En pocas horas vence el ultimátum que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le dio a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz antes del martes en la noche. De lo contrario, amenazó con atacar la infraestructura civil iraní, algo que podría acarrear crímenes de guerra. Entretanto, desde la Casa Blanca, el mandatario republicano reiteró que los bombardeos seguirán porque “no quieren rendirse. Si no lo hacen, no tendrán puentes, no tendrán centrales eléctricas, no tendrán nada”. Israel, además, emprendió una ofensiva contra una planta petroquímica clave en el yacimiento de gas natural de South Pars y los mediadores buscan lograr que Washington y Teherán pacten un alto al fuego. Este, que no es el único plazo que ha dado Trump en más de un mes de guerra, tiene en vilo al mundo, sobre todo porque cerca del 20 % del petróleo circula por el paso marítimo estratégico que hoy está en el centro de las disputas.
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En un principio, el lunes fue el plazo dado por Trump para reabrir el estrecho, y así lo hizo saber a través de sus redes sociales el fin de semana. Sin embargo, desde el 21 de marzo se le ha escuchado decir que Irán tiene 48 horas para ello. Él no explicó por qué decidió alargar el más reciente ultimátum para el martes a las 8:00 p. m., hora del este, pero en estas cinco semanas de guerra eso se ha convertido en algo usual. El problema es que, a la par del cambio en su discurso, el conflicto bélico está alcanzando un punto crítico. El magnate ha asegurado que la guerra está terminada, pero también ha dicho que seguirá por otras semanas más. Ha afirmado que Irán está “devastado”, pero también que seguirán los ataques. Y, a medida que reitera su molestia con el Gobierno iraní, ha enfatizado que Teherán va a “pagar un alto precio” y que “puede ser eliminado en una sola noche, y eso podría ser mañana [martes]”.
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La situación es compleja porque “Irán no puede reabrir el estrecho de Ormuz sin que se perciba como capitulación y Estados Unidos no puede aceptar menos que su reapertura completa sin que Trump pierda su imagen de negociador implacable”, aseguró Dorian Kantor, director de Kantor Consulting, una consultoría de seguridad con sede en Alemania y Colombia: “A medida que la retórica de aniquilación reemplaza a la del cálculo estratégico, el espacio para el compromiso no solo se estrecha, se va volviendo políticamente inhabitable para ambas partes”. Eso lo muestra el hecho de que las conversaciones parecen estar estancadas. Aunque Pakistán, Egipto y Turquía quieren un alto al fuego, y que a eso le sigan negociaciones que lleven a un acuerdo de paz más completo, Irán mencionó que quiere el fin de la guerra, no el cese de las hostilidades, además de que enfatizó en su promesa de llevar a cabo represalias “más devastadoras” si Trump cumple con la amenaza de destruir puentes y centrales eléctricas iraníes.
“Estamos ante dos partes que no solo desconfían, sino que han hecho de esa desconfianza un activo político interno”, mencionó Janiel Melamed, Ph. D. en seguridad internacional: “El problema no es la ausencia de incentivos para negociar, sino la ausencia de un mediador creíble y de un momento político propicio”. Sobre el ultimátum de Trump, él, que también es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad del Norte, comentó que el presidente “quedaría muy mal con su propia audiencia si sale a amagar nuevamente y a dar otro plazo amenazador. Eso reforzaría la idea de que la guerra entró en un limbo operacional de desgaste y avance lento”. A su parecer, la disuasión solo funciona si la otra parte entiende los costos de desatender la amenaza.
En medio de ello, Trump aseguró que no está preocupado ante la posibilidad de que Estados Unidos cometa crímenes de guerra si ataca plantas energéticas iraníes: “Crimen de guerra es permitir a un país enfermo, con líderes dementes, poseer un arma nuclear”. Aunque ni Washington ni Teherán tienen realmente un interés estratégico en una guerra total, la preocupación está puesta sobre la pregunta que lleva rondando en el debate desde hace tiempo: ¿habrá despliegue de tropas terrestres en Irán?
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Melamed cree que eso es algo posible y representaría una “escalada mayúscula en las hostilidades”. Pat Fallon, republicano de la Cámara de Representantes, espera que el mandatario las despliegue y sugirió que eso es algo inevitable. “Simplemente, no veo otra manera”, aseveró este exoficial de la Fuerza Aérea en una entrevista en el programa “Mornings with Maria” de Fox Business Network: “Personalmente, creo que habrá tropas terrestres —al menos fuerzas especiales estadounidenses— con el apoyo de aliados en la región y cobertura aérea. Tenemos que cambiar la táctica del gobierno de Teherán. No podremos irnos hasta que el trabajo esté hecho”.
Irán presentó una propuesta de diez puntos sobre la cual el jefe de la Casa Blanca comentó que “no es suficiente, pero es un paso muy importante”, a la par de que se conoció que Washington desestimó una propuesta de mediadores para un alto al fuego de 45 días. Con el tiempo en contra, la región de Oriente Medio sigue bajo asedio: no solo se trata del anuncio de Israel sobre el ataque contra un importante complejo petroquímico iraní, sino que también se reportó el asesinato de Majid Khademi, jefe de inteligencia del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, una ofensiva contra la Universidad Tecnológica Sharif de Teherán, la principal institución iraní de ciencia, ingeniería y matemáticas, sujeta a sanciones por sus vínculos con el Ejército y las agencias que desarrollan sistemas de armamento, y operaciones de represalia contra Israel y países como Kuwait, Baréin y Emiratos Árabes Unidos. Como dijo Melamed, “el martes no será un día cualquiera en la geopolítica del Golfo Pérsico”.
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