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Colombia y Asia Oriental: lazos que se fortalecen desde lo cultural

Dragon Ball, BTS y el anime no son solo entretenimiento: son la diplomacia cultural de Asia en Colombia.

Betsy Forero Montoya, Ph.D *

24 de enero de 2026 - 07:00 p. m.
Miembros del grupo femenino izna se presentan durante un concierto de K-pop como parte del evento Seoul Spring Festa 2025, en Seúl, Corea del Sur, el 30 de abril de 2025.
Foto: EFE - JEON HEON-KYUN
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Tras 16 años de historia y durante tan solo cinco días, en 2025, el Salón del Ocio y la Fantasía (SOFA), que se desarrolla de forma anual en Corferias (Bogotá), contó con un poco más de 200.000 asistentes. No es un secreto que los mundos del cosplay, el anime y el manga así como del K-pop son centrales en esta feria geek. Niños, adolescentes, y adultos de las primeras generaciones que crecieron con Dragon Ball y Sailor Moon llegaron junto con sus hijos a integrar este universo cultural pop.

Este año, se confirmó la visita del reconocido grupo de K-pop, BTS, sumándose a una lista creciente de agrupaciones que han visitado Colombia en los últimos años, como los surcoreanos VAV y ATEEZ, y los japoneses Otoboke Beaver y Babymetal. Así mismo, bajo un ángulo cultural distinto, pero muy significativo, debe mencionarse que la última celebración del Nuevo Año Chino desbordó el Parque de los Novios en Bogotá.

Esta evidente conexión que tenemos con las culturas de Asia oriental ha sido influenciada por modelos de diplomacia cultural específicos que parten de una premisa popular en sus gobiernos: los sectores culturales y artísticos tienen un rol activo en la configuración de la imagen (o identidad) global de las naciones y por ello, tienen efectos políticos y económicos.

La diplomacia cultural tradicional históricamente se ha centrado en la firma de tratados y flujos materiales, actividades que siguen importando, pero, apoyada en el poder blando, Asia oriental ha evidenciado que en el siglo XXI hay nuevas formas de circulación de la cultura. A través del cine, la pintura, la música, la literatura, la lengua y los videojuegos, entre muchos otros, el poder blando permite moldear preferencias y persuadir, alejándose de la coerción o la imposición. En el caso de las relaciones de Colombia con Asia Oriental, es útil hacer una revisión de las estrategias culturales de Japón, Corea del Sur y China continental y sus modelos distintivos de diplomacia cultural. Esto ubica a Colombia en un espectro de influencias y relaciones culturales globales y nos ayuda a entender y proyectar las relaciones venideras con esta región del mundo.

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Japón fue el primero de la región en evidenciar su creencia del poder de la cultura en las relaciones internacionales con la apertura de la Sociedad Internacional de las Relaciones Culturales en 1934. Años después, tras la Segunda Guerra Mundial, su objetivo fue construir una imagen positiva global y fomentar el entendimiento mutuo y en esta medida, reparar sus relaciones regionales y expandirse a otras partes del mundo, a través de la promoción del patrimonio cultural y las tradiciones artísticas. La Fundación Japón, establecida en 1972,

formalizó estos intereses, como sucesora de la Sociedad de las Relaciones Culturales. En América Latina, las sedes de Sao Paulo, Ciudad de México y Lima en alianza con instituciones educativas y culturales de todos los países del continente, como el Centro del Japón en Bogotá, lideran el aprendizaje de la lengua y la cultura japonesa. Su trabajo hoy se suma a la iniciativa Cool Japan, que conceptualmente nació a comienzos del siglo XXI, y en 2010 se convirtió en una estrategia gubernamental de marca país, destinada a promover la cultura japonesa como atractiva e innovadora. Cool Japan amplió los horizontes culturales para incluir animación, manga, videojuegos, moda, cine, música, gastronomía, artesanía, diseño, tecnología e inclusive prácticas de la vida cotidiana. Trata el mundo antiguo y el contemporáneo, así como lo manual y los avances tecnológicos más recientes. Con esta estrategia, casi orgánicamente, diversas personas terminan por sentir afinidad con Japón. Les interesa conocer sus marcos de pensamiento y experimentar su cultura. Esto se traduce en relaciones más profundas y por ello, más duraderas, que pueden tener efecto en un impulso al turismo y a la exportación de productos y servicios culturales japoneses.

