“La paz vale la pena, esa es una lección aprendida”: embajador de Alemania en Colombia

En entrevista con El Espectador, el embajador de Alemania en Colombia, Peter Ptassek, reflexiona sobre el mundo que surgió de las cenizas que dejó la Segunda Guerra Mundial. Europa recuerda hoy el derramamiento de sangre en el continente al cumplirse un nuevo aniversario de la victoria sobre el fascismo.

Peter Ptassek es el embajador de Alemania en Colombia desde 2018. / Gustavo Torrijos - El Espectador
Peter Ptassek es el embajador de Alemania en Colombia desde 2018. / Gustavo Torrijos – El Espectador

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La Segunda Guerra Mundial fue un infierno, de eso no cabe la menor duda. Pero, aunque tiene un espacio inmenso en la memoria colectiva, las nuevas generaciones desconocen detalles importantes sobre este histórico evento y sus implicaciones para el mundo actual. Este viernes, en toda Europa, en medio del confinamiento por la pandemia, se realizarán diferentes homenajes a las víctimas de ese conflicto. El embajador de Alemania en Colombia, Peter Ptassek, habló con El Espectador sobre los retos que dejó el fascismo para la historia.

¿Cómo preservar la memoria?

Estrictamente hablando, solamente una persona que tuvo la experiencia puede conservar la memoria. Si hay unas personas que tienen la experiencia directa del fin de la Segunda Guerra Mundial, el intercambio con ellas brinda una oportunidad especial y muy valiosa. Ninguna persona que padeció la guerra va a olvidarla. Al mismo tiempo, esta experiencia fue también la que llevó a la construcción de la Unión Europea que está basada en un sistema de reglas, valores, civilización, estado de derecho, cultura, seguridad, desarrollo. La negación de todo eso es la guerra. Una vez se tiene esta experiencia, uno no va a querer repetirla. Es decir, lo que debemos hacer es recordar esa diferencia entre la guerra y la paz, la civilización y la barbarie. Eso no es fácil, hay que recordarlo cada día nuevamente.

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¿Cuáles son las reflexiones para el pueblo alemán de las atrocidades que se cometieron, de su parte, en la guerra hace 75 años?

Las reflexiones no empezaron inmediatamente después de la guerra. Tardaron unos 20 años. Apenas en los años 60 se inició un proceso fuerte en el que hijos e hijas de la generación de la guerra empezaron a cuestionar a sus padres y les hicieron preguntas del tipo: ¿qué hiciste tú en la guerra? Y no estuvieron dispuestos a que se les negaran los hechos. Este diálogo tan doloroso entre una generación que participó en los hechos de la guerra y sus hijos desembocó en una cultura de discusión abierta sobre los hechos. Y ahora hemos comprendido que esta experiencia tan negativa puede contribuir a la construcción de una vida más pacífica, así ocurrió en Alemania. Tan solo después de que se ha dicho todo, abiertamente, uno puede pasar la página sin olvidar. No se trata de negar el pasado, se trata más de convivir con la experiencia del pasado para mantener consciente en la gente este terrible crimen y catástrofe que fue la guerra mundial, todo esto fue también la justificación para la construcción de la Unión Europea.

Se ha hablado mucho sobre la violencia de la Alemania nazi, pero cuando el Ejército Rojo llegó a Alemania también agredió a muchos ciudadanos inocentes. ¿Cómo se ha tomado eso?

Las atrocidades cometidas por la Alemania nazi, como todos lo sabemos, son el asesinato de seis millones de judíos, agresiones contra países vecinos y contra todo el mundo. No creo que uno pueda hacer una comparación entre esas atrocidades y el comportamiento de otros países en la guerra, incluso el Ejército Rojo, los aliados de occidente, todo eso fue una reacción justa o injusta, no importa, una reacción a una agresión nazi, y por eso podemos criticar atrocidades cometidas por otros países, pero todo eso fue la reacción que ha provocado la Alemania nazi en esta guerra.

