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El vaivén de un nuevo acuerdo nuclear con Irán

Lo que en 2015 se firmó como una solución para contener el programa nuclear iraní hoy está al borde del colapso. Las cláusulas claves del acuerdo expiran en octubre de 2025 y la posibilidad de repararlo sigue atrapada en el vaivén de discursos.

Redacción Mundo

14 de julio de 2025 - 07:58 p. m.
Irán indicó que no descarta una reunión con Estados Unidos para conversar sobre su programa nuclear.
Foto: EFE - HAMID FOROOTAN / IRANIAN FOREIGN MINISTRY / HANDOUT
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Irán indicó este lunes que no descarta una reunión con Estados Unidos para conversar sobre su programa nuclear, pero precisó que aún no se ha fijado “ninguna fecha”.

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“Por el momento, no se han fijado fecha, hora o lugar precisos para una reunión”, declaró el portavoz de la cancillería iraní Esmail Baqai, cuando los periodistas le preguntaron sobre un posible encuentro entre Abás Araqchi, ministro de Relaciones exteriores, y Steve Witkoff, enviado especial estadounidense.

El décimo aniversario del acuerdo nuclear con Irán, formalmente conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), no iba a ser fácil, pero nadie imaginó que sería tan difícil. Quienes firmaron el documento aquel 14 de julio de 2015, hace 10 años, sabían que el tiempo corría y que antes de que llegara 2025 debían culminar una renegociación sobre el documento original que les permitiera continuar con el objetivo central: contener la posibilidad de que Teherán tuviera armas nucleares.

El JCPOA no fue un acuerdo perfecto, como reconocieron todas las partes involucradas en su negociación, pero con él se lograron restricciones sobre las centrifugadoras avanzadas en Irán, límites de almacenamiento de uranio enriquecido, inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y mecanismos del Consejo de Seguridad de la ONU para restaurar sanciones contra Teherán. Pero todas estas concesiones tenían una fecha de expiración: octubre de 2025, dentro de tres meses.

Esto quiere decir que el acuerdo dejará de tener dientes reales: no habrá herramientas efectivas para castigar a Irán, que en la práctica podría expandir su programa nuclear de forma legal sin violar el acuerdo, lo cual no era conveniente para sus rivales. De ahí la necesidad de renegociar en estos 10 años. En 2015 muchos pensaron que una década era tiempo suficiente para construir un tratado más sólido. Sin embargo, nadie contaba con que Donald Trump se convertiría en presidente en 2016 y que en mayo de 2018, 28 meses después de la firma, se retirara del acuerdo. ¿Por qué? Según el republicano, el acuerdo debió haber permitido a inspectores internacionales tener mayor acceso a los sitios militares iraníes. “Este fue un acuerdo terrible y unilateral que jamás debió haberse cerrado”, dijo al sentenciar el retiro de Estados Unidos.

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Hasta ese momento no hubo violaciones técnicas del pacto por parte de Irán. La OIEA verificó repetidamente que Teherán estaba cumpliendo con sus compromisos, así que el quiebre no tenía justificación. Sin presentar una alternativa realista al acuerdo, y creyendo que Irán se sometería a cualquier condición, la ventana para la renegociación del documento original se fue achicando cada vez más durante la era Trump. El daño fue inmenso: esa abrupta salida del acuerdo erosionó la confianza de Irán a Estados Unidos, lo que también le impidió a su sucesor, Joe Biden, impulsar un nuevo tratado más fuerte y con mejoras entre 2021 y 2024.

Aunque los firmantes del acuerdo se sentaron a hablar en Viena en 2021, los acercamientos se empantanaron debido a las disputas sobre las sanciones que debían levantarse y las discrepancias sobre las verificaciones que se podían hacer. El cambio político en Irán, que volvió a tener un presidente ultraconservador alineado con el régimen, agregó una carga a las negociaciones. Y desde 2023, la tensión con Israel por la guerra que se libra en Medio Oriente terminó de dinamitar todo el andamiaje diplomático para salvar el acuerdo, que terminó de dilapidarse con el regreso de Trump y los bombardeos de junio al programa nuclear iraní.

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Con un escenario tan adverso, ¿queda todavía espacio para construir un acuerdo? Expertos como Riccardo Alcaro, director del programa Actores Globales, del Instituto Affari Internazionali (IAI), y Ludovica Castelli, investigadora del programa Multilateralismo y Gobernanza Global del IAL, apuntan a que, a pesar de todos los golpes que ha sufrido el JCPOA, todavía hay bases para lograr un nuevo tratado.

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Esto se debe a que, por un lado, hay un mayor respaldo regional en primera instancia. Países del Golfo como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que no participaron formalmente del proceso de negociación del JCPOA y se oponían a este, hoy apoyan un acuerdo porque buscan estabilidad regional, ya que el conflicto ha tenido costos directos para ellos y han asumido que el aislamiento total de Irán no es viable.

Los expertos también observan un cambio en la lógica estratégica de Estados Unidos, que ahora ve el acuerdo no solo como una herramienta técnica de control nuclear, sino como una vía para la distensión geopolítica con Irán. Como explican Alcaro y Castelli, el posible acuerdo “es visto por el presidente estadounidense y sus asesores más cercanos no solo como un instrumento técnico de control de armas, sino como una palanca estratégica para la distensión a largo plazo”.

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En 2015, el acuerdo era técnico: buscaba evitar que Irán construyera una bomba nuclear. Hoy, la apuesta iría más allá: usar el acuerdo como punto de partida para mejorar la relación con Irán, disminuir la posibilidad de una guerra y estabilizar la región. Además, gracias al JCPOA hay precedentes que indican que se pueden poner límites estrictos al enriquecimiento con un sistema de inspecciones internacionales robusto y un alto grado de transparencia, lo cual permitió durante años la verificación efectiva del cumplimiento iraní.

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Sin embargo, estas nuevas condiciones que facilitarían un acuerdo en otro contexto se enfrentan a un vaivén político que no permite el avance de las conversaciones. En Irán, el presidente Masoud Pezeshkian abrió la puerta al diálogo (dijo “no tenemos problema”), pero su cancillería lo desautorizó, y medios conservadores lo atacaron por “ser blando” tras los ataques. Esto muestra que en Irán el ala reformista intenta capitalizar la diplomacia, pero está limitada por un poder duro más reacio.

Desde Washington, la alusión de Trump al regreso de sanciones días después de anunciar un posible diálogo, solo porque no quería que el ayatolá Ali Jamenei se declarara victorioso, muestra que no hay una hoja de ruta firme. Esto demuestra que cualquier negociación futura estará al vaivén del discurso político, más que de avances sustantivos y que, de acuerdo con expertos, habría sido más fácil trabajar sobre lo acordado que sobre las trizas que se ven del tratado hoy.

“Si Estados Unidos se hubiera mantenido en el acuerdo con Irán (...), Irán aún tendría un programa nuclear supervisado internacionalmente y no poseería uranio enriquecido al nivel necesario para construir bombas nucleares a corto plazo”, alertó Lisa Koch, experta en política exterior estadounidense.

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