La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) sabía que una reunión entre altos funcionarios iraníes se llevaría a cabo el sábado en la mañana en Teherán. Pero lo más importante: el líder supremo, Alí Jamenei, de 86 años, estaría ahí. Los tiempos del ataque con el que Washington venía amenazando desde hace varias semanas se ajustaron a la luz de la información de la CIA: la Casa Blanca vio una oportunidad y la tomó.
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Así describe The New York Times lo sucedido el fin de semana, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron sobre Irán un ataque que calificaron de “preventivo”. Según Israel, fue el mayor ataque aéreo que ha lanzado en su historia. Los líderes de ambos países, Donald Trump y Benjamin Netanyahu, informaron el sábado en la noche que el ayatola que había encabezado la República Islámica durante casi 40 años había muerto. Horas después, los medios estatales iraníes lo confirmaron.
En total, según Trump, 48 líderes iraníes murieron en la operación que bautizaron Furia Épica, lanzada, efectivamente, el sábado en la mañana. La Media Luna Roja informó de 108 muertos en una escuela de Minab, cerca del estrecho de Ormuz.
Irán juró venganza. Dijo que su derecho a la defensa no tendría límites.
Su respuesta se empezó a ver horas después de que las primeras explosiones fueran reportadas en Teherán, Karaj (ambas en el norte), Isfahán, Qom (ambas en el centro), Ilam (oeste) y Tabriz (noroeste). Irán no solo le respondió a Israel, en donde el domingo se reportaban nueve muertos y 11 desaparecidos, sino que atacó sitios en Baréin, Kuwait, Catar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, país en el que se reportaron al menos tres muertos. Kuwait también confirmó uno. Según declaraciones del canciller iraní, Abás Araqchi, citadas por medios de comunicación, los ataques no iban dirigidos a los países del golfo, sino a las bases estadounidenses.
Al cierre de esta edición, Estados Unidos apenas había confirmado que tres de sus militares murieron y otros cinco resultaron heridos, pero según la Guardia Revolucionaria son 560 muertos solo en el ataque a la base en Baréin.
La guerra: entre la oportunidad, las amenazas y el diálogo
“Irán hoy está más lejos de ser capaz de construir un arma nuclear de lo que lo ha estado en varios años, en gran medida gracias al éxito del ataque anterior del presidente contra las instalaciones de enriquecimiento nuclear iraníes, en junio”, escribió David Sanger en The New York Times. Es decir: no había ninguna amenaza inmediata. De hecho, por eso Estados Unidos e Israel denominaron “preventivo” el ataque. Por lo mismo, no habría ninguna justificación legal plausible.
“El verano pasado solo se destruyó entre el 35 y el 40 % de la infraestructura nuclear iraní”, dice José Lev Álvarez, académico estadounidense-israelí experto en Estudios de Israel y con rango de sargento en ese ejército. En el caso de los bombardeos estadounidenses en Fordow, “Irán tuvo más de siete días para poder movilizar el uranio enriquecido”, según él, quien cree que probablemente lo que se destruyó fue apenas la infraestructura: un ataque simbólico. “El uranio que había allí se movió”, explica.
Trump justificó el ataque en el hecho de que Irán “desaprovechó todas las oportunidades” para llegar a un acuerdo nuclear durante los últimos meses. La última ronda de negociaciones indirectas, que tuvieron lugar en Ginebra, terminó sin resultados. Entre las líneas rojas para Irán ha estado vincular su programa de misiles a un eventual acuerdo.
El presidente estadounidense amenazó con usar una “fuerza nunca antes vista” si la República Islámica continúa con su ofensiva en el golfo. Horas después, no obstante, dijo en una entrevista con The Atlantic que el nuevo liderazgo del país quiere negociar. “Yo he accedido a hacerlo, así que hablaré con ellos”, señaló. Sin embargo, no dio más detalles.
Por el momento, como dicta la Constitución iraní, se ha establecido un consejo interino que asumirá la jefatura del Estado. En él están el presidente del país, Masud Pezeshkián; el jefe del Poder Judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei, y el jurista del Consejo de los Guardianes Alireza Arafi. Su interinato se extenderá hasta que el cuerpo de 88 clérigos encargados de elegir al nuevo líder supremo tome su decisión.
Los escenarios
En el video en el que Trump anunció su ataque, dejó claro que el objetivo de Washington es un cambio de régimen. “Cuando terminemos, tomen el control del gobierno; será de ustedes”, le dijo al pueblo iraní. El futuro de Irán, en efecto, depende de cómo se reconfigure el liderazgo después de la muerte de Jamenei.
“Considero que podemos hablar de que está cerca un cambio de gobierno o sistema en Irán cuando veamos estos dos escenarios ya sea al tiempo o individual: una gran movilización popular de la mayoría de segmentos étnicos y religiosos del país, lo que no ocurre al momento de escribir esta opinión, o el derrumbe inminente del gobierno de la revolución de 1979. En este último, está por verse la reacción popular ante el nuevo líder supremo que sea electo”, opina Felipe Medina Gutiérrez, docente de Estudios de Medio Oriente de la Universidad Javeriana.
Y agrega: “Si cayera el sistema el gran reto es, primero, que el individuo, persona o grupo que logre tomar el poder, demuestre legitimidad ante el pueblo. Los iraníes no son personas fáciles de engañar teniendo en cuenta su extensa historia de movilización. El segundo es evitar que Irán como Estado-nación se fragmente debido a la diversidad étnica que posee y el hipotético caso de separatismos como actualmente ocurre con los kurdos iraníes”.
Por el momento, no hay indicios de que Trump quiera seguir con una ofensiva terrestre para “terminar el trabajo” de un cambio de régimen. En sus palabras dejó claro que eso le corresponde a la gente de Irán. Pero, si se diera, como señala Sanger en su artículo, tampoco se conoce el plan para “el día después”. Algunos, como Álvarez creen que, en efecto, eso puede desatar el caos total.
Aunque para los analistas ha quedado claro que no hay espacio para la diplomacia en este momento (las negociaciones nucleares fueron lanzadas por la borda, mientras organismos como Naciones Unidas están en una crisis de credibilidad), Marcos Peckel, profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, no descarta que “elementos del régimen estén en negociación con Estados Unidos para una transición, guardadas las proporciones, al estilo Venezuela”. Según él, serían movidos por el temor por sus vidas, sus familias e incluso sus patrimonios.
Para Medina, no obstante, es claro que, por la misión de la Guardia Revolucionaria, que es precisamente proteger el sistema, difícilmente surgiría una figura que hiciera las veces de Delcy Rodríguez, por ponerlo en palabras simples.
Peckel concuerda en que nada indica que el régimen esté cayendo por completo y señala que, de hecho, en casi 50 años la República Islámica ha soportado de todo: guerras, rebeliones internas, entre otros. “El panorama es incierto y habrá que ver si Estados Unidos quiere continuar la campaña o dar la oportunidad de llegar a un acuerdo, en el que el primer punto sería la extinción del programa nuclear iraní”.
Entretanto, también queda abierto el interrogante sobre una guerra de escala regional en Medio Oriente. Mientras Peckel cree que Irán, atacando a los vecinos del golfo, está quedando más aislado que nunca, para Medina hablar de una guerra regional dependerá de si los países deciden contraatacar. “En cuanto a aliados de Irán que detonen una guerra regional, no la veo plausible, ya que Irán no tiene aliados poderosos en la región, el único es Ansar Ala en Yemen. Hoy, nadie meterá la mano al fuego por Irán”.
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