar a un paquete de 20 puntos del acuerdo de paz. La propuesta cubre una amplia gama de negociaciones, desde acuerdos sobre garantías de seguridad que evitarían futuras agresiones por parte de Rusia, poder político y militar sobre ciertas zonas, y planes para la reconstrucción de Ucrania en el futuro. Se espera que las próximas negociaciones avancen también en los puntos críticos sobre el control en el territorio de Donetsk y Luhansk. Según el plan, Rusia tendría que retirar sus tropas de una franja de tierra equivalente en Donetsk, pero hasta el momento, el Kremlin no ha dado señales de estar dispuesto a aceptar nada que no sea el control total sobre la región. Aunque las conversaciones han avanzado, la realidad actual en Ucrania parece alejarse de cualquier intención de un cese al fuego. Con un invierno imperdonable bajo temperaturas de -20 grados y constantes ataques a viviendas, buses en movimiento, bases eléctricas y plantas de gas, el día a día de los ucranianos se vuelve cada vez más difícil y acumula meses sin luz ni calefacción.

Por su parte, Elisabeth, quien migró a Irlanda desde Kiev con sus dos niñas y lidera la junta directiva de una organización humanitaria en Irlanda, coincide con Demyan y Olga en el mismo veredicto: el cansancio acumulado en estos cuatro años de guerra ha cruzado muchos límites. “Puedo asegurarte que no hay ninguna persona en el país que no quiera la paz, pero el precio a pagar por una paz sin justicia es muy alto para nosotros. Por lo menos ahora de alguna forma somos libres, en guerra, pero somos libres”, agrega Elisabeth. Como líder de Ukrainian Action in Ireland y mamá, cuenta que después de cuatro años el cansancio vence la esperanza. Dice que desde el momento en que escucharon sobre las conversaciones de paz sospecharon que algo andaba mal. Desde el sector humanitario, cree que Putin quiere ganar políticamente más terreno del que está obteniendo físicamente en combate. “Esto es una movida política, él está recurriendo a movidas políticas en donde la fuerza militar ha fallado. Eso no es paz. ¿Qué pasará después? Nadie cree que no intentará seguir avanzando después de establecerse en otras zonas".

Así, con incredulidad en la vida civil y militar, varios ucranianos comparten la incertidumbre de lo que depara un futuro después de la guerra y se enfrentan al eco de un acuerdo de paz en medio de ataques constantes. “Si cierro los ojos en este momento todavía puedo ver cada detalle de mi ciudad. Crecí ahí, puedo ver todo, la casa de campo, los árboles de albaricoques, la tierra de mi papá, ¿Cómo puede ser tan fácil cederle todo eso a alguien? Es impensable”, recuerda Olga. A pesar de todo, confiesa que en su corazón espera poder volver y mantiene esperanza en que un cese al fuego le permita algún día ver una Ucrania libre, lejos de la rusificación de su gente.

Desde el gobierno ucraniano, los comunicados en redes sociales del presidente Volodímir Zelenski insisten en que la decisión recae en el pueblo ucraniano y mantienen una oposición firme frente a la posibilidad de ceder territorio. “El Donbás sigue siendo un punto crítico”, dijo Zelenski tras las más recientes conversaciones en Medio Oriente. Hacia 2022, las estadísticas compartidas por el Instituto Internacional de Sociología de Kiev (KIIS) mostraban que el 82 % de los ucranianos estaban en oposición a ceder territorio. En las estadísticas más recientes, de diciembre del año pasado, los resultados arrojaron que una gran mayoría de ucranianos, alrededor del 75 %, rechazaban la propuesta de un plan de paz que implicara la retirada de sus fuerzas del Donbás, restricciones militares y la ausencia de garantías de seguridad concretas. Asimismo, el 63 % de los 547 encuestados en todo el país afirmó estar dispuesto a soportar la guerra “durante el tiempo que sea necesario”. Sin embargo, el 40 % de los encuestados también respondieron que apoyarían la cesión del Donbás a cambio de garantías de seguridad, un punto clave para Zelenski, quien ha dicho que Ucrania está dispuesta a firmar acuerdos si los países aliados ofrecen ese tipo de garantías.

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Con los pocos detalles de las más recientes negociaciones, aún se esperan publicaciones oficiales que revelen más información sobre el plan de 20 puntos que se discutió de forma trilateral en Abu Dabi. Hasta el momento, los ataques constantes por parte de Rusia continúan cada noche en todo el territorio ucraniano y se intensifican en objetivos civiles como buses, trenes y edificios residenciales, lejos aún de la posibilidad de un cese al fuego.

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