Así es Sentinel, la tentadora isla de la muerte que acoge a tribu aislada

Los sentineleses, comunidad de cazadores y recolectores de la isla Sentinel del Norte, del archipiélago indio Andamán y Nicobar, son conocidos por no recibir bien a los aventureros. Hace una semana mataron a John Allen Chau, de 27 años, cuando este intentó entrar ilegalmente en contacto con ellos. Ahora, expertos recomiendan no tratar de recuperar su cuerpo. ¿Por qué?

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The New York Times
28 de noviembre de 2018 - 06:39 p. m.
India lleva un monitoreo estricto del acceso a las tribus, que tienen un estatus de protección, y los grupos indígenas que viven en las islas de Andamán y Nicobar son los que se vigilan con mayor cuidado. / AFP
India lleva un monitoreo estricto del acceso a las tribus, que tienen un estatus de protección, y los grupos indígenas que viven en las islas de Andamán y Nicobar son los que se vigilan con mayor cuidado. / AFP
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A finales del siglo XIX, un oficial inglés de la Marina describió el momento en el que desembarcó en una isla remota rodeada de coral en el mar de Andamán y descubrió una de las tribus de cazadores y recolectores más enigmáticas del mundo, un extraordinario grupo aislado de personas “extremadamente tímidas” que comían raíces y tortugas, y almacenaban pilas de cráneos de cerdos.

Fascinado, el oficial, Maurice Vidal Portman, prácticamente secuestró a varios isleños. Los llevó a su casa en una isla de mayor tamaño, donde los ingleses administraban una prisión, y simplemente vio cómo los adultos enfermaron hasta fallecer. Luego de regresar a los niños a la isla, finalizó su experimento describiéndolo como un fracaso.

“Lo único que hicimos fue aumentar el terror, y la hostilidad, que sienten en general hacia todos los visitantes”, escribió Portman en su libro de 1899.

Durante el siglo siguiente, pocos forasteros regresaron. La isla, llamada Sentinel del Norte, era un mundo en sí mismo, montañosa y colmada de arbustos, casi del mismo tamaño que Manhattan. Prácticamente cualquiera que se atreviera a visitarla era recibido con flechas voladoras. En la década de 1970, el director de un documental de National Geographic recibió una de ellas en la pierna.

Es probable que los isleños estuvieran traumatizados por aquel secuestro inicial. Tal vez tenían miedo de las enfermedades de afuera. Nadie ha descubierto jamás por qué son tan hostiles hacia los forasteros y su idioma sigue siendo un misterio.

A lo largo de los años, Sentinel del Norte regresó a las tinieblas. Así permaneció hasta este miércoles, cuando el gobierno indio reveló que un joven estadounidense remó hasta la costa en un kayak y que los aborígenes lo asesinaron usando arcos y flechas.

Al parecer, el episodio fue el resultado de un choque cultural entre un forastero aventurero que probablemente trataba de evangelizar a los isleños y el grupo local. No obstante, él buscaba adentrarse en una de las comunidades más impenetrables del mundo.

La semana pasada, John Allen Chau, de 26 años, proveniente del estado de Washington, le pagó a un grupo de pescadores 350 dólares por llevarlo a Sentinel del Norte bajo el cobijo de la noche. Los pescadores le advirtieron que no fuera. Le recomendamos: Estadounidense quería conocer la tribu más aislada murió atacado con flechas

Sin embargo, de acuerdo con Dependra Pathak, jefe de policía de la zona, Chau remó hasta la costa con un kayak y una biblia.

Intentó hablar en el idioma de los miembros de la tribu, quienes eran de estatura baja y llevaban una pasta color amarillo en el cuerpo. Algunos fueron amistosos, otros no, de acuerdo con Pathak, quien citó una larga nota que Chau entregó a los pescadores justo antes de navegar en su kayak en caso de que no volviera.

En ella, escribió que Jesús le había conferido la fuerza para visitar los lugares más prohibidos de la Tierra, comentaron oficiales de la policía.

Su padre, Patrick Chau, dijo el jueves que su fe cristiana le había dado consuelo luego de enterarse de la muerte de su hijo. Comentó que se sentía especialmente consolado por el siguiente pasaje bíblico: “Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo”.

Las organizaciones misioneras afirmaron que Chau falleció por la causa más noble de todas y sus amigos dicen que es un mártir.

En una declaración de All Nations, un grupo internacional de misioneros cristianos, se afirmó que “John era un embajador de Jesucristo, gentil y sensible. Con frecuencia, el privilegio de compartir el Evangelio ha cobrado un precio alto. Oramos para que los sacrificios de John rindan frutos eternos en su debido momento”.

De acuerdo con los pescadores que ayudaron a Chau, navegaron durante varias horas desde Port Blair hasta Sentinel del Norte. Chau esperó hasta la mañana siguiente, al amanecer, para tratar de acercarse a la costa. Colocó su kayak en el agua, a menos de kilómetro y medio, y remó hacia la isla.

Los pescadores aseguraron que los aborígenes le dispararon flechas y él se alejó. Al parecer intentó en repetidas ocasiones llegar a la isla durante los dos días siguientes, según la policía, ofreciendo obsequios como un pequeño balón de fútbol, cordel de pesca y tijeras. Pero la mañana del 17 de noviembre, los pescadores dijeron haber visto a los aborígenes con su cadáver.

Las siete personas que ayudaron a Chau a llegar a la isla fueron arrestadas y acusadas de homicidio culposo, pero no asesinato, y de violar las leyes que protegen a las tribus aborígenes. En una publicación de Instagram, la familia de Chau solicitó la liberación de las siete personas y afirmó que se había “arriesgado por su propia voluntad”.

India lleva un monitoreo estricto del acceso a las tribus, que tienen un estatus de protección, y los grupos indígenas que viven en las islas de Andamán y Nicobar son los que se vigilan con mayor cuidado.

Las islas están a más de 1100 kilómetros de tierra firme, y el gobierno indio ha tomado la decisión de que cualquier contacto con estos isleños, cuyo estilo de vida se ha modificado muy poco a lo largo de los siglos, podría destruir su cultura e incluso quizá acabar con sus vidas. Su sistema inmune podría no estar preparado para los microbios de la época moderna.

No obstante, algunos funcionarios creen que este enfoque está pasado de moda y es paternalista.

Los isleños, a quienes Pathak describió como un tesoro cultural que debe ser protegido, llevan taparrabos y viven en chozas sencillas. Se cree que son entre 50 y 100 habitantes y que cazan con lanzas y flechas manufacturadas con restos de metal que llegan hasta sus costas. Su isla es sumamente boscosa.

T. N. Pandit, un antropólogo indio que visitó Sentinel del Norte en varias ocasiones entre 1967 y 1991, afirmó que la razón de su hostilidad es sencilla: quieren que los dejen en paz.

“No quieren nada de ustedes. Nosotros somos los que nos acercamos a ellos”, dijo. “Sospechan que no tenemos buenas intenciones. Por eso se resisten”.

Por The New York Times

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