Pasaron solo tres días desde que Abelardo de la Espriella asumió como presidente de Colombia, en medio también del devastador temblor, para conocer una decisión que rompió no solo con la tradicional posición del país en el escenario global, sino también con el respeto al derecho internacional. El reconocimiento de la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, un territorio bajo ocupación israelí que Siria reclama como propio, antes solo lo había hecho Estados Unidos. Colombia se acaba de sumar, y con ello terminó con un consenso mundial y abrió un capítulo de tensiones diplomáticas con los países árabes. En una muestra de alineación con la política de Donald Trump, esto puede ser perjudicial para el Estado colombiano, que cae en el riesgo de convertirse en un país paria.
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Poco tiempo pasó desde que ocurrió el temblor de magnitud 7,4, que dejó a ciudades como Quibdó, Cali, Pereira y Manizales devastadas, y cientos de fallecidos, cuando se conoció, a través de un comunicado, que la Cancillería colombiana justificó su decisión sobre los Altos del Golán con el argumento de “la inestabilidad regional en Oriente Medio” y la “seguridad de Israel”, pues esa zona “constituye un componente esencial de su defensa nacional”. Los agradecimientos llegaron desde el canciller Gideon Sa’ar, quien llamó amigos a su homólogo Omar Bula Escobar y a De la Espriella, así como desde el primer ministro Benjamin Netanyahu: “Que el presidente Trump reconociera nuestra soberanía aquí fue el primer gran paso importante. Hoy el segundo (...) es desde Colombia. El pueblo está con el Golán, el pueblo está con Colombia”.
Esto es un mensaje claro de De la Espriella al mandatario republicano, dijo Enrique Prieto-Ríos, profesor de Derecho Internacional en la Universidad del Rosario: “En lo político, es una alineación total con los intereses de la doctrina Donroe”. En lo jurídico, choca con la postura de las Naciones Unidas acerca de que los Altos del Golán están bajo ocupación y con el hecho de que Colombia, históricamente, ha condenado el uso de la fuerza para la apropiación de territorios. Esta postura, adoptada en un momento crítico de coyuntura nacional, y que le ha costado al Gobierno varios reparos, como los que se escucharon el lunes en voz de Claudia López y María José Pizarro, dificulta que el país siga teniendo una voz legítima de interlocución con otros actores sobre temas relacionados con la resolución pacífica de conflictos y los procesos de paz. Se está perdiendo ese espacio frente a Oriente Medio.
Lo que se está viendo, entonces, es la ruptura del apego que el país ha tenido tradicionalmente al derecho internacional, al respeto a las decisiones de los organismos internacionales y a su vocación hacia el multilateralismo. “Es un error”, en palabras de Eduardo Pastrana Buelvas, profesor del Departamento de Relaciones Internacionales en la Universidad Javeriana: “Esto no solo viola la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, sino que, al no ser una potencia, nos estamos poniendo en una posición muy vulnerable. No tendremos autoridad jurídica ni moral para pedir apoyo a la comunidad internacional si en un futuro una fuerza regional o extrarregional se apropia del territorio colombiano en algún lugar de su geografía”. No hay que olvidar que Colombia ha tenido que defender su soberanía en instancias internacionales, como lo hizo ante la Corte Internacional de Justicia, frente a Nicaragua, por la soberanía en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y los límites marítimos.
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Pero no solo eso: también se están poniendo en riesgo las relaciones con otros Estados. De hecho, la Liga Árabe rechazó el reconocimiento de la nueva administración colombiana sobre la soberanía israelí en los Altos del Golán y afirmó que esa zona “seguirá siendo territorio sirio ocupado”. A la par, consideró que el estatus jurídico de esa región “está firmemente establecido como para verse afectado por cambios de gobierno u orientaciones políticas”. Pidió, entonces, que De la Espriella “se retracte de esa declaración y rectifique su postura”, de conformidad con las resoluciones internacionales y de las Naciones Unidas. Egipto y Arabia Saudita también condenaron la medida tomada por el nuevo Ejecutivo.
Esto no ocurre en el vacío. El De la Espriella que está orientando de esta manera la política exterior colombiana es el mismo que en campaña dijo que sacaría al país de la ONU y de la Organización de Estados Americanos (OEA), así como del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, aunque se encuentra de frente con un andamiaje institucional (la Constitución y el Acuerdo de Paz) que le dificulta llevar a cabo esas acciones. Todo eso deja al país en una posición compleja frente a un mundo cada vez más globalizado.
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