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Los “horribles” crímenes de Ratko Mladić: así se ganó el apodo del “carnicero de Bosnia”

El genocida de Srebrenica que pasó 14 años prófugo antes de ser condenado.

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28 de agosto de 2026 - 01:13 a. m.
El excomandante serbobosnio Ratko Mladić, en una audiencia de su juicio por genocidio y crímenes de lesa humanidad en La Haya.
El excomandante serbobosnio Ratko Mladić, en una audiencia de su juicio por genocidio y crímenes de lesa humanidad en La Haya.
Foto: AFP - JERRY LAMPEN
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Ratko Mladić falleció este jueves, 27 de agosto, a los 84 años y sin haber pedido perdón ni una sola vez por sus crímenes contra la humanidad durante la guerra de los Balcanes. Tuvo, además, la muerte que le negó a todas sus víctimas: lenta, en una cama y con abogados peleando por su comodidad hasta el final.

La televisora estatal serbia RTS reportó que murió en el Centro Judicial para la Atención Somática, el hospital penitenciario de La Haya, tras sufrir varios accidentes cerebrovasculares. El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) lo había declarado culpable en 2017 de un cargo de genocidio, cinco cargos de crímenes de lesa humanidad y cuatro cargos de crímenes de guerra, más de dos décadas después de haber sido acusado formalmente.

Su condena fue la última que emitió ese tribunal, creado en La Haya en 1993 para juzgar los crímenes de las guerras balcánicas. En junio de 2021, un tribunal de la ONU rechazó una apelación presentada por Mladić y confirmó su cadena perpetua. Sin embargo, los litigios continuaron. El año pasado, otro tribunal de crímenes de guerra de la ONU negó su solicitud de excarcelación por motivos de salud, al considerar que su condición, aunque incierta, era estable.

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La guerra en los Balcanes: el trasfondo del “carnicero de Bosnia”

Para entender quién fue Ratko Mladić hay que situarse primero en el mapa. Bosnia-Herzegovina es un país de los Balcanes, en el sureste de Europa, que hasta 1992 formaba parte de Yugoslavia, un Estado socialista que agrupaba a seis repúblicas (Serbia, Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Montenegro) bajo el liderazgo del mariscal Josip Broz Tito.

Esa convivencia siempre fue tensa porque la componían distintos grupos étnicos y religiosos: serbios ortodoxos, croatas católicos y bosnios musulmanes. Sin embargo, mientras Tito estuvo con vida logró mantenerla. Tras su muerte en 1980 y la caída del comunismo en Europa del Este a finales de esa década, los nacionalismos que Yugoslavia había mantenido a raya empezaron a resquebrajar el país.

Entre 1991 y 1992, Eslovenia, Croacia y Bosnia-Herzegovina declararon su independencia una tras otra, lo que desató una serie de guerras dentro de los límites de la antigua Yugoslavia. La más sangrienta fue la de Bosnia, donde los serbios de esa república, respaldados por el Ejército y el Gobierno de Serbia en Belgrado, capital de ese país y de la ya extinta Yugoslavia, se negaron a aceptar la secesión y proclamaron su propia entidad. Así nació la Republika Srpska, con el objetivo de anexar a Serbia el territorio bosnio de mayoría o presencia serbia.

El resultado fue tenebroso para el mundo: se desató una guerra de limpieza étnica contra la población musulmana y croata de Bosnia que, entre 1992 y 1995, dejó más de 100.000 muertos. Y Mladić, un militar de carrera que había servido en el Ejército yugoslavo, fue el comandante que lideró ese proyecto sobre el terreno.

Una vida marcada por la guerra

Mladić nació el 12 de marzo de 1942 en Kalinovik, un pueblo de montaña al sureste de Sarajevo que entonces formaba parte del Estado Independiente de Croacia, una entidad títere de la Alemania nazi. Dos años después, su padre murió combatiendo con los partisanos de Tito contra fuerzas ustachas, una organización terrorista y fascista croata respaldada por los nazis y la Italia fascista.

Tras un breve paso como hojalatero, Mladić optó por la carrera militar. Se graduó de la escuela de oficiales en 1965 y ascendió con rapidez, al mando de unidades del Ejército yugoslavo en Macedonia y Kosovo.

En 1991, cuando Croacia declaró su independencia, fue enviado a combatir a las fuerzas separatistas croatas y ganó fama de temerario, al liderar personalmente operaciones de desminado.

Un año después, cuando la guerra se trasladó a Bosnia, Mladić y sus oficiales cambiaron de uniforme de la noche a la mañana para jurar lealtad a la naciente Republika Srpska, aunque la cadena de mando seguía subiendo hasta el presidente serbio Slobodan Milošević en Belgrado. En 1992 también fue nombrado general y ayudó a cercar y bombardear la ciudad donde antes vivía junto a sus vecinos no serbios.

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Los crímenes que le dieron el apodo del “carnicero”

Las fuerzas apoyadas por Serbia sitiaron Sarajevo, capital Bosnia, en abril de 1992. Esta operación se prolongó por más de tres años y medio y se convirtió en el asedio urbano más largo de la guerra moderna, con una duración de 1.425 días, incluso después de que se firmaran los acuerdos de Dayton, un tratado de paz mediado por Estados Unidos que puso fin a la guerra.

