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La medida da continuidad y amplía a escala nacional el exitoso programa piloto implementado el año pasado en 15 escuelas de la región de Waikato, en la Isla Norte, en el que participaron unas 3.200 alumnas, apuntó la primera ministra, Jacinda Ardern. “Las jóvenes no deberían perder parte de su educación por algo normal para más de la mitad de la población (...) La respuesta positiva de las escuelas y los estudiantes nos ha animado a expandir la iniciativa a todos los colegios de Nueva Zelanda”, dijo la mandataria en el colegio Fairfield, parte del programa piloto.
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La primera ministra insistió en que “proveer de productos de higiene femenina de manera gratuita en los colegios es un camino para que el gobierno aborde directamente la pobreza, ayude a incrementar la asistencia en las escuelas y lograr un impacto positivo en el bienestar de las niñas”.
La mandataria señaló que una de cada doce estudiantes no acude a la escuela por problemas relacionados con la “pobreza menstrual”, como se denomina la falta de acceso a productos de higiene femenina. De hecho, un estudio publicado por la organización KidsCan reveló que hasta 20.000 estudiantes neozelandeses estaban en riesgo de no poder comprar productos para la higiene femenina.
El programa contará con un fondo de 25 millones de dólares neozelandeses (cerca de 18 millones de dólares estadounidenses o casi 15 millones de euros) para funcionar hasta 2024. La inversión es fundamental pues estos productos sanitarios puede llegar a costar 10.800 dólares durante la vida de una persona, dijo Miranda Hitchings, cofundadora de Dignity NZ, una organización con fines de lucro que proporciona artículos sanitarios gratuitos a escuelas, a The New York Times.
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“Descubrimos que la gente local, como enfermeras y maestros en las escuelas, compraban productos para sus estudiantes de su propio bolsillo”, explicó Hitchings. Y no sólo eso, la ministra para Asuntos de la Mujer, Jan Tinetti, indicó junto a Ardern que los problemas derivados de la menstruación incluyen la vergüenza, los estigmas, faltar a clase o no poder afrontar el costo de los productos.
En noviembre, Escocia se convirtió en el primer país del mundo en ofrecer de manera gratuita productos de higiene femenina a todo el que lo necesite, incluido en lugares públicos. Otras regiones y países del mundo han adoptado medidas similares para abordar la inequidad de género; Gran Bretaña anunció en enero que derogaría el impuesto a los tampones, una medida que aún funciona en al menos 30 estados de Estados Unidos. Sin embargo, la Casa Blanca informó que durante un Consejo de Política de Género abordarán los temas relaciones con la salud y la economía de las mujeres, de acuerdo al New York Times.
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