22 Nov 2015 - 2:00 a. m.

“Hay dos Daesh, y el otro es Al Asad”

Desde el comienzo de la revolución la oposición siria ha solicitado ayuda, incluso militar, a la comunidad internacional. Sin embargo, los acercamientos entre Hollande y Putin les hacen temer que los bombardeos contra Daesh fortalezcan al presidente sirio.

Ricardo Abdahllah

Durante los últimos tres años este técnico electricista de Damasco, exiliado en París, ha formado parte del grupo de sirios que cada semana se manifiestan en la Plaza de la Sorbona, en Chatelet o en la Fuente de los Inocentes para denunciar la violencia del régimen de Bachar Al Asad. “Ahora que la Prefectura ha prohibido todo tipo de reuniones públicas en la calle, no podemos salir a expresarnos. Si no yo estaría allí afuera. A pesar de esa lluvia que no para”, dice mirando por la ventana de un café antes de lamentarse. “Todo este tiempo pidiendo que no nos dejaran solos y ahora nos ofrecen una solución a medias”.

La “solución a medias” son los bombardeos a las posiciones claves de Daesh, cuya intensificación fue anunciada por el presidente François Hollande apenas horas después de los atentados del pasado viernes 13. Si bien las poblaciones sirias y kurdas de las regiones ocupadas por el autodenominado califato han solicitado este tipo de ayuda desde que Daesh dejó de ser una más de las formaciones que luchaban contra Al Asad para convertirse en proyecto de Estado con reivindicaciones territoriales y capacidad operativa internacional, les preocupa que si el apoyo se limita a los ataques aéreos a los que Rusia quiere imponer sus condiciones, el régimen alauita de Al Asad termine por salir favorecido.

“Si sólo atacan Daesh, nos dejan a Al Asad y él va a estar contento porque puede dedicarse a acabar la masacre en las ciudades que se rebelaron contra él”, dice el técnico que como muchos de los refugiados prefiere no dar su nombre por miedo a las represalias contra sus familiares, que aún siguen en Siria.

Kaleh Kaleh, en cambio, no teme ser citado cuando afirma que “en términos de barbarie, existen dos Daesh, y el otro es Al Asad”. Lo dice con la voz didáctica de quien afirma que su gran aporte a la revolución fue su labor como profesor de árabe en el campo de refugiados de Yamouk. “Yo sé por qué se lo digo, de los quince miembros de mi familia que he perdido desde que empezó la guerra, a catorce me los mató el régimen y a uno solo los islamistas”.

“¿Ve esto? Mírelo bien”, dice el técnico mientras muestra organizadas en varias carpetas las fotos desteñidas que coloca en las carteleras cada vez que se manifiesta en las calles de París. En la mayoría hay niños heridos o muertos. Algunos por tiros de fusiles, otros cuyos cuerpos apenas se adivinan entre los escombros. Son el mismo tipo de fotografías que recientemente han circulado en las redes sociales denunciando la intensificación de los bombardeos por parte de Francia y en general la intervención de los actores europeos en las zonas controladas por Daesh en Siria e Irak.

“¿Pero no entiende? Esas bombas son las que ha lanzado Al Asad. Al principio, contra las ciudades donde la gente salió a manifestarse contra el régimen y luego contra cualquier barrio donde medio se sospechara que hubiera opositores”, dice visiblemente alterado. “Esta gente esta muerta por artillería terrestre y por balas de fusil. En las casas se ven los huecos. Esto no tiene nada que ver con las bombas de los aviones. Los bombardeos aéreos ni siquiera habían comenzado en ese entonces”. Cuando dice “en ese entonces” habla de 2013. Al menos esa es la fecha que está escrita con marcador azul en varias de las fotografías.

Ese fue el año en el que otra mujer siria, igualmente exiliada en Francia, pudo ver por última vez a su familia. “Los encontré en el Líbano porque a Siria ya no podía volver. Me dijeron que algunos todavía apoyaban a Al Asad y para mí peor que esa afirmación fue la justificación que me dieron. Decían que somos un país atrasado, tan atrasado que la democracia nos queda grande y que por eso necesitamos un dictador. Por otro lado, también hay muchos de los que lo apoyaron durante años y aunque no se rebelaron en las primeras manifestaciones, lo hicieron cuando empezó a masacrar a los jóvenes. Se metió con nuestros hijos y a partir de ese punto no hay justificación para una dictadura”.

“Han querido pintar nuestra revolución como una lucha confesional, pero no lo es. Mucha gente estaba harta del clan Al Asad y bien habrían podido comenzarla los alouitas, y en ese caso también los habríamos apoyado. Incluso hay alouitas que exigen reformas y también ellos han sido víctimas. El régimen sirio ha tratado de eliminar toda organización civil, no sólo política, sino social”, dice Khalel Khalel.

La catedrática Nisrine Al Zhare, quien fue profesora en universidades de Homs y Damasco, exiliada en París desde “ese año maldito de 2014”, insiste también en la dura vida de los docentes. “Como profesor eres funcionario de Estado y estás completamente vigilado, después de la Revolución ya no podías expresar ninguna posición crítica. En muchas regiones, aun en las que el régimen siempre ha tenido bajo control, le han dado más duro a los profesores que a los combatientes armados”.

El gran ganador

“Hollande tomó la decisión de intensificar los bombardeos por complacer a la opinión pública francesa, pero su eficacia es muy limitada. Por un lado el terrorismo está aquí en Francia y, por el otro, debilitar las posiciones de Daesh, no sirve para nada si no hace parte de una estrategia. Todas las guerras aéreas han fracasado”, dice Samar Diab, de la organización Souria Houria.

Lo mismo opina Racha Abazied, presidente de la asociación Siria, Moderna, Democrática y Laica: “Atacar a Daesh sin tocar las posiciones de Al Asad no representa una solución para el pueblo sirio. No se puede olvidar que de cada ocho muertos civiles durante la guerra, siete han sido víctimas de los bombardeos, ejecuciones y torturas de las fuerzas armadas leales a Al Asad. Sobre todo creemos que si nos hubieran ayudado a detener a Al Asad a tiempo, Daesh ni siquiera hubiera existido. Ahora es demasiado tarde para limitarse a ese tipo de acciones”.

¿Están los sirios dispuestos a aceptar una intervención terrestre de fuerzas extranjeras? “Cuando empezaron a reprimir las manifestaciones pacíficas pedíamos sanciones que tardaron y no fueron contundentes. Luego la gente comenzó a organizarse, los desertores de las fuerzas militares de Al Asad se iban a sus pueblos para proteger a sus familias de las represalias. Entonces pedimos armas, pero ellas también tardaron y no fueron suficientes, y cuando llegaron ya Al Asad tenía refuerzos de Irán y de Hezbolá. Cuando usó armas químicas Francia estuvo a punto de intervenir, pero Estados Unidos no lo permitió, porque su único interés es contener a Irán, y Siria les importa un carajo. Ahora aceptaríamos una intervención terrestre, porque ya no tenemos ninguna esperanza, pero no hubiéramos querido llegar hasta ese punto”, dice Diab.

“De todas maneras no creo que Hollande llegue a hacerlo”, dice Abazied. “Por eso Al Asad es el gran ganador de los atentados del viernes. Los grandes perdedores son los sirios. Los que aún están allí van a tener que sufrir la represión aún con más fuerza y los que dejan el país huyendo de la guerra, ahora tienen que justificar que no son terroristas, y esto a pesar de que jamás haya habido un sirio entre quienes han cometido atentados en Europa”.

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