
Imagen de referencia (aeropuerto de Rumania).
Foto: EFE - ROBERT GHEMENT
Shoneez Sallie llevaba 23 horas viajando desde Sudáfrica cuando aterrizó en Bruselas, solo para enfrentarse a un panorama desmoralizante que se ha vuelto demasiado común para los viajeros extranjeros que entran o salen de la Unión Europea. Había una larga larga fila para el control de pasaportes que apenas se movía.
Sallie, de 39 años, dijo que estuvo en esa fila durante cinco horas y 15 minutos. Solo había seis casetas de seguridad fronteriza abiertas, y calculó que los oficiales en ellas procesaban a unas 1000 personas. Esperó tanto que la...
Por Jeanna Smialek y Koba Ryckewaert | The New York Times
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