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Corea del Sur fundó en 1991 la Fundación Corea con el propósito de promover el entendimiento mutuo entre naciones, y esta hace presencia en América Latina por medio de actividades como exposiciones o espectáculos culturales y el e-school, un programa en estudios coreanos en línea liderado por universidades locales. Sin embargo, lo que hoy destaca ampliamente porque se considera un modelo admirable de difusión global, es Hallyu o la Ola Coreana. Surgida a finales del siglo XX con la popularidad de las telenovelas surcoreanas en Asia oriental y suroriental, Hallyu se consolidó tras la crisis financiera asiática de 1997.

En aquel momento, el gobierno implementó políticas para diversificar la economía y fortalecer las industrias creativas. Las exportaciones culturales se vieron como una forma de generar valor económico e influencia internacional, y es así que en la década del 2000, el K-pop se convirtió en un fenómeno internacional que complementó los contenidos televisivos y cinematográficos, y al que se incorporaron comunidades de fanáticos cada vez más globales. Esta expansión contó con el apoyo del gobierno, de empresas creativas o del entretenimiento y de compañías de otros sectores como el automotriz, el tecnológico y la cosmética. La coordinación entre estos diversos actores transformó Hallyu en un instrumento multifacético de poder blando y estrategia económica, combinando atractivo cultural, diplomacia y beneficio comercial.

China, por su parte, ha desarrollado la diplomacia cultural desde los primeros años de la República Popular con instituciones como la Asociación Popular China para la Amistad con Países Extranjeros, fundada en 1954. Sin embargo, su proyección global sistemática emergió con fuerza tras la Guerra Fría y se consolidó a comienzos del siglo XXI con la apertura de los primeros Institutos Confucio en el extranjero, en 2004. Esto marcó el inicio de una estrategia global de promoción principalmente lingüística, aunque también cultural, que rápidamente llegó a América Latina y que venía impulsada por la dinamización e internacionalización de la economía china. Hoy hay más de 40 institutos en la región que operan en universidades locales con el respaldo oficial estatal. Procuran construir una imagen de China como un país en armonía, con tradiciones, dentro de las que diría, sobresalen la danza y la gastronomía, y

también un país altamente desarrollado y tecnológico. Presentan la lengua y la cultura como un puente neutral de entendimiento y oportunidades de aprendizaje y laborales.

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En Colombia

A Colombia, los contenidos que promueve Cool Japan han llegado de forma inadvertida a través de los medios globales y las instituciones educativas locales, y de forma oficial, en la diplomacia cultural. Esto se refiere al desarrollo de exposiciones artísticas, talleres culturales, conferencias o la promoción de la lengua japonesa, dirigidos intencionalmente tanto a niños como jóvenes y adultos, de diversos lugares del país, e incluye el apoyo a bibliotecas e instituciones educativas, con la donación de la construcción de las edificaciones así como de libros. La cultura se integra a la práctica diplomática y la cooperación técnica y para el desarrollo.

No se trata de una cultura que es solo entretenimiento o un fenómeno que en algunos casos es efímero, sino una cultura que promueve una interacción relativamente profunda y sostenida a través de varias generaciones y a largo plazo. Así, el poder blando japonés se concibe como un instrumento que, apoyado en alianzas entre el gobierno japonés e instituciones locales, busca primero generar confianza, y luego, llegar a la comprensión intercultural y a unas relaciones diplomáticas sólidas que sienten las bases de proyectos en otros campos.

