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Hitler, presente

Esta semana se conmemoró el 65 aniversario de la muerte de Adolfo Hitler. La humanidad, sin embargo, lo ha incorporado en un relato vigente y contemporáneo.

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Juan Camilo Maldonado T.
01 de mayo de 2010 - 08:59 p. m.
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Con cierto recato, la humanidad conmemoró esta semana —el viernes 30 de abril, para ser exactos— los 65 años del día en que Adolfo Hitler, desesperado y encerrado en su búnker berlinés, se quitó la vida ante el asedio inminente del ejército soviético.

No hubo actos oficiales ni discursos. Sin embargo, en las redes sociales, una pequeña conmoción parecía vivirse a instancias del desaparecido Führer. Constantin Films, productora de la cinta La caída (2004), comenzó una agresiva campaña para desmontar de YouTube los más de cien videos que parodian, con subtítulos, la escena en la que un enfurecido canciller alemán, interpretado por el suizo Bruno Ganz, entra en cólera al enterarse de que ha perdido el control de la ciudad.

Los colombianos conocen bien el video. Hace unos meses circuló la versión en la que Hitler estalla al conocer el fallo de la Corte Constitucional sobre la reelección. Días después, al ser divulgados los primeros resultados de la encuesta realizada por Datexco, Hitler volvió a estallar al enterarse del repunte de Antanas Mockus.

Hitler puede haber muerto el 30 de abril de 1945, pero se rehúsa a abandonar el planeta. Tras la promulgación de la nueva Ley en Arizona, que la semana pasada convirtió a los latinos en objeto sospechoso por el simple hecho de ser hispanos, se le vio caminar por varias caricaturas en los Estados Unidos.

En Europa, Hitler es hoy una sombra fascinante que raya incluso con el fetichismo más original. En Estonia, la empresa de correos Eesti Post emitió un sello postal con una foto suya cuando no tenía más de un año, con los ojos redondos y la mirada perdida, por encargo de tres anónimos compradores. En Nuremberg, hace unos meses, se subastaron tres acuarelas pintadas por el futuro dictador, cuando intentaba triunfar como artista en Viena, poco antes de la Gran Guerra. Los cuadros, que muestran paisajes con molinos e iglesias, se vendieron por 24 mil, 11 mil y 7 mil euros, respectivamente.

De todos, el ejercicio más inusual es el emprendido por una pareja de belgas, Marc Vermeeren y Jean-Paul Mulders, que le han seguido la pista al árbol genealógico del desaparecido líder. Y han identificado a 39 de sus descendientes, incluyendo a tres bisnietos de su padre, que viven con un bajísimo perfil en Nueva York bajo el apellido Stuart-Houston. “Se han puesto de acuerdo en no tener hijos para extinguir la saga de los Hitler y dejar de vivir con miedo, pero prometieron publicar un libro antes de morir”, le dijo Mulders, reportero de Het Laatste Nieuws, a la revista dominical de El Mundo, en España.

En el prólogo de su libro Hitler y Churchill, los secretos del liderazgo, el historiador Andrew Roberts escribe: “La relevancia que (ambos) tienen aún en nuestras vidas es incontestable; dejando a Sadam Hussein aparte, Occidente disfruta ahora de estas ‘extensas y soleadas tierras’ que Churchill prometió y que Hitler tanto se esforzó en arrasar”.

Hace un par de meses Roberts pasó por Colombia en el marco del Hay Festival, para hablar de su libro, una sistemática radiografía del arte del liderar, tanto del Primer Ministro británico como del oscuro canciller alemán. Consciente de que pronto se cumpliría el aniversario de la muerte del Führer, El Espectador lo invitó a hablar de su legado.

 En términos de liderazgo, ¿son Hitler y Churchill dos modelos?

Churchill era un líder que inspiraba: hacía que las personas se sintieran mejor consigo mismas. Hitler, entre tanto, jugaba más con el resentimiento, la rabia y la amargura. En otras palabras, Churchill apelaba a la mejor parte del ser humano; Hitler, a sus partes más bajas.

¿Los dos fueron exitosos?

A su manera, aunque hay un límite que impide que el lado oscuro reúna las energías necesarias para lograr la victoria y el éxito.

¿Así que en la historia sólo triunfa el “bien”?

Sí, el lado más atractivo y honorable de la naturaleza humana es la mejor manera de ser exitoso.

Y sin embargo, usted retrata a Hitler casi como un precursor en muchas técnicas de liderazgo político...

Sí, especialmente en lo que respecta a la oratoria. En sus mítines y sus discursos era un demagogo fabuloso y poderoso.

¿Dónde se mantiene hoy la huella de Hitler en el mundo?

En términos de demagogia y oratoria, aquella que apela a la parte más básica de la naturaleza humana, podrías encontrarlo en Sadam Hussein, en Fidel Castro, en Hugo Chávez. Si te refieres a su demanda por el poder totalitario, te encuentras con Corea del Norte.

¿En qué momento Hitler descubre que la diplomacia no funciona con su régimen?

Él usó la diplomacia para amenazar, matonear y capturar más territorio. La diplomacia, tal como la usan las naciones civilizadas, es un ejercicio que busca acuerdos razonables y justos. Y Hitler no estaba interesado en esto. A las naciones occidentales les tomó demasiado tiempo escuchar lo que Winston Churchill tenía para decir acerca de la verdadera naturaleza de Hitler. Así que en vez de haber accedido a tantas concesiones, nos debimos haber armado más temprano.

Aquí en Colombia, algunos ya están hablando de ese “rearme”, al ver que la diplomacia no parece llevar a ningún lado...

Cuando se encuentra a una persona como el presidente Chávez, que no es un hombre razonable y cree en el uso del poder desenfrenado, llega un momento en que la diplomacia cesa de funcionar.

Las dos caras del liderazgo

“Tenacidad sobrehumana durante largos años de adversidad y fracaso”. Ese es el rasgo compartido por el primer ministro de Inglaterra, Winston Churchill, y el canciller imperial del III Reich, Adolf Hitler, según el historiador británico Andrew Roberts. Reseñado con generosas palabras por The New York Times Review of Books, por su capacidad de producir trabajos rigurosos con sorprendente rapidez (un libro cada dos años, es el estimado), Roberts presenta en Hitler y Chrucill los secretos del liderazgo, una profunda arqueología de aquellos elementos que determinaron que los líderes de Inglaterra y Alemania fueran capaces de hacer marchar a sus dos naciones, por razones muy diferentes, a librar la más grande y dolorosa guerra en la historia del hombre.

Por Juan Camilo Maldonado T.

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