10 Dec 2020 - 2:00 a. m.

¿Extremismo laico? El proyecto de Macron enciende las alarmas en Francia

Francia ha vuelto a debatir uno de sus valores republicanos más importantes: la secularidad. Escudándose en esto, el gobierno busca nuevas restricciones para los musulmanes en el país, pero estas chocan con los principios de libertad que tanto pregona la nación.
Un grupo de ciudadanos durante una manifestación contra la islamofobia, en París. El cartel de la izquierda dice: “Dejemos que los musulmanes vivan su fe”. / AFP
Un grupo de ciudadanos durante una manifestación contra la islamofobia, en París. El cartel de la izquierda dice: “Dejemos que los musulmanes vivan su fe”. / AFP

El 9 de diciembre de 1905 fue una de las fechas que definieron a la República Francesa de hoy. El presidente de ese entonces, Émile Loubet, sancionó la ley de separación entre la Iglesia y el Estado, debatida durante meses en la Cámara de Diputados y en el Senado. Fue así como Francia estableció un Estado laico que se resumía en la popular frase “La República no reconoce, no paga, ni subsidia religión alguna”. Al mismo tiempo, esta también garantizaba la libertad de conciencia y la libertad religiosa, y exigía la igualdad de todos frente a la ley, independientemente de sus creencias.

Ahora, exactamente 115 años después de ser sancionada, aquella ley ha sido objeto de múltiples interpretaciones. Algunos políticos, como dice la académica jurídica francesa Rim-Sarah Alouane, la han convertido en un “arma” y un instrumento de “intolerancia”, especialmente contra los musulmanes. Y es que, desde hace años, diferentes partidos franceses, escudándose en ese principio republicano de secularidad, han promovido discursos y sancionado leyes que delinean, por ejemplo, cómo deben ser las creencias de los musulmanes. Estos lineamientos pueden llegar a ser discriminatorios y a afectar la integridad de estos individuos. Pero entonces, ¿de qué trataba el laicismo en un principio?

“La laicidad tiene la intención de que el Estado no interfiera con los asuntos religiosos y viceversa. Como consecuencia, la neutralidad religiosa se impone a cualquier persona que trabaje directa o indirectamente para el Estado. Pero en la era moderna, la laicidad ha llegado a representar la piedra angular de una identidad nacional basada en los valores franceses, aunque estos valores no se han definido específicamente”, destaca Alouane en una pieza publicada en el Centro de Berkley para la Religión, la Paz y los Asuntos Mundiales.

El concepto era claro: una separación de Iglesia y Estado. Pero que ahora la laicidad represente los valores franceses, y que esos a su vez no estén definidos, es un problema enorme. Como bien señala Alouane, la ausencia de tal definición es la que ha llevado a que “diversas influencias culturales y políticas tomen el control de esta definición en detrimento de las minorías, incluidos especialmente los musulmanes”. Es decir, que algunos políticos, escudándose en ese principio republicano, promuevan una definición a su antojo.

Un ejemplo de esto es el presidente Emmanuel Macron, quien se ampara en esos “valores franceses” para emprender una cruzada contra el islam en su país en el marco de las tensiones entre unos sectores de la sociedad francesa y los musulmanes a raíz de los ataques de fundamentalistas en los últimos años.

El miércoles, el mandatario presentó un polémico proyecto de ley sobre los “principios republicanos”, el cual busca enfrentar el “fundamentalismo religioso”. El proyecto de Macron, a grandes rasgos, instalaría una serie de cláusulas a ese principio de laicidad enfocadas en los musulmanes del país, como que los imanes tengan que ser entrenados a través de un organismo autorizado por el Estado que se asegure de que sus enseñanzas se acomoden al principio de laicidad, también limitaría la educación en el hogar para los musulmanes y le permitiría al Estado controlar la financiación internacional de las mezquitas francesas. Todo esto con el objetivo de “enfrentar el radicalismo”.

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Pero hay dos grandes problemas con este proyecto: que corre el riesgo de ser discriminatorio, porque se dirige en concreto a los musulmanes y que apunta a una interpretación radical del laicismo y atenta contra el derecho a la libertad religiosa.

Resulta una ironía, como dice la periodista franco-irlandesa Myriam Francois, que Macron siendo un líder secular busque definir cómo debería ser la práctica de una religión. Pero esto se debe a una mala interpretación del secularismo, a una visión que es extremista.

Es una cuestión de retórica en el contexto actual. Hoy hablamos de radicalismo laico debido a las problemáticas relacionadas con el islam. En Francia actualmente existen grupos que promueven discursos antiislam, presentándose como movimientos laicos”, explica Sylvie Pierre, profesora de información y comunicación de la Universidad de Lorraine y experta en laicidad a la BBC.

Pierre añade que el laicismo radical es una mala interpretación del secularismo que proviene de la extrema derecha, pues “busca suscitar el miedo en la población y recurre a la dramatización y a teorías como la del gran reemplazo”. Esto se ha visto en el discurso de Macron, quien, de hecho, dijo que había un “islam separatista” que amenazaba y dividía a la nación.

A varios académicos les preocupa que el presidente esté confundiendo la religión del islam con el terrorismo de fundamentalistas, y que así construya un clima hostil y discriminatorio para los musulmanes franceses. Macron lleva su cruzada contra el islam porque considera que su país está siendo atacado desde hace varios años debido a su libertad de expresión, a su principio laico y a su estilo de vida y que estos ataques son culpa de la comunidad musulmana que está en conflicto con los valores republicanos de Francia.

La teoría de Macron es errada. Un grupo de investigadores del Centro para el Estudio del Conflicto de París encontró que los musulmanes “confían profundamente en las instituciones francesas, los medios y la policía”. Es disciriminatorio insinuar que los practicantes del islam puedan ser terroristas como los fundamentalistas. Y este discurso sobre la radicalización de los musulmanes se ha traducido en la aprobación de, por ejemplo, redadas abusivas y desproporcionadas contra los miembros de esta comunidad.

“Estas leyes propuestas y la serie de medidas justificadas por la lucha contra el terrorismo están erosionando profundamente las libertades básicas en Francia: la libertad de expresión, de asociación y de pensamiento. Al tratar de erradicar el espacio para el pensamiento opositor en nombre de la defensa de los principios republicanos, Francia se está traicionando a sí misma”, escribió Myriam Francois en la revista Time.

Por otro lado, el concepto de esa ley de 1905 dejó hace mucho tiempo de centrarse en proteger a los ciudadanos de la intrusión estatal y al gobierno de la influencia religiosa, que era su objetivo primario, y comenzó a usarse para invadir la esfera privada de los ciudadanos.

“(...) surge una nueva interpretación del laicismo que se confunde con la secularización forzada del espacio público y de quienes lo utilizan. Terminaron creyendo que el laicismo es una plétora de prohibiciones: prohibido que las mujeres lleven velo en la calle, prohibido acompañar las salidas escolares, el velo prohibido en la universidad”, señala Alain Gresh, director de la revista Orient XXI y especialista en Oriente Próximo.

Francia, que se ha visto gravemente afectada por los ataques de islamistas fundamentalistas y terroristas, debe afrontar las amenazas a su seguridad, pero sin perseguir o discriminar a una minoría, pues así termina traicionando sus propios principios.

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