13 Dec 2015 - 2:00 a. m.

El efecto de los atentados en París

Tras los ataques más sangrientos de su historia reciente, Francia celebra hoy elecciones regionales. El ultraderechista Frente Nacional aspira a ser una alternativa en las presidenciales de 2017, tras su victoria del 6 de diciembre.

Ricardo Abdahllah, PARÍS

La gente recuerda la escena que vio una y otra vez en la televisión el 5 de mayo del 2002: al salir del cubículo de votación, izquierdistas y ecologistas de todas las tendencias se tapaban la nariz o se llevaban los dedos a la boca para indicar la náusea que les provocaba haber tenido que votar por el derechista Jacques Chirac sólo para evitar que Jean-Marie Le Pen llegara a la presidencia.

Algo muy similar pasará en las elecciones de los consejos regionales franceses hoy, la diferencia es que en el 2002 nadie esperaba que Le Pen sobrepasara al candidato socialista Lionel Jospin y pasara a la segunda vuelta, mientras que hoy el ascenso del Frente Nacional (FN) ya no sorprende a nadie. En la primera vuelta de los comicios, celebrada hace una semana, el partido de extrema derecha obtuvo las más altas votaciones en seis de las trece regiones que conforman el país.

Según las encuestas, el partido de la familia Le Pen tiene serias posibilidades de quedarse con la mayoría de las curules en tres de ellas. Como esa mayoría implica automáticamente la presidencia regional, es posible que luego del escrutinio Marine Le Pen resulte al frente de la tradicionalmente izquierdista región de Norte-Paso de Calais y su sobrina Marion Maréchal Le Pen, de apenas 26, se alce con la presidencia de la rica Provenza-Alpes-Costa Azul. El tercer frentista con opciones reales es Florian Philippot, quien luego de la expulsión del patriarca Jean-Marie Le Pen es el segundo al mando y quien espera que su formación se quede con el consejo de la región Gran Este.

Como consecuencia del “síndrome del 21 de abril”, como suele llamarse a las elecciones que enfrentaron a Chirac contra Le Pen, los electores franceses de izquierda e incluso de derecha moderada prefieren entregar su voto, aún contra sus convicciones, al candidato que más opción tenga para derrotar al FN. Con frecuencia, la izquierda ha dado incluso la consigna a sus candidatos de renunciar para hacer más efectivo ese bloqueo. El analista de tendencias políticas Jean-Daniel Levy señala que es gracias a ese sistema que el FN no ha sido capaz de quedarse con ninguno de los 21 cantones departamentales en los que punteó en la primera vuelta de las anteriores elecciones, a pesar de que ha obtenido doce alcaldías.

Una o varias regiones obtenidas por el FN este domingo representarían que el mecanismo no basta para detener a la formación extremista y que estaría en capacidad de ganar unas elecciones presidenciales.

Para evitarlo, tanto la dirección del Partido Socialista como el primer ministro, Manuel Valls, dieron la orden a sus candidatos de retirarse en las regiones que consideran “perdidas”. La justificación oficial es que es preferible renunciar por completo a tener representación en dichas regiones durante los próximos seis años que correr el riesgo de ver consolidarse la “ola azul marina” en las últimas elecciones antes de las presidenciales del 2017. Uno de los cabezas de lista afectados, Jean-Pierre Masseret, que debe enfrentarse a Philippot en el Este, decidió desacatar la consigna y tomar el riesgo. Como castigo, el partido le retiró su apoyo y podría ser expulsado de sus filas.

La situación en las otras dos regiones es imprevisible. Aunque con la renuncia de los candidatos de izquierda, la situación de Le Pen se complica (pues tendrán a todas las fuerzas políticas unidas en su contra), Jérôme Fourquet, del instituto de encuestas IFOP, señala que “hay que tener en cuenta que con el mecanismo de repartición de las curules, un tercio de los votos puede bastar para quedarse con la región”.