Se ha hablado mucho sobre las atrocidades nazis. ¿Cree que hay otras historias por contar? ¿Cuáles faltan?

En el tema de las atrocidades nazis también hay aspectos conocidos que quería añadir, hay unos pocos ejemplos de héroes que lucharon contra el régimen de Adolf Hitler que fueron ejecutados, algunos incluso en los últimos días de la guerra, ellos también hacen parte de la historia de Alemania, historia que está marcada por una gran mayoría que participó en los crímenes de ese gobierno, pero quería resaltar que también hay ejemplos que son como un faro de luz en medio de un período muy oscuro: los hermanos Scholl, por ejemplo.

¿Cree que el nazismo y la guerra marcaron a Alemania de por vida?

Estoy convencido de que la experiencia colectiva del nazismo en Alemania ha marcado a nuestro país de por vida, aunque de una manera diferente a lo que uno podría pensar. Es cierto que hay muchas películas, sobre todo en países como Inglaterra, en las que se recuerda este período como el más feliz de su país luchando contra la Alemania nazi. Pero esta experiencia negativa contribuyó a la construcción de un mejor país. Aunque significó un cambio brusco, muchas tradiciones de una sociedad inclinada a un cierto militarismo, un sentimiento de superioridad, todo eso se terminó. Con la Segunda Guerra Mundial hay una discontinuidad de ciertas tradiciones que ahora nos permiten orientarnos más hacia soluciones europeas, así como hacia una solidaridad europea. La idea de compartir soberanía en el mercado unificado y en decisiones políticas se siente bien para nosotros, es nuestra patria política. No hay que insistir en lo que nos diferencia del contexto europeo, porque nos parece que es la lección aprendida en carne propia de la Unión Europea. En la experiencia de la guerra está inscrita la fundación de la Unión Europea.

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¿Qué secuelas dejó a nivel psicológico la guerra en los alemanes?

No podría decirlo. Quizás diría que para la generación inmediatamente afectada, impactada por la guerra porque participaron en ella, se trató de una experiencia traumática que trataron de quitarse refugiándose en el trabajo. El éxito económico de Alemania después de la guerra tiene también un eje psicológico, pues invirtieron toda la energía que tenían en este proyecto de reconstrucción del país, una expresión de un trauma que no es el más obvio. Si en la segunda o tercera generación, después de la guerra, hay un trauma, no puedo afirmarlo. Sé que hay extensa literatura sobre la segunda generación de las víctimas del holocausto, ellos están sufriendo a veces aún más y pueden perdonar aún menos que la generación que vivió esta experiencia, porque al no haber vivido la experiencia directa no la pueden superar, por lo tanto, no pueden perdonar.

El fin de la guerra condujo a una reconfiguración global que marcó nuestra actualidad. ¿Cree que hubo errores en esa reconfiguración? ¿Tal vez nos dividimos el mundo en dos polos y debimos abrir más el espectro en lugar de concentrarlo en dos modelos de nación(EE. UU. y la URSS)?

Me gusta mucho esta expresión de una reconfiguración global después de la guerra. No hay que olvidar la difícil situación en el momento de la capitulación de la Alemania nazi. En ese momento la alianza entre occidente y oriente se transformó en una competencia de dos sistemas políticos, y llevó a la confrontación entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Eso le permitió a Alemania convertirse en socio. Así, el enemigo de ayer se transformó en el socio de hoy, en la lucha contra un sistema político diferente. A eso uno le puede llamar una reconfiguración, pero en realidad es un desarrollo que se ha manifestado en una competencia de sistemas políticos. Esa polarización del mundo, que nació en esos momentos, tuvo dos caras: estabilidad, pero basada en el temor o de amenaza de muerte contra toda la humanidad, en un contexto en el que el mínimo paso en falso podría llevar a la destrucción del mundo.

