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DD.HH., en la agenda de Obama

Los analistas coinciden en que nuestro país tendrá que hacer un viraje hacia lo social.

20 de enero de 2009 – 06:00 p. m.

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Aún es temprano para calcular las repercusiones que tendrá para Colombia la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca. La aprobación del Tratado de Libre Comercio y la lucha contra el narcotráfico constituyen los pilares de la relación binacional, pero según los analistas, estarán condicionados por el nuevo gobierno del presidente Obama a una estricta política de respeto a los derechos humanos por parte de la fuerza pública de Colombia y a replantear que el famoso Plan Colombia tenga una incidencia igualmente positiva en aspectos militares y de inversión social.

El pasado lunes, el presidente Álvaro Uribe hizo un enérgico llamado a las Fuerzas Militares para que vergonzosos episodios como el de los falsos positivos de los 11 jóvenes de Soacha no se repitan, al tiempo que, con la vehemencia que lo caracteriza, manifestó que para garantizar la seguridad las autoridades tienen que ser transparentes en sus actos con la ciudadanía. Un mensaje que a pocas horas de la posesión oficial de Obama fue interpretado como un guiño a las exigencias del nuevo mandatario de los Estados Unidos.

Ya la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, anunció que habría que revisar el Plan Colombia, ya que el costo de mantener esta política parece no justificar los resultados, en especial en materia de disminución de cultivos ilícitos. Según la oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en 2006 Colombia produjo 610 toneladas de droga. Un año después, la cifra fue de 600 toneladas. Son precisamente este tipo de estudios los que siembran dudas en el seno del Congreso Demócrata, que hoy es mayoría en el legislativo de ese país.

“El Plan Colombia es importante, pero esencialmente militar. Si no se le agrega inversión social, deslegitimará la lucha que ha tenido en el país”, conceptuó el ex presidente Ernesto Samper, quien recalcó que por muy poco interés que pueda tener el nuevo gobierno de Obama en Colombia, la problemática de nuestro país desde hace rato, para bien o para mal, hace parte de la política interior norteamericana. De ahí que, bajo el viraje demócrata, asuntos como el acceso a la justicia, impunidad en masacres o asesinatos de sindicalistas, entre otros, adquieran una importancia mayúscula para que Estados Unidos siga siendo un aliado incondicional del país.

El ex canciller Augusto Ramírez Ocampo no cree que haya cambios específicos en el Plan Colombia, aunque sí señaló que es posible que se reorienten algunos fondos precisamente para garantizar los derechos humanos en Colombia. “Los sindicalistas tienen mucha fuerza en Estados Unidos, ellos entregaron una suma considerable de dinero para financiar la campaña de Obama y por eso en el caso colombiano van a ser muy exigentes”, comentó el senador Juan Manuel Galán.

La parlamentaria Cecilia López anticipó que de cualquier manera no van a ser fáciles las relaciones entre Colombia y Estados Unidos en el caso de que el presidente Uribe formalice su intención de aspirar por segunda vez a la reelección presidencial. “Podrían asimilarlo a la situación que hoy vive Venezuela”, añadió desde Estados Unidos, y explicó que aun cuando Colombia no está en las prioridades del gobierno Obama, sus asesores sí vigilarán el respeto de los derechos humanos. El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, informó que la Fiscalía adelanta 716 procesos en contra de uniformados por presuntos falsos positivos, una cifra que causa escalofrío entre los demócratas y que seguramente será objeto de seguimiento.

Por su parte, el general en retiro Fernando Tapias se aventuró a pronosticar que es posible que desde Estados Unidos exijan una reorientación de los programas de erradicación de cultivos ilícitos y apoyo a los desmovilizados. Y reiteró que Obama no va a darle la espalda a Colombia, porque durante años el país se ha convertido en el mejor aliado de Norteamérica en la región.

El ex viceministro de Justicia Rafael Nieto señaló que aún es prematuro predecir nuestro futuro con Obama. “Todo son incógnitas”, dice, pero aclara que hay que tener en cuenta “que Uribe es un hombre muy carismático y es muy difícil resistirse a sus encantos”.

Más allá de las especulaciones, la esperanza que representa Obama está enquistada en el 76% de desaprobación en que terminó el gobierno de su antecesor George W. Bush y por ello los analistas insisten en que el recién posesionado mandatario de los Estados Unidos no hará milagros, pero sí grandes cambios .

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