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Hallyu tiene gran popularidad entre los jóvenes colombianos que escuchan su música y ven las series de televisión, y a su vez movilizan comunidades en redes sociales. Las empresas aliadas coreanas diseñan sus campañas publicitarias utilizando personajes y narrativas Hallyu. Con frecuencia consideran la participación activa de los fanáticos a través de votaciones, concursos, campañas coordinadas en redes, eventos presenciales, o la producción de contenido derivado que amplificará el mensaje. En este sentido, el llamado fandom no es solo audiencia, sino multiplicadores estratégicos del valor simbólico y económico. En actividades oficiales coreanas, no es raro que los seguidores actúen como colaboradores informales. Esta integración convierte los eventos en espacios híbridos de diplomacia cultural, mercado y participación de los fanáticos. Hallyu actúa como una encarnación del poder blando, que, podría decirse, ha ido consolidando una marca país y ha proyectado su cultura más allá del consumo de contenidos. Surge de la interacción entre estrategias comerciales y gubernamentales, y la articulación con las comunidades de fanáticos.

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En el caso chino, en Colombia resalta el Programa Ejecutivo de Cooperación Cultural 2023-2027, del que destacan los intercambios bilaterales artísticos que incluyen presentaciones de músicos colombianos en festivales internacionales en China, y posibles coproducciones musicales. En sintonía con este programa, en 2025 ambos gobiernos firmaron un memorando de entendimiento para ratificar su voluntad de fortalecer la cooperación cultural y profundizar en la comprensión y la asociación estratégica bilateral. Este acuerdo incluye la dotación de equipos en cinco municipios colombianos para el desarrollo de contenidos digitales y audiovisuales así como la cooperación conjunta para la creación de contenidos sobre arte, cultura y patrimonio de China y Colombia. En la cotidianidad y en alianza con universidades y colegios, destaca la enseñanza de mandarín,

actividades como festivales, exposiciones, presentaciones de danza o teatro, talleres de cocina, y la posibilidad de obtener becas para participar en viajes de estudio.

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Los tres modelos evidencian diversidad y convergencia en cómo la cultura configura las relaciones internacionales. Japón enfatiza el compromiso entre instituciones públicas y privadas a largo plazo y la proyección de su cultura contemporánea, antigua, popular y estilizada. Corea del Sur parte de géneros de la cultura popular para generar conexiones con múltiples participantes. China sitúa la cultura dentro de un marco integral de cooperación internacional. En esta medida, Japón y Corea del Sur han logrado una influencia cultural que puede caracterizarse por ser socialmente autónoma y afectiva. Su poder blando se apoya en industrias culturales globalmente atractivas que se relacionan con las audiencias a través de las emociones.

De formas diferentes, en ambos casos el estado está presente como facilitador y amplificador pero la infraestructura de toda la estrategia no es netamente estatal, como ocurre en el caso de China donde, hasta el momento, la conexión con la audiencia ha sido más utilitaria y aspiracional. Mientras Cool Japan y Hallyu producen la identificación, el deseo de observar, escuchar o comprar, e inclusive el de emular la cultura y querer serle fiel a los personajes o el contenido, el modelo chino, hasta el momento ha producido un conocimiento instrumental.

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De igual manera, es claro que año tras año China está promoviendo más iniciativas con orientación cultural, invirtiendo más recursos y también está empezando a explorar la cultura popular. Por ello, mientras Corea del Sur y Japón mantendrán su fortalecida presencia, muy pronto podría suceder que China los alcance. En los tres casos, para Colombia, estos vínculos representan oportunidades de intercambio cultural recíproco, enriquecimiento del panorama artístico y desarrollo de la industria creativa. En mayor o menor medida, también, la evolución hacia el fortalecimiento de relaciones en otros sectores.

*Betsy Forero Montoya, Ph.D. Profesora asociada, Departamento de Historia del Arte, Facultad de Artes y Humanidades Representante académica y cultural, Centro del Japón, Universidad de los Andes.

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Por Betsy Forero Montoya, Ph.D *

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