Según los registros, Mladić ordenaba disparar contra los barrios musulmanes hasta llevar a sus habitantes “al borde de la locura”. El punto más oscuro llegó en julio de 1995, cuando las fuerzas bosnias apoyadas por Serbia tomaron Srebrenica, un enclave que la ONU había declarado zona segura para los civiles que huían de otras partes del país.

Mladić entró allí repartiendo chocolates y dulces a niños y ancianos, dándoles palmaditas y asegurándoles que estarían a salvo. Horas después, de acuerdo con el TPIY, dio la orden a sus tropas de separar a hombres y niños para ejecutarlos.

Las víctimas, calculadas en más de 7.000 en el momento del veredicto y hoy en más de 8.000, fueron enterradas en fosas comunes que después las tropas intentaron ocultar reubicando los cuerpos en zonas rurales aisladas. Fue la peor atrocidad cometida en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Durante la caída de Srebrenica en 1995, Mladić llevó al comandante holandés de la ONU, Ton Karremans, a una sala donde un cerdo vivo estaba amarrado, según recuerda The Washington Post. En presencia de Karremans, un soldado serbio destripó al animal con un cuchillo. Mladić le dijo: “Así es como tratamos a nuestros enemigos”.

La cacería de Mladić

Tras la caída de Milošević en octubre de 2000 y su posterior entrega a La Haya, Mladić entendió que ya no podía contar con la protección abierta del Estado serbio y comenzó una fuga que se extendería por 14 años.

En sus primeros años como prófugo vivió con comodidades notables, pues el Ejército yugoslavo puso a su disposición casas de descanso militares en zonas boscosas como Rajac y Stragari, con piscinas, canchas deportivas y hasta un cocinero, un chofer y un mesero personal. Además, una unidad completa, adscrita al llamado Centro de Personal 30, se dedicó a su protección, con cerca de cien efectivos.

Cuando esa red se debilitó, Mladić pasó a depender de un círculo más reducido de antiguos oficiales de guerra, liderado por el también coronel serbobosnio Jovo Djogo, quien le consiguió apartamentos en Belgrado. Ahí impuso una rutina rígida y paranoica, sin teléfonos móviles, con comida comprada el mismo día en distintos puestos para no despertar sospechas, y con guardaespaldas a quienes se les recordaba, mediante fotografías de sus propios hijos, el precio que pagarían por una traición.

El diario The Guardian documentó episodios de violencia asociados a esa red de protección, incluida la muerte de dos soldados en un cuartel de Belgrado en 2004, un caso que una comisión de investigación nunca logró esclarecer del todo en medio de obstáculos del propio Ejército. También describió el papel de los servicios de inteligencia rusos, que según fuentes del propio operativo de búsqueda serbio protegieron durante años a la red que ocultaba a Mladić, hasta que la presión diplomática logró que Moscú retirara ese respaldo hacia 2010.

Con el paso de los años, el círculo de protección de Mladić se fue reduciendo hasta casi desaparecer. Terminó escondido en la casa de un primo en el pueblo de Lazarevo, en el norte de Serbia, en una sola habitación calentada con un calentador eléctrico, negándose incluso a recibir atención médica después de sufrir un derrame cerebral por miedo a ser descubierto.

Pero el apego familiar fue lo que terminó por delatarlo: una visita de su hijo Darko y sus nietos a la zona, junto a llamadas telefónicas repetidas al pueblo, alertó a los investigadores. El 26 de mayo de 2011, agentes de una unidad especial de crímenes de guerra del Ministerio del Interior serbio llegaron al amanecer a la casa del primo de Mladić en Lazarevo. Allí se encontraron a un anciano que confesó que era la persona que buscaban

Su juicio ante el TPIY comenzó en junio de 2012 y terminó cinco años después. El fiscal jefe del TPIY, Serge Brammertz, calificó el veredicto de 2017 como un hito porque también responsabilizó a Mladić por la detención de decenas de miles de personas no serbias en campos donde muchas fueron golpeadas y violadas, y por el desplazamiento forzado de más de un millón de personas en un intento de redibujar el mapa demográfico de Bosnia.

Durante el juicio, el fiscal Dermot Groome argumentó que Mladić puso en marcha, a través de oficiales subordinados, la operación a gran escala y bien organizada que asesinó a más de 7.000 hombres y niños en cuestión de días. El juez Alphons Orie, al leer el resumen de la sentencia, describió los crímenes como de los más atroces conocidos por la humanidad.

Nada de eso movió a Mladić hacia el arrepentimiento. En su juicio hizo un gesto de degollar dirigido a la madre de una víctima de Srebrenica y, al escuchar el veredicto, fue retirado de la sala mientras gritaba que todo era mentira.

El tribunal finalmente atribuyó a las fuerzas bajo el mando de Mladić la muerte de 4.548 soldados bosnios y 4.954 civiles, además de unos 50.000 heridos.

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