1 Jul 2022 - 11:00 a. m.

Migrantes: ¿acorralados por la diplomacia entre España y Marruecos?

La muerte de por lo menos 23 personas tratando de cruzar de Nador hacia Melilla ha puesto sobre la mesa denuncias de creciente violencia contra los migrantes tras el restablecimiento de las relaciones entre ambos países.
Migrantes sostienen pancartas durante una manifestación contra el racismo en la capital marroquí, Rabat.
Migrantes sostienen pancartas durante una manifestación contra el racismo en la capital marroquí, Rabat.
Foto: AFP - Agencia AFP

Hace un año, en junio de 2021, el Parlamento Europeo condenó a Marruecos por presionar políticamente a España por medio de la migración. ¿El trasfondo? Rabat había permitido la llegada de unos 8.000 migrantes a Ceuta, ciudad española en territorio africano, en mayo del año pasado, incluidos niños, lo que fue visto como una herramienta de presión en medio de las deterioradas relaciones diplomáticas entre ambos países.

Hoy la situación es algo distinta. Las tensiones entre Madrid y Rabat escalaron cuando en 2021 España acogió a Brahim Gali, líder del Frente Polisario, grupo que reivindica la independencia del pueblo saharaui en el Sahara Occidental (dividido entre Marruecos y Mauritania), para tratarlo por coronavirus. Las relaciones se normalizaron luego de que España abandonara la neutralidad en este conflicto, respaldando la postura marroquí.

En medio de este contexto fue que Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, dijo, el 27 de junio, que creía que el más reciente intento de cruce masivo de migrantes en la frontera terrestre entre Nador (Marruecos) y Melilla (España) había sido “bien resuelto” por parte de las fuerzas tanto españolas como marroquíes. El comentario causó indignación, pues se refería nada menos que a un episodio que ese viernes dejó como mínimo 23 personas muertas.

Las circunstancias en las que ocurrieron los hechos aún no son claras. Incluso, hay organizaciones que afirman que la cifra de fallecidos es de 37 y que podría seguir aumentando. Por el momento, según las autoridades de Marruecos, las personas murieron en medio de una estampida mientras unos 500 migrantes (de unos 2.000 que tenían la intención de cruzar hacia Europa) trataban de pasar el muro fronterizo.

Naciones Unidas pidió a ambas partes investigar lo sucedido. Aunque se ha dicho que todo ocurrió en el lado marroquí, la Fiscalía española ya anunció una pesquisa; Marruecos también lo hizo, pero para procesar a los migrantes que participaron en el intento de entrada a Melilla; unos 60 fueron detenidos.

Según un comunicado de Naciones Unidas, la oficina de la alta comisionada para los Derechos Humanos “ha recibido informes de migrantes golpeados con porras, que también fueron pateados, empujados y atacados con piedras por funcionarios marroquíes mientras subían la cerca de alambre de púas de entre seis y diez metros de altura”. El mismo comunicado cita al Comité de Trabajadores Migrantes de la ONU, según el cual “aún está por determinarse si las víctimas perecieron al caer de la valla, en una estampida o como resultado de alguna acción de los agentes de control fronterizo”.

Con todo esto, Luis Campos, diputado del Parlamento de Canarias, fue uno de los que le reclamaron rectificación al presidente Sánchez. “Da la sensación de que el presidente ha unido su destino a un reino que usa a las personas para presionar políticamente”, señaló el partido Nueva Canarias, al que pertenece Campos, citado el lunes por Eldiario.es. “Si es el precio a pagar para acabar con el chantaje, con la supuesta entrega del Sahara Occidental a Marruecos, es inaceptable”, denunció el copartidario Pedro Quevedo, diputado en el Congreso, citado por el mismo medio.

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Ese lunes Sánchez, además, culpó de lo sucedido a las “mafias que trafican con seres humanos”. Luego, el miércoles, reconoció que no había visto las imágenes de lo sucedido cuando afirmó que todo había sido “bien resuelto” tanto por el lado español como por el marroquí. Sin embargo, como escribe El País, es evidente que el mandatario ha evitado criticar la actuación de la Gendarmería de Marruecos e incluso ha pedido ponerse en sus zapatos.

“¿Por qué Pedro Sánchez dice que somos mafias?”, reclamó Huséin, portavoz de un grupo de manifestantes que se reunió el pasado 27 de junio al frente del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla, citado por El País. “Los sudaneses no tenemos mafias, venimos juntos”, agregó. En la misma protesta se vieron mensajes como: “Los ucranianos reciben flores y porque (somos) negros nos envían al infierno”.

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Recordemos que la política de “brazos abiertos” que adoptó la Unión Europea frente a los desplazados ucranianos ha sido fuertemente criticada por quienes muestran un doble rasero: favorable con los ucranianos y hostil con las personas provenientes de Asia y África en busca de refugio. Incluso los medios han sido señalados de racistas en este cubrimiento, por comentarios como el de Kelly Cobiella, de NBC, quien dijo sobre los ucranianos que “estos no son refugiados de Siria. Son cristianos, blancos, son muy similares a nosotros”.

Como aseguramos en un artículo anterior, analistas coinciden en que Europa ha recibido de esa forma a los ucranianos por razones políticas y geopolíticas: incomodar a Vladimir Putin. “Esta es una forma de rechazar la guerra. Cuando se brinda ese estatus de refugiado, significa que los países están repudiando ese conflicto de donde huyen las personas. Ahora, esto debería ocurrir con todos los conflictos que generan una crisis de refugiados. La pregunta es: ¿esto se va a tener en cuenta en el futuro? Desafortunadamente, no estoy tan segura”, le comentó a este diario Ildiko Szegedy-Maszák, profesora investigadora de la Universidad Javeriana, en marzo pasado.

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