Colombia, vulnerable por el sismo de magnitud 7,4, necesita solidaridad internacional, y una de las primeras movidas del presidente Abelardo De la Espriella dejó al país expuesto a las críticas de varios. Los reparos se escucharon desde La Liga Árabe, Egipto, Arabia Saudita, Turquía y Siria, luego de que se conociera que, por decisión del nuevo gobierno, el Estado colombiano reconoce la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, un territorio sirio que está bajo ocupación. Los reparos también se escucharon desde dentro del territorio nacional, donde algunos temen ante un posible aislamiento internacional, en un momento en el que sigue la condena al genocidio contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza y Oriente Medio continúa en vilo por la guerra entre Estados Unidos e Irán.
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“Ese no puede ser el camino”, escribió la senadora Jennifer Pedraza en la red social X: “La estrategia de De la Espriella parece ser aislarnos del mundo por someterse a Netanyahu y Trump”. Juan Fernando Cristo, por su parte, mencionó que “es una provocación absurda e innecesaria, que viola en forma flagrante el derecho internacional y las resoluciones de la ONU desde 1967”. Eso, según dijo, “nos deja en una posición solitaria en el Consejo de Seguridad y con el rechazo del mundo árabe”. En contraposición, desde Israel llamaron amigos a De la Espriella y a su canciller, Omar Bula Escobar, y se le escuchó al primer ministro Benjamin Netanyahu decir: “El pueblo está con el Golán, el pueblo está con Colombia”.
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Esa decisión puede ser chocante, pero no sorprendente, al menos no lo es para el filósofo y politólogo Carlos Ramírez. Él, que también es profesor del Departamento de Ciencia Política y Estudios Globales de la Universidad de los Andes, recuerda que la anexión del territorio sirio es contraria al derecho internacional y ocurre a la par de la condena a los asentamientos judíos. La justificación usada a inicios de la semana por la administración colombiana, además, se apega a la que utilizó el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su primer gobierno, cuando reconoció la soberanía israelí en los Altos del Golán: la seguridad y la defensa israelí. A su parecer, “no introduce nada nuevo. Sencillamente, reproduce mecánicamente el libreto justificatorio de la anexión”.
Eso no solo implica un distanciamiento de las instituciones multilaterales, de acuerdo con lo dicho por el académico, sino también el apego a un mensaje que indica que “no nos atendremos a reglas de organismos si eso va en contra de nuestra concepción de la seguridad y de nuestro alineamiento ideológico con la agenda, impulsada por Trump, del sionismo cristiano”. Entonces, la “securitización de la política exterior y el desconocimiento de reglas e instituciones que limiten la protección de ‘Occidente’ van de la mano”. Es, en el fondo, un gesto de fidelidad a esa premisa.
En entrevista con El Espectador, el canciller Bula Escobar, un mes antes de la posesión del nuevo gobierno, lo explicó así: además de asegurar que Israel ha sido un socio estratégico, de ahí el argumento de recuperar la relación bilateral, “se trata de volver a la coherencia, efectivamente, y al sentido común, al valor de la familia, al valor del libre mercado, al valor de la razón. Es todo lo que viene de Occidente y que estamos dejando atrás”. En medio de ello, agregó que la denuncia contra Israel por genocidio, presentada por Sudáfrica y acompañada por Colombia, sobre la cual el nuevo mandatario dijo que iba a retirar al país, agregó: “Hay dos batallas, siempre, y más en todo lo que vamos a vivir: la batalla real sobre el terreno y la batalla de los medios. A veces son dos verdades diferentes, dos versiones diferentes. La gente debe pensar en eso”.
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Ramírez cree que el Gobierno colombiano está usando el mismo argumento para reconocer la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán y descalificar el genocidio en Gaza, bajo la justificación de que se trata de un acto de legítima defensa, yendo incluso en contra de las normativas de las Naciones Unidas: “No casualmente, la declaración de la Cancillería menciona el 7 de octubre de 2023”, cuando Hamás llevó a cabo un mortal ataque contra Israel, que dejó cerca de 1.200 muertos. Eso, en palabras suyas, “señala que la política exterior colombiana, y también la de seguridad del nuevo gobierno, no se regirá por normativas internacionales sobre el respeto a los derechos humanos”. Ya ha mostrado desprecio sobre la ONU, la OEA y el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.
Para Nadia Silhi Chahin, académica del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Chile, eso no solo implica un retroceso, sino también que el país está reconociendo la adquisición de territorio por medio de la fuerza, algo que es ilegal tanto en el caso de los Altos del Golán como en el de las tierras palestinas, donde ya se han aprobado nuevos asentamientos israelíes en Cisjordania: “Colombia debería estar haciendo todo lo contrario, e iba en la dirección correcta. Ahora se está equivocando. Bajo el derecho internacional, los Estados tienen la obligación de poner todo de su parte para poner fin a la ilegalidad”. Ella sabe que a nivel procesal no hay una afectación real a que Colombia se aparte de la demanda por genocidio presentada ante la Corte Internacional de Justicia, pero enfatiza en que los Estados también tienen obligaciones con respecto a ese crimen y, sobre todo, a ponerle fin.
A la par, se sabe que De la Espriella tiene previsto cerrar las embajadas en 14 países: Nicaragua y Cuba, pues “no habrá vínculo alguno con tiranías en mi Gobierno”, pero también Argelia, Azerbaiyán, Ghana, Hungría, Malasia y Sudáfrica. Esas últimas, bajo el argumento de tener mayor austeridad en el uso de los recursos públicos. Entretanto, en sus primeros días de administración, se ha encargado de estrechar sus lazos con Estados Unidos e Israel, con el anuncio de operaciones conjuntas con Washington contra el narcotráfico y, además, con el interés que ha mostrado en mover la representación diplomática a Jerusalén.
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