14 Nov 2014 - 2:57 a. m.

'Los migrantes, héroes de nuestro tiempo'

A propósito de la posibilidad de que la Unión Europea elimine la visa Schengen, el etnólogo galo asegura que las migraciones son producto de la miseria de los países.

Steven Navarrete Cardona

Marc Augé es uno de los antropólogos más reconocidos en el mundo. Es director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, la institución más prestigiosa en el campo de las ciencias sociales en Europa y de la cual fue rector.

En entrevista con El Espectador, Augé habló de la relación entre crisis y oleadas migratorias, de los factores que impiden la movilidad por el mundo y del significado de eliminar las limitaciones de la visa Schengen para algunos países de Latinoamérica.

¿Qué se necesita para que todos los seres humanos podamos viajar por el mundo sin ninguna barrera?

Antes de todo, hay que tomar en cuenta el crecimiento de las desigualdades en el mundo, tanto en el ámbito económico como en el del conocimiento.

Las diferencias entre los más ricos de los ricos y los más pobres de los pobres, por un lado, y entre los más educados y los excluidos de la enseñanza, por otro, no cesan de crecer, tanto en los países denominados desarrollados como en los países denominados emergentes.

Para muchos seres humanos no se trata de viajar sino de huir de la miseria. Existen también fronteras internas que no necesitan visas para excluir o rechazar.

Desarrollemos un poco el concepto de frontera...

Una frontera no es necesariamente una barrera. Puede ser concebida como un umbral, una zona de transición simbólica: un cambio de lengua, por ejemplo. En este sentido necesitamos fronteras, incluso entre los individuos.

Algunos creen que la globalización traerá la eliminación de esas barreras, como lo ha hecho en otros ámbitos.

La globalización no es universalización. Eso vale para decir que estamos aún muy lejos de un mundo sin barreras.

 El mundo global de hoy, que usted caracteriza en sus más recientes trabajos, es claramente urbano. ¿Cómo impulsar una relación orgánica entre ese mundo de ciudades pero que a la vez debe preservar el mundo rural, a los campesinos que proveen a las ciudades?

La población del mundo deviene en una población urbana, al mismo tiempo que aumenta demográficamente. Hoy, la población de China corresponde aproximadamente a la del mundo a comienzos del siglo XX. ¿Cómo alimentarla? La gran agricultura se está industrializando. La condición de los campesinos varía según los países y las regiones.

¿De dónde cree que saldrá la solución?

Podríamos esperar que surjan formas de agricultura específicas capaces de responder a la necesidad de comida de calidad y que la demanda proveniente de la ciudad encuentre una respuesta en el mundo campesino.

Las iniciativas y propuestas al respecto pueden venir de este mundo rural. Todo depende, a fin de cuentas, de la forma que tome el crecimiento urbano.

Es necesario que se haga un esfuerzo enorme en el ámbito de la educación, tanto en la ciudad como en el campo, para que la diferencia de sus realidades no impida el diálogo y el intercambio.

Muchos analistas señalan el trato inhumano contra las personas que ingresan a los países de forma ilegal. ¿Qué medidas está tomando Europa contra la inmigración que se considera como tal?

Es una dificultad real, debido, por una parte, a la situación en África y en Oriente Medio, y por otro lado a la falta de coordinación entre las políticas europeas. Con el acuerdo Schengen hay una necesidad de organizar mejor el control de las fronteras externas de Europa. Inglaterra no hace parte de este acuerdo.

Hay muchos muertos en el mar Mediterráneo. Ciertos países, como Italia, lamentan la falta de cooperación de los demás. Así aparece una nueva categoría: los ilegales oficiales.

En su trabajo, usted ha dejado claro que esta categoría concierne únicamente al plano jurídico, ya que una persona nunca será ilegal. ¿Los mal llamados ‘ilegales’ han perdido todos sus derechos?

Tienen ciertos derechos; los niños, teóricamente, tienen que ir a la escuela. Pero en conjunto no existe una posición muy clara de los demás países europeos. Dicen que van a reunirse para determinar una que supone, por ejemplo, ayudar a los países de donde más salen los migrantes.

El anuncio de las autoridades europeas sobre la posible eliminación de la visa Schengen para Colombia en el próximo año les da una esperanza a cientos de colombianos que buscan reunirse con sus familias. Pero por otro lado han desatado reclamos de los sectores más nacionalistas de Europa. ¿Qué opina?

La existencia de los requerimientos de visado no tiene justificación. Eliminar las visas de ciudadanos sudamericanos sería, por un lado, establecer una simetría sin la cual no hay intercambios posibles y, por otro lado, subrayar la proximidad histórica de los dos continentes.

 ¿Por qué las migraciones generan tantos resquemores entre los ciudadanos europeos?

El problema de la migración es siempre concebido como una amenaza en Europa, debido al aumento del desempleo. El miedo crea injusticia, incluso irrespeto a los derechos humanos.

 Hablemos de los inmigrantes al otro lado del océano. En las pasadas elecciones legislativas en Estados Unidos, los republicanos lograron hacerse a un gran número de representantes en el Senado. ¿Podrá Barack Obama adelantar una reforma migratoria que beneficie a los inmigrantes hispanos?

Tengo miedo de que sea difícil para Obama hacer ahora lo que no se hizo antes.

Miles de personas al año intentan llegar a Estados Unidos en busca de una vida mejor, sorteando cientos de peligros. Las autoridades los definen como ilegales. ¿Usted cómo los definiría?

Los migrantes son los héroes de nuestro tiempo. Son ilegales en la medida que las autoridades toman al pie de la letra lo que se dice oficialmente a propósito de la mundialización.

Sin embargo, hay que afirmar que en un mundo ideal, donde cada uno tuviera la posibilidad y los medios de viajar, no existirían esos grandes movimientos migratorios debido a la miseria.

Hablemos de Colombia. El conflicto social y armado ha dejado cientos de compatriotas exiliados, y algunos países europeos son los principales receptores, como Suecia y Suiza. ¿Cuál es su opinión frente al proceso de paz que se adelanta en el país?

El proceso de paz es un motivo de esperanza. Pienso que siempre es difícil olvidar los años de guerra.

No obstante, después de un conflicto tan duro, si el proceso de paz resulta un éxito, será para el mundo entero un hecho sin precedentes, un ejemplo único de voluntad e inteligencia.

Usted es antropólogo. Algunos creen que la formación en esta disciplina se ciñe a un aspecto muy regional o local. ¿Qué debe tener la formación de un antropólogo en un mundo global?

La formación de los antropólogos tiene que ser concreta. Es necesario recordar que el objeto teórico de la antropología es la relación social tal como se construye en un grupo particular tomando en cuenta su contexto.

Hoy en día, las relaciones mismas cambian (pensemos, entre otros, en el papel de los medios de comunicación) y el contexto es siempre global. La perspectiva antropológica necesita a la vez observación local y conocimiento del mundo en general.



Colaboró en la traducción, Andrea Beaudoin

 

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