En esa situación uno tiene que pensar muy bien antes de actuar. Y ese sistema, que funcionó a lo largo de cinco décadas, cesó. Con el fin de ese mundo bipolar pasamos a una situación mucho más compleja, con múltiples actores, con agendas no siempre muy razonables, con confrontaciones a gran escala en múltiples lugares. Y en esta complejidad hizo falta una visión de unidad, faltó una mirada del mundo compartida por todos, nos encontramos en un mundo más caótico que antes, con más conflictos y menos orden. Todos estamos luchando en la alianza por el multilateralismo para fomentar un orden mundial basado en reglas.

Para evitar un nuevo conflicto a gran escala se crearon organismos como la ONU. Pero las guerras siguen. ¿Fracasaron estas organizaciones diplomáticas en su objetivo? ¿Qué se necesita para su correcto funcionamiento?

Esta pregunta se adecúa a la situación que está viviendo el mundo. Organismos como la ONU no están funcionando, pero hay que recordar que estas organizaciones internacionales dependen mucho de sus miembros, y en un mundo que se liberó del período de polarización entre los sistemas, falta tal vez algo de disciplina. Me parece que no hay y no habrá un gobierno mundial. Tenemos Estados soberanos que se están organizando según principios diferentes y según intereses particulares.

La ONU es un organismo que está funcionando de acuerdo con el principio de visibilidad. Por ejemplo, si en este marco un Estado está actuando sin atender los lineamientos de los Derechos Humanos, como mínimo le daría vergüenza ser el objeto de una discusión a nivel mundial. Para evitar esto, los Estados se cuidan de que sus acciones sean puestas en esta escena. Pero si se actúa sin esta vergüenza, organizaciones como la ONU pueden llegar a sus límites. Sin embargo, actualmente la ONU continúa siendo la mejor herramienta que tenemos, ¿hay una opción mejor, más válida, más operativa? No la conozco.

Después de la guerra la inversión en armamento se multiplicó en muchos países. ¿Por qué es tan difícil cambiar la mentalidad bélica pese a haber presenciado lo fatal que esta resulta para el mundo?

Siempre es difícil. Una mentalidad bélica no se cambia con facilidad, pero esto aplica para todas las formas de pensar existentes. En este caso, la mentalidad bélica tiene que ver con la falta de seguridad, puesto que si no estoy seguro de que mi vecino no está preparando acciones en mi contra, no podré dormir tranquilamente. Pero si existe esta duda, y de hecho la hay en este mundo tan complejo en el que vivimos, no hay seguridad; por esto están invirtiendo en armamento.

Y el problema con el armamento es que el otro también tiene armas, entonces cada uno se ve expuesto a la necesidad de hacer lo mismo y aún más. Esta competencia armamentista no lleva a ningún lado positivo. La alternativa definitivamente es brindar seguridad con medidas distintas a las armas. Volviendo al tema, la ONU y otros formatos multilaterales, como la Unión Europea, están brindando seguridad sin armamento, y ese tiene que ser el espíritu.

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Alemania no solo se levantó de la guerra. Pasó por una división territorial y una reunificación que este año celebra su 30 aniversario. ¿Qué ha aprendido el país de estos procesos?

Sí, la división de Alemania y su posterior reunificación tienen que ver con la experiencia de la guerra. Y la experiencia que tuvimos con este proceso fue muy interesante. Al momento de la reunificación se dijo, por parte de nuestros hermanos y hermanas del Este, que esta no fue el resultado de una política enfocada en la meta de reunificación. Sin embargo, sí, fue así. Esto mostró que la vida en Alemania Oriental fue una experiencia diferente a la vida en occidente. Hubo una diferencia de costumbres, de tradiciones y eso nos permitió exponernos a una experiencia muy especial. En un mismo idioma, estuvimos hablando en mundos diferentes. Muy enriquecedor, por cierto, pero buscando un camino que permitiera reunificar dos países, sin tener que reinventar la rueda dos mil veces en este proceso. La reunificación nos ha esforzado a afrontar preguntas sobre nuestro pasado: ¿qué hicimos?, ¿porqué lo hicimos de esta manera?, ¿cuál es nuestra culpa?, ¿qué no es nuestra culpa?

