En Irán y en el Líbano, la guerra irrumpió con el estruendo de una bomba, pero se sostiene en los sentimientos de confusión y miedo que emergen del humo. Los ciudadanos habitan ahora una realidad alterada, donde ya no basta con decir “estoy triste, feliz, asustado o preocupado”: las emociones se entremezclan, se congelan y se difuminan en un torbellino indefinido.
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En este contexto, la esperanza deja de ser la expectativa de que pase algo bueno y se reduce a un mero deseo de sobrevivir, de atravesar un día más sin que el conflicto se lleve a un ser querido o destruya lo poco que les queda.
Hannah Voss, gerente de Programas en la Fundación Friedrich Ebert, quien ha podido hacer seguimiento a la situación, señala que construir un panorama exacto de lo que sucede en Irán es una misión más que compleja, ya que parece inexplicable. Luego de una serie de ataques por parte de Estados Unidos e Israel al país, hablar de una vida “normal” es casi imposible; Hay miedo, incertidumbre y hasta celebración.
“En algunos lugares se registraron celebraciones tras la muerte del líder supremo Alí Jamenei, pero sería un error interpretar esto como un respaldo mayoritario a los bombardeos sobre el propio país. El clima emocional es complejo y, en muchos casos, contradictorio. En este momento, para gran parte de la población la prioridad no es el posicionamiento político, sino simplemente sobrevivir”, afirmó Voss.
Jamenei murió durante la Operación Fuerza Épica, lanzada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero del 2026. Su fallecimiento ha provocado una ola de reacciones que oscilan entre la celebración y la incertidumbre. Aún no se sabe con certeza quién reemplazará al ayatolá en un momento de profunda crisis, en el que el régimen busca sobrevivir mientras recibe ataques recurrentes.
Estados Unidos e Israel justificaron su ataque conjunto contra Irán al afirmar que buscaban neutralizar su programa nuclear y eliminar amenazas inminentes contra sus intereses estratégicos, según declaraciones oficiales del presidente Donald Trump y del primer ministro Benjamin Netanyahu.
Los ciudadanos en la República Islámica han tenido muy poco acceso a internet durante esta coyuntura, lo que impide que se comuniquen con familiares o amigos fuera del país. Esa falta de conexión hace que la información sobre lo que está ocurriendo en Teherán no salga fácilmente del territorio, bloqueando el acceso al mundo exterior de escuchar las voces de quienes viven esta guerra.
Voss explica que, pese a las declaraciones de Estados Unidos e Israel sobre ataques “selectivos”, también están siendo alcanzadas zonas e infraestructuras civiles; un ejemplo mencionado con frecuencia es el bombardeo de una escuela en Minab, que evidencia el impacto directo sobre la población no combatiente. La Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas condenó el ataque, que dejó entre 165 y 180 niñas muertas, señalando que bombardear centros educativos y perseguir deliberadamente civiles puede constituir crimen de guerra por violación flagrante del principio de distinción entre combatientes y civiles.
Así como en Irán, la vida cotidiana se ha detenido en el Líbano. En las calles se respira terror e incertidumbre: ¿cuándo terminará esta guerra? ¿Qué tiene en mente Israel? Estas son algunas de las preguntas de los libaneses, quienes sufren la violencia de cerca desde hace años, agotados de tanta muerte y destrucción.
Merin Abbas, representante de la Fundación Friedrich Ebert, describe la situación tras los ataques de Israel contra el país como absolutamente devastadora. Señala que la población está exhausta de vivir en un estado casi permanente de guerra, en la que se ha visto arrastrada por la acción del brazo armado Hezbolá y la espiral de violencia desencadenada entre este e Israel.
“No hace mucho tiempo, en septiembre de 2024, comenzó la última guerra, que terminó en diciembre de 2024. El trauma aún no ha sido procesado y esta se siente distinta, se siente que cualquier cosa puede pasar y que podría durar mucho tiempo”, afirmó Abbas.
El último ataque a gran escala de Israel contra el Líbano se produjo en los primeros días de marzo de 2026, cuando aviones y fuerzas israelíes lanzaron intensos bombardeos sobre Beirut, sus suburbios del sur y diversas zonas del país. Según balances oficiales del Ministerio de Salud del Líbano publicados entre el 2 y el 4 de marzo, estos ataques dejaron al menos 52 personas muertas y alrededor de 154 heridas en todo el territorio libanés.
Abbas explica que el conflicto volvió a escalar tras la muerte de Alí Jamenei, líder supremo de Irán y máxima autoridad chiita. Como represalia por el atentado contra este clérigo iraní, Hezbolá lanzó seis cohetes hacia Israel.
Las autoridades israelíes ya habían advertido previamente que, si el grupo armado se involucraba directamente en el conflicto contra Israel, responderían con fuerza, lo que finalmente contribuyó a la escalada de hostilidades entre ambas partes.
“Es probable que las tensiones sociales se intensifiquen. En apenas cinco años, la sociedad libanesa ha encadenado crisis sucesivas —política, económica y de seguridad, además de la explosión del puerto y la pandemia—, dejando una huella profunda en la población. Muchos ya han abandonado el país y es posible que otros también decidan marcharse en busca de un futuro en paz fuera del Líbano”, afirmó Abbas.
Las zonas más afectadas son los suburbios de Beirut, donde vive la comunidad chiita y donde Hezbolá tiene presencia. Estas áreas están bajo ataques israelíes. Muchos libaneses asustados han tenido que optar por huir de sus hogares con las pertenencias que lograron cargar. Incluso muchas personas se han visto obligadas a vivir en la calle, ya que no cuentan con los recursos necesarios para salir del país.
Según las autoridades libanesas, los bombardeos han provocado el desplazamiento forzado de más de 58.000 ciudadanos de sus hogares.
Las universidades y los colegios están totalmente cerrados, al igual que la mayoría de los comercios, y reina un miedo generalizado a caminar por la calle: nadie sabe cuándo ni dónde caerá el próximo ataque. La cotidianidad de los libaneses ha cambiado de nuevo, con la pérdida, el pánico y la incertidumbre como protagonistas de su día a día.
“Es una situación insoportable para la población del Líbano, incluyendo a muchos trabajadores migrantes que no tienen medios para abandonar el país; la única esperanza es que esta guerra termine lo antes posible… no solo por los daños materiales, sino sobre todo por la tragedia humana”, concluyó Abbas.
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