Para Jean-Daniel Levy, el mayor peligro “es creer que todos los abstencionistas de la primera vuelta son personas preocupadas por el avance del Frente Nacional que ahora van a votar para bloquearlo. El Frente Nacional tiene importantes reservas de votos entre los abstencionistas y en las últimas elecciones regionales cerca de la tercera parte de los abstencionistas de la primera vuelta votaron por el FN en la segunda”. Lo mismo opina el catedrático Rémi Lefebvre: “las reservas existen también para ellos. Y muchos electores del FN que no salieron a votar hace una semana, lo harán este domingo. Marine Le Pen tiene dos tercios de posibilidades de quedarse con la región Norte”.

Para Jean-Yves Camus, especialista de los movimientos de extrema derecha y columnista de Charlie Hebdo, “se ha insistido demasiado en que mucha gente que vota en la primera vuelta por el FN lo hace para protestar contra el Gobierno y en la segunda por otro candidato, pero eso ya no es válido. Cada día son más y más las personas que votan por el FN para que gane, porque quieren que gane y porque simpatizan de corazón con sus ideas”.

Más allá del poder real que los miembros del FN puedan ejercer a nivel de los consejos regionales, que no manejan temas relacionados con seguridad o inmigración, a sus opositores, empezando por el Gobierno, les preocupa que las eventuales victorias les servirían como tribuna de sus aspiraciones nacionales. Y el hecho de que las Le Pen abandonaran a sus electores del norte y el sur para cerrar su campaña con un “mitin nacional” en París, donde su partido obtuvo las votaciones más bajas de toda Francia, lo confirma.

“No estoy interesada en ocultarlo: gane o pierda el domingo seré candidata a la presidencia”, afirmó Marine Le Pen. Dijo que durante su eventual mandato en Norte-Paso de Calais se dedicará cada día a “podrirle la vida al Gobierno” y que suspenderá todas las subvenciones regionales a las asociaciones humanitarias que ayuden a los inmigrantes y refugiados, que son numerosas en esa región por ser la zona de paso hacia Inglaterra. Por su parte, Marion Maréchal Le Pen anunció que cortará los subsidios regionales a las organizaciones de planificación familiar.

Domingo 13

Las ceremonias de la COP21 y el interés por los temas de medio ambiente no fueron suficientes para frenar el descenso del Partido Verde, que al igual que el Frente de Izquierda sólo tendrá representación en los consejos regionales gracias a la fusión con las listas de los socialistas en las regiones en las que cada voto cuenta para frenar al Frente Nacional. Los operativos de seguridad y los problemas de circulación que implica la clausura de la COP21 llevarán con seguridad a un aumento de la abstención en la Región Parisina, donde la izquierda lucha por conservar una segunda región (además de Bretaña) que parece capturada.

A un mes exacto de los atentados contra París, los expertos coinciden en que si bien es posible que el clima de inseguridad haya acentuado las tendencias de voto, no puede hablarse de una influencia significativa en las preferencias de los electores ni en los resultados generales de las mismas. Marine Le Pen jugó la carta de la prudencia, insistiendo en los ejes tradicionales del Frente Nacional, entre ellos la inmigración y el euroescepticismo sin explotar en demasía los atentados.

Tampoco el aumento de la popularidad de Hollande y su primer ministro, Manuel Valls, que puede atribuirse a su gestión de mano dura después de los ataques, se vio reflejado en los votos por el Partido Socialista en la primera vuelta y con seguridad no lo será en la segunda.

Por el contrario, al mantener la prohibición de las manifestaciones y marchas en la vía pública, el Gobierno pudo haberse privado de una herramienta crucial para darle la vuelta al desastre del pasado domingo: en el 2002, entre las dos vueltas, millones de personas salieron a la calle en decenas de marchas en las principales ciudades para manifestar su rechazo a una posible victoria del Frente Nacional. Esta vez nadie lo hizo: el Estado de Urgencia lo impidió exitosamente.

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