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La vigencia clásica en la tradición occidental: de Marco Rubio a Anne Carson

El discurso de Marco Rubio en Atenas y el Nobel de Literatura para Anne Carson coincidieron en reivindicar la herencia griega, aunque desde perspectivas distintas.

Diego Cardona
ATHENS (Greece), 07/10/2026.- US Secretary of State Marco Rubio delivers a speech on the Pnyx hill with the Acropolis in the background in Athens, Greece, 07 October 2026. Rubio is visiting Athens for the launch of the 6th Greece-US Strategic Dialogue, focusing on defense, energy, and regional cooperation. (Grecia, Atenas) EFE/EPA/ALEXANDROS VLACHOS
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, pronuncia un discurso en la colina de Pnyx con la Acrópolis de fondo.
Foto: EFE - ALEXANDROS VLACHOS

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Esta segunda semana de octubre trajo una extraordinaria coincidencia. El miércoles 7, Marco Rubio, secretario de Estado y asesor de seguridad del presidente Trump, pronunció un discurso con una reivindicación de la herencia griega en la tradición occidental. Menos de 24 horas después, la Academia Sueca anunciaba el otorgamiento del premio de Literatura a Anne Carson, profesora, y escritora, especialista en la cultura griega. Dos personas hijas del continente americano, en dos áreas muy diferentes, y con distintas posiciones políticas, pero con un elemento en común: la tradición griega como desiderátum de Occidente.

En su muy comentado discurso de 28 minutos, que aparece como una verdadera propuesta para los países occidentales, Marco Rubio hizo referencia a la importancia de las reivindicaciones nacionales sobre la memoria colectiva. El sitio escogido no podía ser más simbólico: la plaza de reunión de los atenienses libres, con el Partenón de fondo. Sus referencias a los invasores persas y a la supervivencia de Grecia refuerzan la visión de que EE.UU., es como el resto de Occidente, hijo de Atenas y Roma, pero también de la civilización cristiana occidental.

En el ideal estadounidense tiene un peso enorme el imaginario griego, como eje de una visión grecorromana en el mundo de lo público. Es importante el énfasis del discurso de Rubio en el individualismo, la idea de la exploración del territorio más allá de las ciudades-Estado originarias, el espíritu del descubrimiento y la curiosidad natural por el mundo. También, el hecho de que fuera en Grecia en donde terminó por desarrollarse la idea de que debe existir algún tipo de orden racional en el mundo.

Quizás el referente a las ciudades-Estado tenga su correlato contemporáneo, pero es importante ver que el mensaje de Rubio busca constatar o promover un cambio generacional que motive a los europeos “a salir de su letargo”, sobre la base de que “el resultado es más que la suma de las partes”. Se refiere quizás a la OTAN, y a la gloria militar incluso, pues sustenta su argumento con las acciones heroicas de los 300 espartanos frente a la invasión persa, o en la drástica decisión de Aquiles de permanecer en la guerra de Troya en lugar de la comodidad de su hogar.

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Un eje que tiene que ver con la historia griega es que, pese a los mecanismos de unión (los Juegos Olímpicos, las anfictionías precursoras de los organismos internacionales, el idioma o los mismos dioses en general), cada ciudad-Estado luchaba por sus propios intereses, defendiendo sus soberanías en lugar de abolirlas por decisiones colectivas. Asunto muy claro en la política exterior de Trump. Finalmente, la secuencia geoestratégica es una consideración básica del discurso de Rubio: Atenas, Roma, cristianismo, el Atlántico y luego el Nuevo Mundo.

Por su parte, Carson retoma a su manera la tradición clásica griega. No se trata de los géneros literarios solamente (en Grecia ya había poesía, teatro, cuento y grandes novelas, como lo demuestran La Ilíada y La Odisea). Pero la novela era en verso, el teatro era coral, y en la poesía existían ritmos de acentuación que fueron propios de la Grecia clásica. Lo que le interesa a la escritora es la diversidad estilística, incluso la mezcla de estilos y tiempos. El recoger no solo los mitos, sino también el ethos de la vida cotidiana, familiar, personal, del entorno e incluso la sexual, las aspiraciones personales y los sueños. No es el zoon politikon de Aristóteles, sino el ser humano en sus motivaciones más cotidianas y privadas. No es que contradiga a la visión gloriosa, sino que la complementa.

