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La Asamblea de Expertos de Irán designó este domingo a Mojtaba Jamenei, de 56 años, como el nuevo líder supremo del país, tras la muerte de su padre, el ayatolá Alí Jamenei, en ataques perpetrados por Israel y Estados Unidos hace nueve días.
El nombramiento del clérigo se produce en un contexto de máxima tensión bélica en Oriente Medio, desafiando las advertencias directas del presidente estadounidense, Donald Trump, y del gobierno israelí, quienes habían manifestado su rechazo a cualquier sucesor del régimen clerical.
La decisión fue comunicada por el principal cuerpo religioso tras una reunión de emergencia en Teherán que buscaba llenar el vacío de poder dejado por el veterano guía supremo, fallecido a los 86 años tras tres décadas al frente de la nación.
“Mojtaba Jamenei es nombrado y presentado como tercer guía del sagrado sistema de la República Islámica de Irán, sobre la base de un voto decisivo de los respetados miembros de la Asamblea de Expertos”, anunció el órgano clerical en un comunicado difundido por la agencia AFP, subrayando que la elección se realizó sin vacilaciones pese a la “brutal agresión de la criminal de Estados Unidos y del malvado régimen sionista”.
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Un heredero bajo la sombra de los Guardianes de la Revolución
Aunque Alí Jamenei había rechazado inicialmente una transición hereditaria en 2024, recordando que la Revolución Islámica de 1979 puso fin a una milenaria dinastía real, la Asamblea optó finalmente por su hijo, superando a otros contendientes como Alireza Arafi o Hassan Jomeini.
Mojtaba, nacido en la ciudad santa de Mashhad, es el único de los seis hijos del fallecido guía con una posición pública relevante, aunque hasta ahora no ocupaba un cargo oficial formal dentro del gobierno.
Su influencia, sin embargo, ha sido objeto de especulación diplomática durante años. Según informes de Estados Unidos citados por AFP, el nuevo líder “representaba al guía supremo oficialmente” y trabajaba “en estrecha colaboración” con los Guardianes de la Revolución para avanzar en objetivos represivos internos y ambiciones regionales.
Su cercanía con este brazo ideológico de las fuerzas armadas se remonta a su participación en la guerra contra Irak en la década de los 80, lo que le otorga el respaldo total de la élite militar. Tras el anuncio, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica juró lealtad inmediata.
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“Estamos listos para la obediencia total y el autosacrificio en el cumplimiento de las órdenes divinas del ayatolá Seyyed Mojtaba Jamenei”, afirmó el ejército ideológico en un comunicado oficial, consolidando el control del nuevo guía sobre el aparato de seguridad del país.
Amenaza petrolera y escalada regional
El ascenso de Jamenei ocurre mientras Teherán se recupera de un ataque israelí contra sus depósitos de crudo, una ofensiva que dejó cuatro muertos y cubrió la capital de una densa nube de humo negro. Ante este escenario, el ejército iraní ha endurecido su discurso, vinculando la supervivencia de su infraestructura energética con la estabilidad de los precios globales del petróleo.
“Si pueden tolerar que el petróleo suba a más de USD 200 por barril, continúen con este juego”, advirtió Ebrahim Zolfaghari, portavoz del comando militar central de Irán, sugiriendo que Teherán podría atacar instalaciones petroleras en toda la región si los bombardeos continúan.
La respuesta desde Washington no se hizo esperar. El presidente Donald Trump, quien calificó a Mojtaba de “peso ligero”, insistió en que Estados Unidos debería tener voz en la sucesión.
“Si no obtiene nuestra aprobación no va a durar mucho”, declaró Trump a la cadena ABC News. En contraparte, el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchi, defendió la soberanía de la elección en el programa Meet the Press de NBC, exigiendo que Trump “pida disculpas a los pueblos de la región” por la escalada del conflicto.
Un frente de guerra extendido al Líbano
Mientras Irán define su nuevo rumbo político, el conflicto se expande con fuerza en el Líbano. Tras el ataque de la milicia proiraní Hezbolá contra Israel para “vengar” la muerte de Alí Jamenei, los bombardeos israelíes han golpeado incluso el centro de Beirut.
Un ataque de precisión contra un hotel en la capital libanesa terminó con la vida de cinco miembros de los Guardianes de la Revolución, incluidos tres comandantes de la élite Fuerza Quds.
El balance humano es devastador: según el Ministerio de Salud libanés, la ofensiva ha dejado 394 muertos, entre ellos 83 niños, y ha desplazado a más de 517.000 personas.
En Irán, las cifras oficiales hablan de más de 1.200 fallecidos y 10.000 heridos desde el inicio de las hostilidades, una situación que el nuevo líder supremo deberá gestionar mientras enfrenta las amenazas directas del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, quien advirtió que cualquier sucesor de Jamenei se convertirá automáticamente “en un objetivo”.
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