¿Por qué es tan importante la paz?

Porque es la que hace toda la diferencia entre la vida y la muerte, entre estabilidad y amenazas, entre la confrontación brutal y una vida pacífica que se puede dedicar a las cosas bellas de la vida, en otras palabras, la paz vale la pena, esa es una lección aprendida. Y en el momento en el que perdemos la paciencia con las diferencias, corremos el riesgo de perder la paz. Una sociedad no es un bloque monolítico, es la diversidad en sí. Apreciar esta diversidad es un logro cultural, y esto es algo que no cae del cielo. Tenemos que acostumbrarnos a las diferencias sin sentirnos cuestionados, o sin sentir que estamos siendo puestos en duda. En Alemania la diferencia se valora y se respeta. Estoy orgulloso de este logro de nuestra sociedad, desde luego necesita diariamente el apoyo de todos, pues no es un regalo, es una construcción de todos.

La Segunda Guerra Mundial se dio por el populismo, principalmente, junto con los procesos que la primera dejó abiertos. ¿Qué tan peligroso es el populismo para la estabilidad mundial?

¿Qué es el populismo? Una política que está escuchando al pueblo no puede ser algo malo en sí. Pero la manera en que entendemos este problema hoy se configura en una separación entre los hechos y las opiniones. Si estoy convencido de que el pueblo quiere escuchar un mensaje muy básico, así sea falso, en el sentido de que no corresponde con la realidad, pues como populista me da igual si se trata de convencer a la gente, así sepa que son mensajes falsos y peligrosos. Lo que me llamó la atención en esta crisis del COVID-19 fue la falta de respuestas de los populistas a la crisis.

Todos, sin excepción, han subestimado el desafío. Y reaccionaron igual que ante todos los desafíos que encuentran. Es decir, negando, menospreciando y no tomándolo en serio. Esa actitud tiene un precio muy alto, como se puede apreciar en algunos países que perdieron hasta seis semanas negando los hechos y ahora tienen tasas de mortalidad muy altas. Todo eso me parece una refutación del populismo. Son ejemplos en los que la realidad les ha respondido a los populistas. Les ha dicho: no es así, y la diferencia es entre muerte y vida. Es así como el populismo no tiene ningún poder sobre el COVID-19.

Se dice que estamos en guerra con la pandemia. ¿Cree que esta guerra invisible logre cambiar la mentalidad del mundo?

¿En guerra con la pandemia? Si uno quiere, uno puede encontrarse en guerra con lo que sea. Sin embargo, el COVID-19 no es un enemigo político, es una enfermedad que se sigue propagando si nosotros no tomamos medidas de prevención. Y si alguien quiere llamarla guerra, pues que lo haga. Me parece que es mucho más sobrio verlo como un desafío a nuestras sociedades, a la disciplina que podemos mostrar en nuestra reacción a esta enfermedad. ¿Y si la guerra logra cambiar la mentalidad del mundo’? Me temo que no, aunque existen muchas oportunidades para preguntarnos sobre la forma de la globalización y la sostenibilidad de la economía mundial. Lamentable y probablemente nos vamos a perder esta oportunidad, a menos que se empiece una discusión amplia sobre la lecciones aprendidas en cada país. Cómo manejar mejor el futuro, cómo acabar con las debilidades que dejó al descubierto la crisis, cómo, por ejemplo, tratar el amplio sector informal en Colombia, la desigualdad y otros problemas preexistentes que a causa de la crisis empeoran. Existen muchos aspectos que merecerían una discusión. ¿Quién tomará el liderazgo de este debate?

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