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Más de 100 personas han muerto en Sudán debido a una serie de ataques con drones que se han registrado desde el viernes en Al Dibab, un pueblo del estado de Kordofán Occidental, en Nyala y en la capital del país, Jartum.
El ataque más grave se presentó en Al Dibab, donde las víctimas eran, en su mayoría, personas que esperaban un vehículo para volver a sus aldeas tras la jornada de mercado.
La administración paralela de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), que controlan la zona estratégica de Al Dibab, culpó al ejército sudanés. Las Fuerzas Armadas de Sudán no se han pronunciado sobre lo sucedido.
“Después de la explosión habían 50 cuerpos que ayudé a enterrar, uno de ellos mi hermano", le dijo a la AFP Ahmed Abakar Wadi.
Otras 47 personas fueron trasladadas al hospital de Al Mujlad, el pueblo más cercano, donde 30 murieron por sus heridas, según una fuente médica que pidió no ser identificada por seguridad.
“El dron lanzó un primer ataque y regresó diez minutos después para atacar de nuevo”, relató Wadi. Ese mismo día, otro dron golpeó Al Mujlad y dejó cuatro heridos.
Se trata de uno de los ataques individuales más mortíferos de la guerra y de los peores registrados en Kordofán, una región rica en petróleo que une el oeste con el este del país y donde ambos bandos se disputan el control del territorio.
En la madrugada del lunes, un ataque en el centro de Nyala, capital de Darfur del Sur y bastión paramilitar, destruyó dos viviendas y dejó 17 muertos, entre ellos siete oficiales de las FAR, y 23 heridos.
El viernes, otros drones habían alcanzado un concurrido mercado de ganado en esa misma ciudad. El ejército aseguró que había abatido combatientes paramilitares, mientras las FAR denunciaron la muerte de 30 civiles.
La violencia también tocó la capital, controlada por el ejército. Un dron cayó sobre una vivienda al este del aeropuerto de Jartum y mató a cuatro personas, entre ellas tres niños de entre dos y seis años.
Los drones se han convertido en el arma que define esta etapa del conflicto. Entre enero y abril de este año, sus ataques causaron al menos 880 muertes de civiles, más del 80 % de todas las muertes civiles relacionadas con la guerra en Sudán, según The Guardian.
La guerra estalló en abril de 2023 por una lucha de poder entre el ejército, al mando del general Abdel Fattah al Burhan, y las FAR, lideradas por Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti. No hay un balance oficial, pero organizaciones humanitarias calculan más de 200.000 muertos y hablan de la mayor crisis de hambre y desplazamiento del mundo. Las potencias extranjeras con intereses propios han respaldado a uno u otro bando.
La semana pasada, Rosemary DiCarlo, secretaria general adjunta de Asuntos Políticos de la ONU, advirtió ante el Consejo de Seguridad que la crisis empeora sin una salida a la vista. Las partes, dijo, no se acercan al diálogo y parecen convencidas de que pueden ganar más en el campo de batalla gracias al apoyo externo.
*Con información AFP
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