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Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el brote de coronavirus como pandemia, la organización de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR) lanzó una advertencia: COVID-19 y refugiados sería una trágica combinación. El virus acaba de llegar a Kutupalong, uno de los campamentos de refugiados más grande del mundo ubicado en Bangladesh.
En el mundo son más de 70 millones de personas las que se han visto obligadas a huir de sus hogares a causa de la violencia y las guerras. La población refugiada y desplazada es especialmente vulnerable frente al coronavirus,advertía ACNUR y en este campo de refugiados uicado en el distrito sureño de Cox’s Bazar en Bangladesh, se teme lo peor.
Bangladesh informó que detectó esta semana el primer caso positivo por coronavirus en Kutupalong. uno de los densamente poblados campamentos de refugiados rohinyá del sureste del país (70.000 personas); en Bangladesh viven en campos de refugiados aproximadamente 738.000 miembros de esta minoría musulmana que huyeron de la violencia en la vecina Birmania (Myanmar) en agosto de 2017.
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«Hoy hemos detectado dos casos (de coronavirus) en la zona del campamento de refugiados. Uno de ellos es un refugiado de unos treinta años de edad, estamos intentando confirmar la identidad de la otra persona», dijo a Efe Mahbubur Rahman, el jefe de salud del distrito sureño de Cox’s Bazar, donde se encuentran los campamentos.
Rahman afirmó que las autoridades han tomado medidas para luchar contra una posible escalada de la COVID-19 entre la población rohinyá. «Hemos preparado doscientas camas de aislamiento para los refugiados, entre otras medidas. Vamos a enviar al rohinyá infectado a un centro de aislamiento en el campamento», dijo.
«El virus ya entró al campo de refugiados y estamos viendo la posibilidad muy real de que miles de personas puedan morir por COVID-19», dijo Shamim Jahan, director de salud de Save the Children en el país asiático.
La oficina del Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR) en el país, citando a fuentes oficiales bangladesíes, precisó por su parte que la segunda persona infectada es un miembro de la comunidad local, residente en la zona del campamento.
Louise Donovan, la portavoz de ACNUR en Cox’s Bazar, explicó a Efe que ambas personas fueron diagnosticadas al presentarse con síntomas en uno de los centros sanitarios del campamento.
Varios equipos de respuesta rápida han comenzado a trazar los contactos de los dos afectados, en un área densamente poblada donde precauciones como mantener la distancia social son una quimera, con familias numerosas que viven en chozas o tiendas de campaña.
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«Estamos siguiendo los procedimientos marcados para responder a casos sospechosos y confirmados de la COVID-19 en la comunidad local y entre los refugiados de Cox’s Bazar», dijo a Efe.
Pero en el campamento de refugiados más grande del mundo es muy difícil seguir las recomendaciones para evitar el contagio. Según relatan refugiados a ACNUR, en las pequeñas carpas instaladas viven hacinadas dos o tres familias y adicionalmente no hay ni baños ni agua suficiente para bañarse las manos con frecuencia.
El éxodo masivo de 738.000 miembros de la minoría musulmana comenzó en agosto de 2017, cuando el Ejército de Birmania, un país de mayoría budista que no reconoce su ciudadanía, lanzó un desproporcionado operativo como respuesta a varios ataques de una guerrilla rohinyá.
La ofensiva fue calificada por la ONU de «limpieza étnica de manual» con «indicios de genocidio».
Bangladesh declaró la emergencia por el avance del coronavirus el pasado marzo, y por el momento ha detectado 18.863 casos positivos y 283 muertes, mientras que el confinamiento en el país ha sido extendido hasta el 30 de mayo.
La situación es grave, pues desde Myanmar siguen saliendo embarcaciones con rohinyas que pretenden llegar a alguno de los campamentos de refugiados de Bangladesh o de Malasia.