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4 Sep 2015 - 3:32 a. m.

La caída de Otto Pérez Molina

Ante los rumores de fuga del renunciado presidente, el juez que lo investiga por corrupción y fraude, entre otros delitos, decidió enviarlo a una cárcel militar.

Juan David Torres Duarte

A las 9:51, hora local, comenzó la audiencia contra Otto Pérez Molina por corrupción. Vestido de saco de paño, camisa a rayas azules y corbata roja, Pérez asumía un aire de tranquila inquietud. Obediente. Pasivo. Antes de comenzar el memorial de acusaciones en su contra, el juez Miguel Ángel Gálvez aclaró con insistencia que Pérez es apenas sospechoso, no culpable. La seguidilla de grabaciones, datos y detalles tendría un aire contrario.

Pérez, quien renunció a su cargo como presidente de Guatemala, acosado por las protestas ciudadanas y por la febril convicción de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) de que encabeza una red de corrupción y sobornos, pasó la noche en una cárcel preventiva del antiguo cuartel general de Matamoros. Así lo ordenó el juez del caso, Miguel Ángel Gálvez, para garantizar continuar hoy la audiencia, y por las palabras del representante legal de la Cicig, quien señaló que existía peligro de fuga del exgobernante, por lo que pedía dictarle prisión preventiva a Pérez Molina, a lo que el funcionario judicial accedió.

Hace cuatro años, Otto Pérez, que se retiró del servicio militar con el grado de general de brigada, prometió que durante su presidencia tendría mano dura contra la corrupción y que el salvajismo usurero que rodeaba al gobierno sería anulado. La promesa resultó efímera: en un extenso párrafo, casi sin interrupciones, el Ministerio Público recordó que Otto Pérez era acusado de ser la cabeza de una banda criminal bautizada La Línea, que durante casi un año recibió sobornos de los importadores en la Aduana Principal para eludir impuestos y que Pérez, en su calidad de presidente, conocía cada uno de los movimientos de la banda, percibía el 50% de cada soborno y tenía a su cargo conseguir el personal adecuado en terreno para ejecutar los intercambios. En ese período entraron 1.561 contenedores y de todos percibieron sobornos: más de US$3 millones. La mitad era para Pérez.

Pérez terminaría su período presidencial en enero del próximo año. Su renuncia sucede poco antes de las elecciones de este domingo, en las cuales se elegirá presidente, vicepresidente y representantes regionales. El vicepresidente Alejandro Maldonado, quien ejerció hace algunos años como magistrado de la Corte Constitucional, fue juramentado ayer como mandatario y terminará el período presidencial de Pérez. De una terna saldrá el nuevo vicepresidente. En las calles, los manifestantes gritaban ayer: “Otto, ladrón, te vas a ir a Pavón”. Pavón: una de las principales cárceles en Guatemala.

La salida del militar (r) produce, además de un sentimiento de unidad popular, cierta inestabilidad política que sólo tendrá fin con el próximo período presidencial. Sin embargo, el ganador de las justas electorales aún no es claro: según una reciente encuesta publicada por el medio guatemalteco Prensa Latina, 31% de los votantes están indecisos y existe un triple empate entre Jimmy Morales (Frente de Convergencia Nacional), Manuel Baldizón (Libertad Democrática Renovada) y Sandra Torres (Unidad Nacional de la Esperanza). Morales, humorista, es la sorpresa de la encuesta: las acusaciones contra Pérez habrían decidido su ascenso. Es muy probable que este domingo no exista un ganador y que el 25 de octubre haya segunda vuelta.

Pérez es el primer presidente guatemalteco en dimitir al cargo desde que la democracia retornó al país, en 1985, tras la caída del dictador Efraín Ríos Montt. Los últimos intentos de Pérez por aferrarse al poder, a pesar de que seis de sus ministros renunciaron y su exsecretario Gustavo Martínez era acusado de corrupción, se redujeron a declaraciones públicas sobre una “persecución judicial” en su contra.

Las acusaciones por corrupción no se limitan al caso de La Línea. Gustavo Berganza, columnista de la revista Contrapoder, recordó hace poco que Pérez Molina tiene inversiones en bonos en Panamá, propiedades boyantes, una colección de motos Harley Davidson y BMW y yates Sea Ray Sundancer y Gastron, todo proveniente de negocios que su familia habría hecho con el Estado.

Pérez, en el estrado, escuchaba las grabaciones que el Ministerio Público reproducía como pruebas de la existencia de La Línea. “Los precios no están tan malos”, dice en una de ellas Julio Aldana, trabajador de la Aduana, sobre las tarifas que cobraba La Línea a partir de una tabla paralela de aranceles. “Ahí ellos ya lo reparten adentro”. Más adelante, el mismo Aldana (que se encuentra en juicio) le replica a un importador: “No está mal el precio. Así lo dejaron”. Cada integrante de La Línea tenía un puesto, una función y un porcentaje determinado de beneficios. Según la investigación, la exvicepresidenta Roxana Baldetti, que renunció a su cargo en mayo de este año, era referida como “la dos”. Otto Pérez era “el uno”.

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