Finalmente parece haberse despejado un primer acuerdo entre Estados Unidos e Irán, que podría poner fin a la guerra en la cual se encuentran los dos países desde finales de febrero del presente año. De entrada, hay varias consideraciones que hemos de efectuar.
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La importancia del acuerdo preliminar
Que se haya decidido llegar a un acuerdo para algunas medidas importantes e inmediatas, y para negociar un eventual acuerdo final, indica que los dos gobiernos han concluido que la guerra no podía ser el único mecanismo para solucionar sus desacuerdos. En las llamadas “guerras asimétricas”, el potencial militar de un país, por inmenso que sea, no implica necesariamente superioridad sobre el terreno, como lo demuestran los estancamientos de EE. UU. en Vietnam, de Francia en Indochina y Argelia, o Rusia en Afganistán, así como el muy anterior de Inglaterra en India y Kenia.
El mecanismo utilizado ha sido negociar una especie de acuerdo marco general, llamado “Memorándum de Entendimiento” (Memorandum of Understanding), que no tiene carácter obligatorio mas allá de la voluntad de las partes, pero que puede servir como paraguas para cobijar otros acuerdos posteriores. Además, esos memorándums, normalmente, no requieren ratificación de los Congresos, lo que los hace muy agiles.
El cese de hostilidades
Además de un acuerdo inicial (asunto importante), se pacta “el cese inmediato y permanente de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano”. Existe aquí un problema pendiente, porque es posible que Israel, que no es parte de este acuerdo, y por ello no está formalmente obligado por él, asuma que el asunto de Hezbolá sigue estando abierto.
La posición de Irán es diferente. Es de preverse un obstáculo temporal importante para la aplicación de algunos de los términos del memorándum. Habrá seguramente presiones muy fuertes de EE. UU. hacia Israel a este respecto. Ya se han visto, por primera vez desde el inicio de la guerra en Gaza, algunas diferencias entre los gobiernos de Trump y Netanyahu.
Otros temas importantes
Otro punto para Irán es sin duda la obligación de “respeto por la soberanía y la integridad territorial del otro país”, sobre todo si se piensa en que el cambio de régimen y eventualmente la escisión de Irán parecen haber sido contemplados en EE. UU. al inicio de la guerra. Paradójicamente, EE. UU. puede haber logrado un cambio de régimen, pero no como quería: quienes tienen el poder real ahora son los llamados Guardianes de la Revolución, grupo mas radical que el clero chiita.
Otro tema muy importante es la liberación del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz: se establece como una obligación para los dos países. Mediante el levantamiento del bloqueo por parte de EE. UU. en el golfo de Omán, y el desbloqueo de obstáculos y minas por parte de Irán.
Otros dos puntos a favor de Irán son el levantamiento de sanciones al comercio de petróleo y derivados, y todos los servicios relacionados (bancarios, seguros, transportes). También, el desbloqueo de los fondos congelados de Irán en EE. UU.
Finalmente, en 60 días prorrogables por muto acuerdo, se debe planificar la disposición de fondos hasta por 300 mil millones de dólares para el proceso de desarrollo de Irán (no se habla de “reconstrucción”).
¿Hay algún ganador en el acuerdo?
Hasta ahí, Irán podría ser considerado como un ganador en varios frentes: el levantamiento de las sanciones, el desbloqueo a su petróleo, haber podido demostrar que puede bloquear el estrecho de Ormuz, con consecuencias letales para la economía mundial, y el mantener de momento sin cambios su posible statu quo en lo nuclear.
Pero también existen puntos en su contra: las afectaciones a su infraestructura y capacidad productiva en el corto plazo, la disminución radical de su fuerza aérea, la reducción de su capacidad misilística, aunque logró que el tema no se toque en las conversaciones del futuro próximo. Y probablemente volverá en el futuro el monitoreo por parte de la Organización Internacional de Energía Atómica.
Los temas pendientes inmediatos
Van de la mano algunos logros de uno u otro país firmante, como el hecho de que serán simultáneos el restablecimiento del tráfico marítimo y el desbloqueo del estrecho, conjuntamente con el levantamiento de las sanciones y el desembargo de los fondos.
EE. UU. no ha logrado los objetivos que se planteó en el comienzo de la guerra, pero puede haber disminuido la capacidad bélica iraní. Es muy pronto para evaluar si ha existido daño importante a las relaciones con los países árabes, no solo por esta guerra sino por los acontecimientos de Gaza.
Por otra parte, la economía estadounidense parece haberse resentido por los muy elevados costos de la guerra asimétrica, que ha agotado buena parte de la reserva estratégica de misiles y material de guerra, así como una buena porción de la reserva estratégica de petróleo.
Para Irán, este acuerdo es un respiro y la aceptación explícita de su carácter de actor regional fundamental frente a la mayor potencia del mundo. Para EE. UU. es un triunfo solo parcial. Por ahora, ha evitado otro Afganistán, o las trampas de la vieja guerra de Irak de 2003 (porque la de los noventa fue un triunfo claro). El fantasma de Ucrania también hacía una danza de fondo en el caso iraní, aunque con actores diferentes.
Falta por precisarse cuál será el futuro de las negociaciones previstas para un acuerdo final. Donald Trump podrá ahora concentrarse en otras áreas del mundo con la esperanza de haber podido evitar una guerra prolongada y una crisis económica, en medio de las ya próximas elecciones de midterm.
Finalmente, otro punto para Irán y para la comunidad internacional. Como se dispone que el acuerdo final que se pacte debe ser aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU, se refuerza el multilateralismo y el rol de Naciones Unidas en los temas de la paz y la guerra a nivel internacional.
*Máster en Estudios de Asia y África. Ph. D. en Relaciones Internacionales. Exviceministro de Relaciones Exteriores.
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