Para ella, los mitos griegos no son reliquias sino herramientas de análisis psicológico y social. La mezcla de tiempos y personajes hace que en algunas de sus obras las figuras de la antigüedad dialoguen sin dificultad con elementos tan contemporáneos como el pop o la posmodernidad. No es algo tan diferente a la visión de Rubio, con las guerras del Peloponeso o la resistencia a los persas dialogando con procesos políticos contemporáneos como Ucrania o Rusia.

A diferencia de la visión de Rubio, no otorga prioridad a la gloria, al combate o a la memoria guerrera sobre el resto. Su formación clásica le otorga libertad para disolver las fronteras entre géneros, muy a la manera posmoderna. Se dice que utiliza su dominio del griego antiguo para interrogar los problemas del mundo presente: “Su obra demuestra que los clásicos griegos son un espejo implacable donde la condición humana —el dolor, los celos, la memoria y la pérdida— sigue operando exactamente bajo las mismas tensiones que hace dos milenios”.

El cuerpo como campo de batalla místico es otra de las preocupaciones de Carson. La relación cuerpo-eros no es ajena a sus intereses; es irreverente, muestra la realidad psicológica múltiple y le interesa más la vida cotidiana que la gloria en el campo de batalla. Su énfasis es más de lo privado que de lo público, más una noción intimista que una visión épica.

Eso nos lleva a la pregunta sustancial de cuál es realmente la tradición occidental. En Asia, el individuo existe diluido en los destinos colectivos, salvo quizás en algunas formas radicales del budismo. En Grecia, tenemos por un lado al zoon politikon, cuyo destino está inmerso en grandes epopeyas colectivas; pero también está el individuo con sus particularidades, fiel a sus diferencias con otros y a su destino. Quizás deba asumirse que estos dos elementos, que se dieron de forma simultánea en ese bello rincón lleno de islas del Mediterráneo oriental, fueron marcando la visión del mundo y los destinos de Occidente. Marco Rubio y Anne Carson parecen muy diferentes entre sí, pero son fieles, cada quien, a la tradición griega (más grecolatina en el caso de Rubio) de la cual son legítimos exponentes. Una clara demostración de la ambivalencia de la tradición occidental.

Diego Cardona C*
PhD Rel. Internacionales, Dr. en Literatura, Master en Creación Literaria.

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Por Diego Cardona

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Comentarios
  • Lucila(60806)•Hace 12 horas
    Muy interesante la columna,aûn cuando le da mêritos a Rubio,que poco se los merece,diferente a la escritora,que sî tiene una formaciôn helenîstica y su mirada,no bêlica,nos muestra su carâcter humanîstico,con ênfasis en la defensa de los derechos humanos. Muchas gracias!!
  • Japz(39664)•Hace 17 horas
    Rubio es un guerrerista que se quiere justificar en los ciclos de violencia de la historia para seguir cometiendo delitos que favorecen la industria militar de EE.UU. Todos, como humanidad, no habremos evolucionado mientras sigamos alimentando violencias a raíz de nuestras diferencias ideológicas, culturales, religiosas y políticas. Rubio está en campaña para la próxima presidencia, pero está muy lejos de ser un líder que nos ayude a vivir en armonía.
  • alenpe(67430)•Hace 19 horas
    Democracia no es bombardear lanchas por fuera de los límites territoriales y legales de una nación, eso es un crimen aunque se este combatiendo a la delincuencia e intervención en los asuntos internos de otro estado. El.mumdo esta tolerando las arbitrariedades de un estado que se auto proclama policía, fiscal y juez del mundo y esa actividad es asquerosa ante el resto de estados del mundo. Esa democracia del Rubio no es tradicion occidental, es la ley del viejo oeste estadounidense.
  • Tayrona(31467)•Hace 19 horas
    Marco Rubio es un absoluto hipócrita y traicionero a su gente. Lo que dijo en Grecia refuerza las porquerias que él y el gobierno norteamericano de Trump, piensan sobre el mundo occidental: basura!.
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