31 Mar 2020 - 3:00 a. m.

La oscura movida de un gigante petrolero ruso en Venezuela

Algunos creen que la salida de la compañía petrolera rusa Rosneft de tierras venezolanas es un triunfo para EE. UU., pero otros ven una maniobra estratégica por parte de los rusos.

redacción internacional

La oscura movida de un gigante petrolero ruso en Venezuela

Venezuela es uno de esos rincones del mundo actuales que ni siquiera en los peores momentos deja de estar en la mira de las grandes potencias internacionales.La última bomba mediática cayó el pasado sábado cuando, en medio de la incertidumbre y la especulación frenética desatada por el nuevo coronavirus, la mayor petrolera rusa, Rosneft, anunció el cese de sus operaciones y la venta de sus activos en el país (empresas conjuntas de Petromonagas, Petroperijá, Boquerón, Petromiranda y Petrovictoria, entre otras). Mucho se habló sobre una posible fractura en la estratégica relación entre Vladimir Putin y Nicolás Maduro, sin embargo, el movimiento podría significar todo lo contrario.

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El hecho no es de poca monta. La compañía, cuyo accionista mayoritario es el gobierno de Putin, se ha convertido en una pieza clave dentro del ajedrez político que juegan Estados Unidos y Rusia alrededor de Venezuela. Explicaciones hubo pocas por parte de los directivos de la petrolera, sin embargo, su portavoz, Mijaíl Leóntiev, arrojó luces al afirmar a la agencia de noticias rusa Interfax que este paso era lo que se esperaba de una empresa que quiere mantener su posición internacional.

En otras palabras, podría ser una respuesta necesaria después a las sanciones que Washington le aplicó el pasado febrero a la filial Rosneft Trading y a su director, Didier Casimiro, después de que se ignorara durante meses los castigos económicos a la petrolera estatal PDVSA y se siguiera exportando crudo desde Venezuela. Este mismo mes el país norteamericano sancionó a TNK Trading International (TTI), otra filial de Rosneft por su presunto apoyo al Gobierno de Maduro.

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“Ahora tenemos el derecho de esperar de los reguladores estadounidenses que cumplan la promesa que han hecho públicamente”, dijo el portavoz, sobre un posible levantamiento de dichas sanciones.

En conversaciones con BBC Mundo una fuente que conoce del sector petrolero venezolano afirmó: “Las sanciones contra Rosneft Trading estaban haciendo que los rusos no le pudieran vender a muchos de sus clientes habituales, que se veían en riesgo de ser sancionados también, y además los bancos no iban a tramitar los pagos”. Hasta el momento, el gobierno de Donald Trump sabe –o cree– que las cartas que ha jugado contra Venezuela y Rusia están surtiendo efecto. De hecho, el pasado lunes Trump aseguró a la cadena Fox News que espera que su homólogo ruso le pida un alivio de sanciones durante una conferencia telefónica prevista próximamente. Además, el contexto de toda esta situación fue la decisión del Departamento de Justicia de Estados Unidos de acusar a Nicolás Maduro y Diosdado Cabello de convertir al país en un narcoestado y ofrecer US$15 millones por información que ayude a la captura del mandatario chavista.

Sin embargo, Rusia no parece haber salido del todo de Venezuela con este movimiento, como muchos afirmaron. Rosneft anunció que la venta de sus activos en Venezuela a otra compañía de propiedad exclusiva del gobierno ruso y, de ser así, asegurarían su influencia dentro de Venezuela. De hecho el anuncio se hizo luego de una reunión entre Mélik-Bagdasárov, embajador ruso en Caracas desde febrero de este año, y la vicepresidenta, Delcy Rodríguez. Según Francisco Monaldi, experto en Política Energética en América Latina en el centro de análisis Baker Institute, el movimiento “permitiría a Rusia seguir ayudando a Venezuela y al mismo tiempo dejar a Rosneft fuera y limitar el costo de las sanciones”. El gobierno ruso sabe que una subsidiaria que esté en sus manos no tiene que responder ante sus inversores privados como un gigante como Rosneft, cuyos principales accionistas son Rosneftegaz, de propiedad estatal (50% más una acción), British Petroleum (BP), con el 19,75%, y la compañía qatarí QH Oil Investments, con el 18,93%. Puede que el músculo empresarial de Rusia en Venezuela disminuya, pero al menos le permitiría mantener la influencia política, que a la larga ha sido el verdadero interés por el crudo venezolano.

La importancia de Rosneft

Rosneft no es cualquier empresa en Venezuela. Desde hace años, incluso cuando todavía estaba en la presidencia Hugo Chávez, se convirtió en uno de los mayores inversionistas en Venezuela y siempre ha afirmado que sus actividades están reglamentadas por contratos firmados mucho antes de que EE .UU. impusiera sanciones al país andino. Además, está bajo la dirección ejecutiva de Igor Sechin, considerado como uno de los dirigentes de mayor confianza de Putin.

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Según un informe de la agencia estatal de noticias rusa Tass, PDVSA y Rosneft tienen en marcha al menos cinco proyectos petroleros en Venezuela con una producción que equivale al 7% de la producción total del país. Además, la petrolera rusa concedió a PDVSA US 6.500 millones por adelantado para el suministro de petróleo. En noviembre pasado, desde rusia se anunció que PDVSA había reducido su deuda con la petrolera rusa a US 800 millones y en febrero dijo que el pago de la deuda se estaba llevando a cabo acorde al calendario establecido.

Eso sí, el momento de crisis económica mundial en el que ocurren los hechos parece haber sido decisiva para la decisión del gobierno ruso. La fuente consultada por BBC mundo afirmó: “Con los precios del crudo tan bajos, mantener un activo tan tóxico como es Venezuela ahora mismo podría hacer que a los accionistas privados de Rosneft empezara a salirles muy caro continuar en el país”.

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