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Guerra en Medio Oriente: ¿qué implicaría el involucramiento de los kurdos en el conflicto?

El papel de los kurdos podría abrir un nuevo frente en el conflicto entre Irán y los aliados de Estados Unidos en Medio Oriente.

Laura Henao Arévalo

05 de marzo de 2026 - 08:00 p. m.
Un miembro kurdo iraní peshmerga del Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDK) inspecciona los daños sufridos en el campamento Azadi del PDK tras un ataque transfronterizo iraní en la ciudad de Koye (Koysinjaq), al este del distrito de Erbil, en la región autónoma kurda del norte de Irak, el 3 de marzo de 2026.
Foto: Agencia AFP
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En el complejo ajedrez geopolítico de Medio Oriente, los kurdos se perfilan como un nuevo actor clave cuya participación en los enfrentamientos podría intensificar el conflicto regional entre los aliados de Estados Unidos y Teherán. Ante la escalada desatada tras las acciones de Washington y Tel Aviv sobre el régimen iraní, algunos sectores evalúan la posibilidad de que fuerzas kurdas se conviertan en un frente adicional contra Irán.

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El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel llevaron a cabo ataques contra la República de mayoría persa, lo que marcó el inicio de una escalada militar que derivó en un conflicto regional entre Teherán y aliados de Washington en el Medio Oriente. Irán ha lanzado varios ataques contra países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Catar, entre otros, ampliando el alcance del enfrentamiento y elevando las tensiones en toda la región.

Según reportes recientes citados por Al Jazeera, organizaciones armadas kurdas iraníes habrían mantenido consultas con Estados Unidos en los últimos días para evaluar la posibilidad de atacar a las fuerzas de seguridad en el oeste de la República Islámica, discutir la modalidad de esas operaciones y definir qué tipo de respaldo podría brindar Washington.

Fuentes cercanas al gobierno estadounidense, además, señalaron a CNN que la CIA estaría armando a fuerzas kurdas con el objetivo de fomentar un levantamiento popular. No obstante, la Casa Blanca desmintió estas afirmaciones y aclaró que lo que sí ocurrió fue que el presidente Donald Trump sostuvo conversaciones con dirigentes kurdos en una base estadounidense ubicada en el norte de Irak. Estas versiones contradictorias han alimentado la especulación sobre el posible papel de Washington en la creciente tensión entre Irán y los grupos kurdos de la región.

En este contexto, las autoridades del Kurdistán iraquí también desmintieron el jueves pasado haber lanzado ataques contra Irán, una información que había sido difundida por canales como el estadounidense Fox News sobre un supuesto avance de miles de combatientes kurdos desde territorio iraquí hacia suelo iraní.

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Los kurdos son un pueblo con identidad cultural, idioma y tradiciones propias, asentado en una región montañosa que abarca Irán, Irak, Siria y Turquía. A pesar de su presencia histórica, nunca han logrado consolidar un Estado propio, y su población permanece dividida entre varios países. En Irán, la relación con el Estado ha estado marcada por tensiones persistentes, agravadas porque la mayoría de los kurdos son musulmanes sunitas en un país mayoritariamente chiita. Esta diferencia religiosa, junto con factores políticos y étnicos, ha generado episodios de discriminación y represión contra la población kurda.

Desde la Revolución Islámica de 1979, las tensiones entre Irán y los kurdos se han profundizado. El ayatolá Ruhollah Jomeini declaró una “guerra santa” contra ellos, con episodios de represión, ejecuciones masivas y fatuas que negaban su existencia o legitimidad en el país. Expertos sostienen que la estrategia de Estados Unidos e Israel podría consistir en fomentar una rebelión interna mediante los kurdos, replicando un patrón similar al de la lucha contra el Estado Islámico.

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“La idea sería, nuevamente, utilizar a los kurdos como una especie de carne de cañón. En la práctica, ni Estados Unidos ni Israel tienen la capacidad —o la intención— de desplegar tropas directamente en el terreno. Algo similar ocurrió en la lucha contra el Estado Islámico: en campañas como la de Mosul, en Irak, o en distintas operaciones en Siria, los combatientes kurdos actuaban sobre el terreno, mientras la coalición internacional, liderada por Estados Unidos, brindaba apoyo principalmente desde el aire”, explicó Guillermo Ospina Morales, profesor de la Universidad de San Buenaventura.

El objetivo principal sería impulsar una insurgencia que abra un nuevo frente de combate contra Irán y, al mismo tiempo, fomente un levantamiento popular que se extienda desde la frontera con Irak. Este movimiento tendría como punto de partida la accidentada región montañosa de Qandil, un bastión histórico de los grupos kurdos.

“Para Irán, siempre ha existido la preocupación de que se abra un nuevo frente de conflicto interno. En un escenario de caos, algunos actores podrían intentar promover milicias y enfrentamientos con el objetivo de provocar protestas y, eventualmente, un levantamiento masivo contra el régimen”, afirmó Ospina Morales.

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Sin embargo, según el profesor, un mayor involucramiento kurdo podría ser contraproducente, ya que el régimen iraní lo usaría para reforzar su narrativa de amenaza interna y externa. Además, existen varias incertidumbres: la relación de Washington con los kurdos iraquíes difiere de la que tiene con los kurdos sirios o el PKK en Turquía (considerado terrorista, pero el más experimentado), y nunca ha habido colaboración similar con los kurdos iraníes.

A ello se suma la desconfianza kurda hacia Estados Unidos, por haberlos abandonado en la lucha contra Saddam Hussein y tras los combates contra el Estado Islámico en Siria. Por eso, no está claro si aceptarían nuevamente el rol de proxy, ni si esto desembocaría en una insurgencia capaz de generar un conflicto interno sostenido.

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Por Laura Henao Arévalo

Periodista de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente integra la sección internacional, donde cubre y analiza conflictos globales con un enfoque en género y derechos humanos.@lauraaahenaolhenao@elespectador.com
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