
La llegada del invierno ha obligado a replantear el tipo de ayuda que se envía a Ucrania. Ese, de hecho, fue el tema que abordaron este martes los cancilleres de los países miembros de la OTAN, reunidos en Bucarest, Rumania.
Ucrania y sus aliados han sostenido que Vladimir Putin está usando el frío como arma de guerra, pues ha lanzado bombardeos contra la infraestructura crítica del país, con el que libra una guerra desde hace más de nueve meses, lo que ha afectado, entre otras, la red de energía eléctrica. Millones de personas se han quedado sin servicios como la calefacción mientras las temperaturas caen bajo cero.
Según Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, los reveses que Moscú está sufriendo en el campo de batalla están llevando a sus fuerzas a ejecutar acciones desesperadas, como los ataques contra objetivos civiles.
Dichos bombardeos “obviamente están diseñados para tratar de congelar a los ucranianos hasta que se sometan”, dijo el secretario británico de Relaciones Exteriores, James Cleverly, citado por la AFP.
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Es preciso recordar que los ataques contra infraestructuras civiles recientemente arrecieron tras la retirada de las tropas rusas de Jersón (sureste del país), hace cerca de tres semanas, una movida que fue vista como una humillación para el ejército de Putin.
La llegada del invierno, no obstante, puede reconfigurar la guerra. Muchos expertos han advertido que con la nieve y el lodo se dificultan las ofensivas a gran escala, pero también el abastecimiento de las tropas. Las condiciones del ambiente de por sí dificultan la logística, y esa vulnerabilidad puede ser aprovechada para dirigir ataques a las cadenas de suministro.
Para analistas como Jesús Agreda Rudenko, profesor de la Universidad del Rosario, la “pausa” del invierno “le dará tiempo a Putin de recibir más apoyo militar, ya sea de Irán o de Corea del Norte, y para entrenar y tal vez equipar mejor a los nuevos reclutas, pero sobre todo le podría dar un nuevo aire a la invasión al comenzar la primavera del próximo año”.
“Cuando tengamos transformadores y generadores, podremos restaurar nuestro sistema (…). Cuando tengamos sistemas de defensa aérea, podremos proteger la infraestructura de la próxima oleada de misiles rusos”, dijo el ministro de relaciones exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, en la reunión ministerial de la OTAN, citado por AFP. Agregó que su país necesita con urgencia misiles “Patriot y transformadores”.
Desde el inicio de la invasión rusa, Estados Unidos, por ejemplo, ha destinado casi US$20.000 millones en asistencia de seguridad para Ucrania.
En el nuevo contexto, otros aliados, como Alemania, han anunciado nuevos tipos de apoyo. Berlín enviará “más de 350 generadores” eléctricos, en tanto que Francia destinará más de US$100 millones en ayuda financiera, adicionales a los más de US$300 millones dados anteriormente.
“El mensaje de todos nosotros será que debemos hacer más” para ayudar a Ucrania, señaló Stoltenberg en el marco de la reunión de los ministros de la OTAN.
Vale la pena recordar que Ucrania no forma parte de la alianza atlántica, que no se ha involucrado directamente en la guerra, lo que escalaría el conflicto bélico. Por esa razón, el misil que cayó en territorio de Polonia (miembro de la OTAN) el pasado 15 de noviembre hizo temer las consecuencias de lo que se creyó en un primer momento que era el primer ataque directo contra un miembro de la organización en el marco de la guerra ruso-ucraniana.
Los países occidentales, no obstante, actuaron con cautela desde el principio, mientras se sospechaba que la caída del proyectil había sido el resultado de un error de la defensa antiaérea ucraniana.
Para Agreda Rudenko, el peligro que este incidente puso en evidencia podría aumentar la presión de los aliados sobre Ucrania para que se siente a negociar, lo que, por el momento, no obstante, parece una opción lejana.
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